Páginas

jueves, 19 de octubre de 2017

Elección y mentiras

Ricardo Escalante
Cada derrota ocurre por algo y lo sensato es examinar las causas para arribar a las conclusiones y rectificaciones necesarias. En el caso de las elecciones venezolanas los descalabros de la oposición han sido muchos y escandalosos en las ya casi dos décadas del chavismo, sin que haya habido sindéresis para erradicar el desencanto colectivo.

En las elecciones parlamentarias de 2015 los resultados fueron abrumadores contra el gobierno, pero se incumplieron las promesas tan cacareadas y los venezolanos quedaron como pajarito en grama: no hubo cambio de miembros del Tribunal Supremo y del Consejo Nacional Electoral, ni ley de amnistía para los presos políticos, ni otras decisiones anunciadas con bombos y platillos. ¡Nada!  Solo palabras, discursos a medias y mentiras totales, mientras los desmanes del gobierno avanzaban indetenibles.

Eso condujo a sectores numerosos a considerar que la Mesa de Unidad Democrática jugaba con las cartas marcadas, y que quienes salían a la calle para protestar y eran atropellados y asesinados de manera brutal e impune por las fuerzas de la dictadura. Hubo negociaciones de madrugada con el gobierno fallido y se buscaban acuerdos oscuros que nunca llegaban a buen puerto.  Los procesos de negociación son esenciales en cualquier transición, pero debe prevalecer la sinceridad.

¿Qué ocurrió el domingo?   El sonoro descalabro de la Mesa de Unidad tiene causas nada difíciles de imaginar,  conocidas de antemano y advertidas por muchos dentro y fuera del país. El secretario general de la OEA, Luis Almagro y los ex presidentes Laura Chinchilla; de Costa Rica, Andrés Pastrana, de Colombia; Tuto Quiroga, de Bolivia y otros líderes, formularon lo dijeron a tiempo, pero fueron, por supuesto, desoídos.

Ahora hay aspectos que no podrán dejarse de lado a la hora de hacer reflexiones con la mano en el pecho:
1)     Las migración de electores.  El CNE trasladó cientos de miles de electores de un sitio a otro con la finalidad de reducir la votación de los adversarios. Esto se hizo inclusive cuando faltaban apenas horas para la apertura de la consulta popular.

2)     La coerción a los empleados públicos en todos los organismos y empresas del Estado fue escandalosa. Hubo centros de votación en los cuales los ciudadanos eran amenazados por paramilitares armados para impedirles el derecho al sufragio. El chantaje, la suspensión del pago de pensiones y el uso de la asistencia social como resorte de presión saltaba a la vista. Hubo nuevos electores a quienes no se les permitió su inscripción en el Registro Electoral.
3)     Malos candidatos. Los candidatos de la oposición en la mayoría de los estados no tenía anclaje popular, eran desconocidos, carecían de mensaje atractivo y su actividad de campaña era insuficiente. Y como si fuera poco, el escaso prestigio de algunos suscitaba rechazos por todos conocidos, como pasó en Aragua, Monagas y Amazonas.
4)     La abstención.  La concurrencia a elecciones de gobernadores y alcaldes en Venezuela ha sido inferior a la de procesos presidenciales y parlamentarios, tal como lo documentan las estadísticas.  El domingo pasado se registró una de las más bajas (38 por ciento), incluyendo en ella a quienes no concurrieron por distintas razones: a los que emigraron a otros países, a los abstencionistas permanentes y a los desencantados con la postura de la MUD y de sus integrantes. Ahora, claro está, habría que ver si el gobierno alteró las cifras a favor de sus candidatos, cosa muy probable de acuerdo a los antecedentes. 

La cifra oficial de abstención es real o alterada desde los centros de computación del CNE en Caracas o en La Habana? La MUD había asegurado contar con testigos suficientes y calificados para todas las mesas, que no abandonarían sus puestos hasta tanto se hubiera contado el último voto y las actas se hubiesen llenado y certificado. ¿Dónde están las copias de las actas que garantizarían a la MUD resultados fidedignos? ¿La MUD decía la verdad?

5)     Descontento. El desencanto generado desencanto en los últimos años era palpable.  En todas partes se escuchaban los testimonios de gente del pueblo y de jóvenes como el admirable violinista y pacifista Wuilly Arteaga, quien en su desencanto abandonó el país, pero frente a esas voces había incluso el agravante de reacciones destempladas, desconsideradas. Unos eran tildados de “héroes del teclado”, otros de patrocinadores de la abstención para ayudar a la dictadura, otros de ignorantes y  ‘’ultrosos’’.Hubo entonces una conjunción de factores en los cuales la responsabilidad de la MUD fue de bulto y no ha sido aclarada de manera satisfactoria. 

El documento leído el lunes por Angel Oropeza a nombre de la MUD es inconsistente con declaraciones formuladas por ciertos dirigentes y deja en el aire muchas interrogantes: ¿Habrá algún refrescamiento en el liderazgo de la MUD? ¿Habrá refrescamiento en los cuadros directivos de los principales políticos que la integran? Algunos partidos (o lo que queda de ellos) son criticados por ausencia de democracia interna y por estar conducidos al mejor estilo chavista, de manera individual y de acuerdo con los vientos que soplan.

Después de todo, el país es hoy un hervidero. Unos se preguntan qué sucedió, otros culpan a determinados personajes, otros han caído en la ira y ahora ni siquiera quieren imaginar cómo se elegirá el candidato presidencial del 2018.  ¿Seguirán los conciliábulos con Rodríguez Zapatero como mediador?  ¿Surgirá un outsider cuando menos lo esperemos? Claro, el peligro está en que el outsider podría traer terribles tempestades.  Todavía sufrimos la peste traída por Chávez





domingo, 13 de diciembre de 2015

Henry Ramos

Ricardo Escalante
Hay ciertos personajes que ahora opinan como si hubiesen estado libres de pecado en los grandes desaguisados nacionales, y lo hacen como si Venezuela fuera una caja de Pandora que se puede manejar con improvisaciones y sorpresas.  ¡No aprenden! No terminan de entender que la población sufre penurias sin precedentes, que todas las instituciones están deshilachadas y ha llegado la hora de ser reflexivos.
  
Inmediatamente después de conocidos los resultados electorales del 6 de diciembre, luego de la borrachera de gloria que nos envolvió a todos, vimos signos inquietantes de inmadurez en ciertos aprendices de diputados que todavía no saben cuál es la función de la Asamblea Nacional. Empezaron a hablar como si la AN pudiera asumir las funciones del Ejecutivo y, por supuesto, de manera simultánea vimos la testarudez ramplona de Diosdado Cabello y de Nicolás Maduro.

Asimismo, las redes sociales se inundaron de comentarios a favor y en contra de los aspirantes a la presidencia de la AN. Claro, hubo también algunos inteligentes, ponderados, que llamaban a la tranquilidad, como debía ser.

Poco después el canal chavista Globovisión difundió una entrevista a Henry Ramos Allup, en la cual saltaban a la vista su dominio de la materia constitucional, la madurez política, la inteligencia, cultura y capacidad para debatir de manera reposada, sin las estridencias y exclusiones características de la vida venezolana de los últimos 17 años. ¿Quién tiene mejores credenciales?  Es posible que lo haya pero nadie sabe quién es ni dónde está. ¿Quién tiene mejores habilidades para la negociación política?  Deberíamos aceptar que eso no se produce ni de la noche a la mañana, ni crece en todas partes como la hierba mala.

Por lo demás, hay quienes descalifican a Ramos Allup por adeco, porque encuentran en AD el símbolo de lo que una vez hubo en el país y nunca más deberá volver.  Ahh, pero olvidan algo elemental: el país vive un delicado momento que reclama un líder preparado en las artes parlamentarias, con probada habilidad para la negociación política, corajudo, capaz de aguantar ataques sin perder la paciencia y de poner en su sitio a los afectados por cualquier variedad de sarampión. Alguien que inclusive no despierte celos entre los aspirantes a suceder a Nicolás Maduro en Miraflores.

Por ahí circula, además, la tesis de que la presidencia de la AN debería rotarse, cosa saludable pero nada extraña, porque su directiva se elige para períodos de un año. Más aún si quien ejerza el cargo incurriera en impudicias, pero, por supuesto, llama la atención el hecho de que los enemigos de la vieja política no hubiesen esgrimido las banderas de la no reelección para otras posiciones como la Presidencia de la República y las gobernaciones y, por qué no, para de sacar de juego a esos candidatos presidenciales eternos, desbocados, propietarios de una cadena meteduras de pata monumentales. ¿Por qué no pensar en candidatos presidenciales nuevos, distintos, preparados?

En la Cuarta República hubo figuras de portentoso valor democrático como Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Jóvito Villalba, cuyas lecciones no podemos olvidar, y conversos como Pompeyo Márquez, Américo Martín, Teodoro Petkoff y otros, que en el Parlamento y en la calle hicieron contribuciones leales a la democracia. Ellos y muchos otros protagonizaron hermosos pasajes de la historia nacional en los cuales Ramos Allup se horneó a fuego lento.

Digo estas cosas porque, como si fuera poco, desde el comienzo del chavismo no he visto el surgimiento de liderazgos con el coraje, la cultura y la inteligencia de los hombres citados, que con tanta urgencia necesitamos.  ¡Ojalá nazcan pronto!

Por todas esas razones, creo que Henry Ramos Allup es imprescindible para lo que viene ahora, cuando la cordura será relevante para afrontar sin pasiones y con cabeza clara un proceso de transición hacia la vida democrática, porque el chavismo nos perjudicó hasta los tuétanos. ¡Así de sencillo!

sábado, 5 de diciembre de 2015

!A votar contra la dictadura!

Ricardo Escalante
Como venezolano nada ausente de los problemas del país, no puedo menos que proclamar mis deseos porque las elecciones legislativas de este domingo revelen el hastío colectivo frente a un régimen que durante 16 años ha manipulado y estropeado los sentimientos de las masas.

Debemos admitir que hay quienes con ingenuidad o de manera tendenciosa establecen diferencias entre el estólido Nicolás Maduro y su mentor Hugo Chávez, para presentar al teniente coronel como un angelito de ideas y planes, que sabía administrar y proveer bienestar a los desposeídos. ¡Nada más equivocado! Sólo los insensatos pueden creerlo.

Maduro y el repugnante Diosdado Cabello dilapidan los dineros nacionales a manos llenas, además de llenar sus bolsillos y oxidar los resortes morales de nuevas generaciones de ciudadanos. Maduro, su familia, Diosdado Cabello y la suya -contaminados por el tráfico de cocaína, opio y otros estupefacientes-, en su desesperado esfuerzo por retener el poder, ni siquiera ocultan la intención de ganar las elecciones legislativas a lo Jalisco, cuando todo el mundo sabe que más de 80 por ciento de la población los rechaza.

Otra verdad del tamaño de una catedral es que las altas esferas de la Fuerza Armada Nacional están dominada por narcotráfico, contrabando y otras formas de descomposición.  El Cartel de los Soles, comandado por Diosdado Cabello, es pilar central de la dictadura.

Nunca como ahora en Venezuela hubo pobreza, hampa, educación de baja calidad y jóvenes profesionales buscando cobijo en otros países porque en el suyo se agotaron las posibilidades de ascenso en la escala social. ¡Ni siquiera hay papel higiénico! Pero, por supuesto, la pregunta de fondo es de quiénes es la responsabilidad del enorme desaguisado y qué podemos hacer ahora, porque el estado actual de cosas no debe y no puede seguir.

Es inevitable repetir por enésima vez que estamos donde estamos por culpa del siempre estirado doctor Rafael Caldera y su infinito egoismo, así como por los eternos conspiradores de oficio –entre los cuales hubo muchos directores de medios y periodistas jugaban roles protagónicos para luego pasar facturas-, y por muchos más que apostaron a un militar militarista.  Ahora hay arrepentidos bien conocidos que purgan sus culpas.  ¡Esa es una inocultable la verdad!

Así llegó Hugo Chávez llegó con su desbocada ambición, crió sus cuervos, los engordó y los puso donde están. No podemos olvidar tampoco aquellos chavistas de uña en el rabo -al estilo de Jorge Giordani-, que no solo admitieron la existencia de corruptos que saquearon más de 200 mil millores de dólares del Erario, utilizando “prósperas” empresas de maletín.  ¿Y qué pasó?  Pues nada, porque Chávez no solo amparaba a sus funcionarios, sino que colocaba a su familia donde hubiera para que esquilmaran a la República, mientras él maldecía a la IV República y transmutaba en gramsciano con aquello de la hegemonía cultural. No era inocente.  En su época los ingresos petroleros superaron un billón de dólares que, por supuesto, no sabemos adónde fueron a parar.

Los Chávez medraron y se enriquecieron a la sombra del poder y ahora les resulta difícil ocultarlo.  Son ostentosos y frecuentes visitantes de centros sociales de gran lujo en cualquier rincón del mundo, mientras el ciudadano de a pie lucha a brazo partido por un kilo de harina PAN, o medio kilo de carne o una medicina.  Frente a eso no podemos permanecer inactivos. ¡No!  Por eso, como ciudadano a quien le duele su tierra, invito a votar y a la defensa del voto en las calles, para salir cuanto antes de la crisis que ahoga al país.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Lo que está juego

Ricardo Escalante
Nunca antes una elección legislativa latinoamericana captó la atención mundial como esta venezolana del 6 de diciembre. La razón es sencilla: lo que está en juego es el rescate de las libertades y los derechos individuales y colectivos, conculcados como en las peores dictaduras de cualquier signo.

Por eso un calificado grupo de ex presidentes actuarán como de testigos de excepción y numerosos corresponsales de medios internacionales que llegaron con sus equipos ya envían reportes no solo sobre el clima electoral, sino sobre el racionamiento de medicinas, alimentos y otros productos de consumo masivo, sobre el régimen de presos políticos y torturas, y sobre los chantajes y otras actividades de las claques del poder. Los periodistas transmitirán la verdad sobre el conteo de los votos.

¿Qué va a ocurrir después del domingo? Todo dependerá de los resultados y del comportamiento del gobierno y de todos los órganos del Estado -por él controlados de manera férrea-, así como de la capacidad de reacción de la oposición reunida en esa entelequia denominada Mesa de Unidad (MUD) frente a las posibles torceduras de los resultados.

Después de meses de apatía, en las últimas semanas ha habido un interés creciente de los electores por concurrir a los centros de votación. Y así, en la medida en que la abstención sea menor, el voto castigo contra el régimen aumentará y, por supuesto, en esa misma medida Diosdado Cabello y Nicolás Maduro se sentirán tentados a desconocer una realidad que salta a la vista: la mayoría de los venezolanos está harta de la falta de papel higiénico, del robo de los dineros públicos y de que durante 16 años el chavismo lo haya manejado todo a su antojo.

Miles de electores fueron transferidos en forma inconsulta de un lugar a otro, candidatos relevantes fueron descalificados sin que mediara razón alguna, el diseño de los circuitos electorales se hizo para dar mayoría a los chavistas, las tarjetas de votación tienen irregularidades destinadas a confundir a los electores, la propaganda electoral fue abiertamente ventajista, nada garantiza la inexistencia de desvío electrónico de sufragios a través de la CANTV, las televisoras y emisoras de radio transmitieron interminables mensajes abusivos en cadena, manifestaciones opositoras fueron disueltas por la policía y por paramilitares.  Todo eso -sin que se hayan contado los votos-, configura un proceso comicial viciado y carente de sentido democrático.  Decir que en Venezuela hay un clima democrático es falaz y, como si fuera poco, nadie ignora que el narcotráfico es una de las fuentes de ingresos de Diosdado Cabello y de la familia presidencial.

Como si lo anterior hubiese sido poco, los empleados públicos, jubilados, pensionados y beneficiarios de las misiones –que ahora funcionan tarde y mal-, son objeto de presiones y obligados a participar en lo que llaman el 1x10, lo que quiere decir que cada uno de ellos deberá acarrear diez votantes a los centros electorales.  En las últimas semanas, en los barrios populares hubo un impresionante reparto de televisores, licuadoras, neveras y otros cachivaches chinos, como parte de la compra de conciencias.

Las intervenciones de Maduro y Diosdado Cabello en eventos transmitidos por televisión han sido dignos de Replay, sin nada que envidiar a las intimidaciones hitlerianas, estalinistas, castristas o pinochetistas. “Si perdemos iremos a la calle a defender la revolución y aquí no quedará nada”… Chávez decía lo mismo: “si pierdo, en el Este de Caracas no quedará ladrillo sobre ladrillo”, pero lo cierto es que la población descontenta jamás ha desaparecido y siempre encuentra formas de hacerse sentir.  Por eso los venezolanos han encontrado en las redes sociales una vía de escape y de comunicación inmediata, aunque, claro, también hay quienes las utilizan para tergiversar y mentir.

Todo hace presumir que el gobierno se declarará ganador de esta jornada electoral. Admitir lo contrario significaría para ellos correr el riesgo del surgimiento del indispensable equilibrio de poderes. “¡Eso nunca!”, dicen y repiten.  La Asamblea Nacional con mayoría opositora tendría que designar y poner en marcha una comisión de contraloría, tal como lo pauta la Constitución, que de de manera inevitable dejaría al desnudo las interminables irregularidades de todo género traídas por la revolución que no es.

Ahh, pero eso también demandaría o demandará un enorme desafío para la oposición, que por más de tres lustros ha carecido de liderazgo sólido, eficiente, inteligente, ausente de mensaje capaz de interpretar el sentimiento popular y de erigirse en alternativa frente al autoritarismo. Las pugnas y mezquindades que han estado a la luz del día en la MUD tendrían que ceder cause a la formación de partidos políticos consistentes, democráticos, con sentido de la dirección colectiva y del debate interno. No de otra manera la población entrará en desencanto total y caos, es decir, resurgirá el ambiente para un golpe militar de derecha o para una revuelta peor que El Caracazo. Pero, a pesar de las falencias de la MUD, los venezolanos no tienen otro camino que salir en masa a votar contra la dictadura, evitando caer en las triquiñuelas oficialistas. ¡No a la opresión!

miércoles, 2 de diciembre de 2015

El inquilino Díaz Rangel

Ricardo Escalante
Hay personajes que a fuego lento se labran una reputación profesional, política o de cualquier otro género, pero un buen o mal día deciden salir desnudos y gritar a los cuatro vientos que lo suyo había sido una farsa. A partir de entonces lo destruyen todo a patadas, con desconsideración hacia la sociedad que hasta entonces los había admirado, y con hambre atrasada comienzan -como el dios Zeus- a devorar a sus hijos.

Bueno, con el arribo de Hugo Chávez al poder, en los inicios de la etapa más ignominiosa de la historia venezolana, Eleazar Díaz Rangel descubrió que las innumerables generaciones a las cuales había dictado sermones de pulcritud ciudadana y periodística, ya no valían nada y que lo mejor para él era transmutar en plumífero de un régimen esquilmador de la riqueza nacional y violador de los derechos humanos. Decidió gritar que lo suyo era mentira.

Claro, EDR ya guardaba algo poco digno de revelar: durante el gobierno de Rómulo Betancourt había conspirado y participado en esas actividades “inocentes” de elaborar planes para sembrar zozobra en la población inocente. Eran los tiempos en que brigadas del PCV ponían bombas un día por aquí y otro por allá, asaltaban bancos, secuestraban aviones y asesinaban policías a mansalva.

En el curso de unas investigaciones, aquel gobierno decidió allanar una casa alquilada por el inefable Eleazar Díaz Rangel.  En ese lugar -escondite de una figura prominente del partido lugar y centro de reuniones “estratégicas”-, fue decomisado un cerro de documentos, uno de los cuales uno detallaba planes de magnicidio de uno de los pilares del Pacto de Punto fijo y tal vez el mejor orador venezolano de todos los tiempos: Jóvito Villalba. Ahora bien, ¿qué tenía que ver Díaz Rangel con todo eso? Tal vez mucho, tal vez nada.

Muchos años después, durante uno de nuestros frecuentes almuerzos en restaurantes de La Castellana, le hablé a mi amigo Pompeyo Márquez sobre aquella anécdota que me había narrado Carlos Andrés Pérez y que luego leí en sus Memorias proscritas. “Sí, esa casa era alquilada por Díaz Rangel.  Es la verdad!, replicó Pompeyo aunque sin abundar más.
Por fortuna, el magnicidio fue desmontado y varios implicados terminaron presos, pero Díaz Rangel todavía siguió por ahí con sus lecciones como si no hubiera pasado nada, actuando siempre, por supuesto, al estilo Zeus. ¡Así es la vida!

martes, 1 de diciembre de 2015

Díaz Rangel o el antiperiodismo

Ricardo Escalante
El periodismo cumple una misión social grande y grave, que va mucho más allá del deber de informar y de formar opinión, para desafiar sin temor el poder cuando los derechos civiles y políticos son conculcados.  No se trata de transformar el oficio en fe política, sino de exigir el cumplimiento de la ley a la hora de denunciar camarillas deshonestas.

Es larga la lista de hermosas lecciones de periodistas y medios que en distintas partes lo han hecho sin importar las consecuencias. Muchos han dejado sus vidas en el camino o han ido a parar a la cárcel o al destierro, pero la verdad siempre ha terminado por imponerse aunque los culpables no hubiesen recibido el merecido castigo.

Uno de los grandes ejemplos de esa lucha son Carl Berstein y Bob Woodward con la memorable investigación que culminó con la caída del entonces todopoderoso Richard Nixon en agosto de 1974, después de haber sido amenazados incluso con prisión. Claro, tanto The Washington Post como su director, Ben Bradlee, también se revistieron de coraje para respaldar a sus reporteros con una firmeza sin precedentes. Bradlee pasó a ser el director de periódico más importante del siglo XX en el mundo entero y el Post se transformó en una referencia global.

Viene esto a colación por los conceptos emitidos por Eleazar Díaz Rangel en sus columnas dominicales en Últimas Noticias, reiterativos de su apoyo irracional al peor y más opresor de los gobiernos venezolanos, que ha traído sufrimientos sin precedentes.  ¿Por qué, a pesar de su trayectoria profesional, Díaz Rangel devino en espadachín de un régimen abominable? Para dibujar una respuesta es bueno hacer un vuelo rasante sobre sus más de 6 décadas en la política y el periodismo en Venezuela.

Con trato amable, sonrisa a flor de labios y el aspecto a lo Dorian Gray que lo acompañó hasta hace pocos años, Eleazar se labró en la Universidad Central y en los organismos sindicales y profesionales, el respeto tanto de innumerables generaciones de noveles como de experimentados periodistas que veían en él un exponente de virtudes irrenunciables. Fue, además, un excelente reportero deportivo y un líder gremial portentoso.

En la juventud del Partido Comunista luchó contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Luego, cuando los desmanes de dictadura soviética quedaron al desnudo y Teodoro Petkoff publicó el libro Checoslovaquia, el socialismo como problema, el PCV se escindió y dio lugar al MAS, cuyos primeros años cobijaron a contingentes de izquierdistas que se negaban a aceptar el fracaso de sus quimeras. Así, montado en esa ola, el personaje de marras llegó al Congreso de la República en planchas del MAS y junto a otros hizo de la colegiación de los periodistas su bandera principal.

Ascendió a la presidencia de la Asociación Venezolana de Periodistas, de la Federación Latinoamericana de Periodistas y fue dirigente fundamental del Colegio Nacional de Periodistas, esgrimiendo valores esenciales de la libertad de prensa y expresión de los ciudadanos y, sobre todo, de los trabajadores de los medios. Eso lo proclamaba en la UCV, en el CNP y en la calle, hasta el día menos esperado, en que casi como por obra y gracia de los ángeles…

En los primeros meses de 1998 Díaz Rangel andaba alumbrado por la hermosura de Irene Sáez y su proyecto presidencial frívolo. No lo ocultaba, parecía ingenuo. Elogiaba las “ideas” de la reina de belleza y criticaba a Hugo Chávez cuando todavía los vientos no soplaban a su favor, pero cuando la candidata perdió el halo y ocurrió lo sabido por todos, el curtido periodista no resistió el embrujo del militar que -a pesar de los muertos y heridos de la trastada del 4F-, encandilaba a insensatos y oprtunistas.

Luego, mientras las brasas de la disputa entre los herederos de Miguel Angel Capriles ardían al rojo blanco y el olor a chamuscado era penetrante, el poderoso Chávez no vaciló para meter baza en el asunto.  Bastó la amenaza suya de inclinar la balanza judicial en el pleito, para que los Capriles López dejaran a Teodoro Petkoff agarrado de la brocha y lo reemplazaran en la dirección de El Mundo por el flamante Díaz Rangel, quien con el traje rojo rojito casi nuevo pasó poco después a dirigir Últimas Noticias. A la larga los Capriles vendieron la Cadena, que como la mayoría de los medios nacionales se convirtió en instrumento de mentiras y propaganda del régimen.

Con toda esa historia aquí comprimida, Díaz Rangel vino a demostrar que en el avanzado otoño él pudo haber sido el mismo de toda la vida... Había tenido posiciones políticas, gremiales y éticas invariables, ahh pero el despiadado transcurrir del tiempo hizo que la política y la ética sí se corroyeran y apestaran cada vez más. Él se escondía en su antifaz, pero…  ¿Díaz Rangel creerá ahora su propia historia?

viernes, 27 de noviembre de 2015

¡Contra el terror!

Ricardo Escalante
Los sangrientos hechos recientes de París y Malí demostraron una vez más la necesidad de combatir las manifestaciones de violencia en todas sus formas y en cualquier lugar, porque el peligro está no solo en Al Qaeda y el Ejército Islámico, sino también en otras organizaciones e individuos que se disfrazan de caperucitas para cometer atentados.

El terrorismo es tan antiguo como la existencia misma de los alucinados y puede presentarse en el momento menos esperado. Puede ser obra de grupos entrenados o de lobos solitarios. Hay casos estruendosos que sacuden a la humanidad por el método utilizado y por el número de víctimas, pero hay otros igualmente repudiables que no causan reacciones internacionales contundentes porque intereses geopolíticos lo impiden.

En Estados Unidos son frecuentes las matanzas protagonizadas por locos que de manera libre compran armas y municiones de distinto calibre, pero hay regulaciones que en distintos estados coliden con el ejercicio de las libertades individuales. Por fortuna, muchos de esos criminales mueren en la escena de los hechos, mientras otros son condenados a cadena perpetua o pena de muerte.

En Colombia, durante 60 años las FARC han sido autoras de cientos de miles de muertes, heridos, mutilados, secuestros, desplazados, torturas físicas y emocionales, violaciones y devastación de amplias zonas rurales y urbanas, a pesar de lo cual ahora fingen pureza angelical para reclamar inmerecidas garantías y derechos políticos. En ese largo recorrido se han financiado con narcotráfico, extorsiones, asaltos y connivencia con organizaciones y gobiernos con resortes morales tan reblandecidos como los propios.

Hay también formas de terrorismo nada fáciles de enfrentar y erradicar porque son planificadas y perpetradas desde la cabeza misma de gobiernos con líderes carismáticos, populistas, deshonestos, como Muamar el Gadaffi, capaces de incurrir en hechos como la voladura del avión de Pan Am en Lockerbie (21-12-1988), además de masacres en los aeropuertos de Roma y Viena. Para sostenerse en el poder, Gadaffi sembró terror y muerte en su país.

El gobierno liderado por Nicolás Maduro y Diosdado Cabello encarna hoy una forma abyecta del terrorismo de Estado: presos políticos, asesinatos a malsalva, camarillas esquilmadoras de los recursos nacionales y vínculos con el narcotráfico internacional.

La historia es abundante en atolondrados que han dejado inmensos cementerios y traumas colectivos: Hitler, Stalin, Pol Pot, Mussolini, Sadam Hussein e innumerables en dictadores en África y América Latina. ¿Hay acaso diferencia entre quienes estrellaron los aviones contra las Torres Gemelas en Nueva York en 1991 y los desquiciados que se regodean con la destrucción de los pueblos por ellos gobernados? Pues creo que no, porque unos y otros son terroristas y merecen ser combatidos con firmeza aleccionadora. La única diferencia pudiera estar en que unos poseen poder letal prolongado y se escudan en investiduras de Estado.

Existen matarifes desalmados como Kim Jon Il –el más excéntrico de una dinastía que desde Corea del Norte ha mantenido el mundo en vilo con sus amenazas de devastación-, y que ha descubierto en asuntos baladíes las razones para acabar con alguna novia, tío u otro familiar, amigo o funcionario. ¿No se justificaría acaso una alianza efectiva para derrocar ese régimen primitivo que ha humillado, aislado a sus ciudadanos de cualquier forma de civilización?

Otra arista del problema consiste en la grave fragilidad de la memoria de los pueblos, que pronto terminan no solo por olvidar, sino hasta por rendir culto a la personalidad de ʺhéroesʺ como Hugo Chávez, con regímenes corruptos que persiguieron, torturaron, y clausuraron libertades y derechos civiles. Chávez creó bandas paramilitares para sembrar terror en sus conciudadanos.

Por eso, la lucha el Ejercito Islamico, Al Qaeda y otras organizaciones similares no puede tener pausa, pero al mismo tiempo no debemos pasar desapercibidas las distintas formas de terrorismo.