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sábado, 1 de junio de 2013

¿Deberíamos aprender algo de China?

Ricardo Escalante
El viaje actual del gran líder chino Xi Jinping a América Latina y Estados Unidos,  ocurre en el instante en que el mundo está envuelto en inciertas situaciones políticas y económicas que de manera inevitable mueven a reflexiones.

La hegemonía que hace sesenta años se disputaban Estados Unidos y la Unión Soviética es parte de
un pasado ya no tan cercano, y ahora todos miran hacia China por razones lógicas. Unos lo hacen con expectativas y hasta con dosis de esperanza, otros con fundados temores frente al avance arrollador de un nuevo y distinto imperialismo, mientras el poderío de Estados Unidos pierde terreno en todos los órdenes. La crisis de su economía es alarmante y cada día se profundiza más.
El desarrollo tecnológico y científico de China es fascinante y a la vez inquietante.  Los chinos saben lo que quieren y por qué, sin perder oportunidades. Han acumulado una riqueza que sobrepasa en mucho los 3.300 billones (¡billones!) de dólares en sus reservas internacionales, impulsada por el crecimiento de un aparato industrial que se ha multiplicado por 23 en los últimos 30 años.  ¿Les parece poco?  Ya no son las baratijas made in China sino mucho más.
Al morir el dictador Mao Tse Tung emergió una nueva clase política que ha interpretado la política de una manera diferente, combinando la represión interna con apertura económica y asombrosos desarrollos científicos y tecnológicos. Deng Xiaoping, Jiang Zemin y Hu Jintao, fueron los artífices de esa transformación que ahora Xi Jinping busca aumentar.
Por eso Xi Jinping se ha hecho presente en Trinidad, en las narices venezolanas, para dar a los países anglófonos del Caribe claras señales de interés geopolítico; en Costa Rica, para decirle a Centroamérica que sus ojos están puestos en la región; y en México, porque su avance económico es importante y hasta pudiera desafiar a Brasil. No lo ha hecho para hablar contra el imperialismo yanqui ni para promover la idea del “comunismo del siglo XXI”, porque eso es cosa primitiva y, por el contrario, en este viaje se reunirá con su colega Barak Obama para tratar de concretar planes conjuntos. ¿No es eso inteligente?
Lo primitivo pertenece a quienes no saben que la investigación espacial ahora se encamina a colocar un hombre mucho más allá de la Luna y que China también está en eso. De allí que Xi Jinping no visitara a Caracas en este periplo, aunque estaba cerca de Maiquetía. Sabe que reunirse con Nicolás Maduro apesta, aunque, por supuesto, Venezuela se ha hipotecado hasta los cojones con China y eso va a continuar. Por eso prefirió la salida de enviar un funcionario de alto nivel.
¿Quién es Xi Jinping? Un personaje cuyo nombre suena extraño en español, pero nada improvisado.  Ningún autobusero, que en China los hay muchos y honorables. Estudió ingeniería química en la misma universidad en que se graduó su antecesor, Hu Jintao; se doctoró en leyes y es un intelectual especialista en teoría marxista, con una larga carrera al servicio del partido y del Estado. Desde temprano se hizo conocido por su interés en la promoción del crecimiento económico y tuvo algo que ver con los planes de apertura de Deng Xiaoping.
En el interés de Xi Jinping no ha estado, por supuesto, hacer desaparecer el papel sanitario, ni las invasiones a fábricas. Él cree que el crecimiento económico debe continuar como en los últimos años, y que eso no pasa por la destrucción del aparato productivo que Nicolás Maduro promueve en Venezuela.  Sabe que las dimensiones territoriales, poblacionales y geopolíticas de su país, son otras.
Ahh, y algo muy importante: No anda tratando de exportar el modelo político chino. Eso lo dejó bien claro durante un viaje que en 2009 hizo a México, donde entonces dijo: "Algunos extranjeros con los estómagos llenos y sin nada bueno que hacer, nos apuntan con el dedo… China no exporta la revolución. No exporta ni hambre ni pobreza, y no les fastidia a ustedes. ¿Qué más se puede decir?"
Lo malo es que la represión del régimen chino sigue inalterable y los ciudadanos tienen acceso limitado a internet. Los derechos humanos son pisoteados y la expansión económica se busca a cualquier precio.