jueves, 11 de septiembre de 2014

16 años a la caza de noticias con un corazón prestado

De cómo Joseph Mann, un ex corresponsal del Financial Times en Caracas, ha vivido con éxito con sus dos trasplantes y mantiene el ritmo profesional.
Ricardo Escalante
La vida con el corazón de otra persona siempre está llena de felicidad y se presta hasta para el humor negro, pero, por supuesto, no deja de causar desvelos y bemoles. Ese, precisamente, es el caso de un consumado periodista americano-venezolano de muchas décadas, con quien de manera regular coincidía yo en oficinas de políticos, altos funcionarios de gobierno y en otros lugares de Caracas, hasta el día en que le perdí la pista.

Después de haber batido el cobre como asistente en la sección nacional de The New York Times, Joseph (Joe) Mann aterrizó en Caracas en 1974 para trabajar en The Daily Journal.  Ahí comenzó un mundo fantástico que lo llevó a querer a Venezuela tanto o más que cualquier venezolano por nacimiento, a casarse con caraqueña y a hacerse ciudadano, hasta cuando el corazón le palpitó más de la cuenta (o tal vez menos).

El trabajo con el viejo Jules Waldman en el Daily era grato y los días y meses transcurrían de manera vertiginosa. La ciudad no tenía ni el tráfico actual ni otros dolores de cabeza, pero los sueldos que pagaba el periódico en inglés no alcanzaban para nada.  Eran otros tiempos.  Joe ampliaba cada día más el círculo de sus relaciones, lo que pronto le permitió tocar y abrir la puerta del Financial Times, para convertirse en uno de los más influyentes corresponsales extranjeros en Caracas.

Yo como reportero de El Universal y Joe con sus análisis y crónicas para el poderoso rotativo británico, discutíamos con frecuencia sobre política, las meteduras de pata del gobierno y otras cosas. Durante sus 21 años en Venezuela (1974-1995) él tuvo además la oportunidad de trabajar en el área de la consultoría política con el legendario Joe Napolitan y con el asesor de opinión pública Eric Ekvall. Fue también cofundador de Veneconomía.

Las actividades marchaban viento en popa, vivía feliz con su esposa Jennifer y sus dos hijos venezolanos, hasta el instante en que al regresar de una misión en Curazao sintió un cansancio inusual, no tenía fuerza para levantar siquiera un brazo. Al dar tres pasos estaba a punto de desmayar y tuvo que ir al cardiólogo que, después de una serie de exámenes, le dio la noticia desconcertante: “Necesitas otro corazón”.  No tuvo entonces más remedio que arreglar maletas para regresar a Estados Unidos, donde con asistencia médica pudo postergar casi tres años su incorporación a la lista de seleccionados para trasplante.

Así, se trasladó con su esposa a uno de esos grandes centros de salud de Estados Unidos, el Cleveland Clinic en Ohio (donde laboran 30 mil personas), allí se internó hasta que recibió la notificación de que le sería insertado el corazón de un fallecido en un accidente en Georgia. No supo si el donante era hombre o mujer, ni otros detalles, pero al día siguiente se levantó, caminó y a partir de ahí todo empezó a recuperar la normalidad.  Han transcurrido 16 años desde entonces y Joe, con sus 69 años a cuestas, escribe para The Miami Herald y para Latin Trade Magazine y disfruta a la familia.  Ahh, y tiene planes de hacer un blog en inglés dedicado a ridiculizar a los políticos.

El otro trasplante
Joe Mann, como todos los trasplantados, quedó entonces condenado a consumir fuertes medicamentos para evitar el rechazo. Son productos beneficiosos pero que no dejan de acarrear efectos secundarios, a los cuales él no logró escapar. Con el paso de los años descubrió que los riñones disminuían su capacidad para desintoxicar el organismo, hasta que, ¡otra vez!, un médico le informó que debía colocar su nombre en la lista de espera. En esta ocasión, a comienzos de 2014, la intervención quirúrgica ocurrió en The Miami Transplant Institute y, como antes, en pocos días estuvo de regreso en su casa con la familia y leyendo, así como en la búsqueda de noticias y reportajes. El riñón provino de un joven muy fuerte, de 27 años, que pereció en un accidente y siete de sus órganos fueron trasplantados a distintas personas.

Lo más importante
El reencuentro con el viejo amigo ocurrió en West Palm Beach, donde conversamos más de tres horas. Me habló de sus experiencias profesionales en Venezuela, caminamos en un centro comercial y hasta comimos comida chatarra. En eso estábamos cuando recibió un mensaje en el cual le informaban que al día siguiente debía hacer un reportaje sobre una de las más prósperas empresas procesadoras de oro.   

Mann está al tanto de los acontecimientos en Venezuela, casi como si hubiese salido ayer del país, y conserva el buen sentido del humor. Cuando le pregunté qué echa de menos de Caracas, la respuesta no se hizo esperar:  “He estado 19 años fuera de Venezuela, pero no olvido mi vida y mi trabajo en ese país que aprendí a amar. Fueron 21 años esenciales de mi vida, que me hicieron crecer y ver el mundo desde una perspectiva distinta. El aire del Avila, las areperas, los restaurantes fantásticos, los Llanos, los Andes, la Gran Sabana, Los Roques, las carreteras hacia la parte oriental con sus ventas de pescado en la playa. Aprendí el idioma, la música típica y, sobre todo, a valorar a muchos amigos”…

-¿Qué fue lo más importante?
-El día que conocí a Jennifer, esa hermosa caraqueña de ojos azules que me cautivó. Fue un encuentro relacionado con asuntos petroleros. Yo había llamado a Maraven para coordinar una visita mía y de un periodista que venía de Londres,  a los campos petroleros del Zulia. Necesitábamos hablar con altos ejecutivos de la empresa, que envió a Jennifer a acompañarnos.  Ese día comenzó un mundo maravilloso para mí.
@opinionricardo

jueves, 7 de agosto de 2014

Entre Watergate y Caracas

Ricardo Escalante
Berstein y Woodward en la redacción de The Washington Post
El periodismo y la justicia independientes marchan de manera paralela y eficiente en sociedades avanzadas sin que un solo hombre logre imponer su voluntad, tal como lo demostró el caso Watergate en Estados Unidos hace ya cuarenta años.  Aquel hecho aún fresco demostró que el presidente más poderoso de la Tierra no podía violar la ley con impunidad y, por eso, fue obligado a renunciar y estuvo a punto de ir a la cárcel.

Los periodistas Carl Bernstein y Bob Woodward se catapultaron a la fama con su admirable trabajo de investigación y The Washington Post se robusteció como institución periodística, porque los intereses nacionales estaban por encima de los objetivos económicos. La caída del presidente Richard Nixon no desembocó en un régimen arbitrario y sigue siendo ejemplo de la existencia de poderes independientes, así como del arraigo de la prensa libre y la libertad de expresión.

Ahora, cuatro décadas después, al reflexionar sobre la trascendencia de lo ocurrido, Woodward y Berstein han dicho que Nixon era peor de lo que se suponía e ilustran su afirmación con el significado de la ley y la Constitución.  La contundencia del argumento nos lleva a preguntarnos por qué hay países como Venezuela, que no pasan de ser campamentos militares al arbitrio de autócratas, de violadores de principios de elemental convivencia civilizada.

“Mucho antes de que explotara el Watergate, el espionaje, los allanamientos, las intervenciones a las líneas telefónicas y el sabotaje político se habían convertido en un estilo de vida en la presidencia de Nixon”, señalaron los periodistas norteamericanos en un reportaje que acaba de publicar el Post.  Era un repugnante estilo de vida que no podía continuar y, en efecto, no continuó en Estados Unidos, mientras en otros lugares (como Venezuela) esas prácticas son habituales.  La corrupción, el hambre y la deshonestidad, imperan en el subdesarrollo.

Las frases de los periodistas norteamericanos que dieron una gran lección al mundo, son estremecedoras y parecieran hechas a la medida de las necesidades morales y cívicas de los venezolanos.  “Durante su presidencia de cinco años y medio, que comenzó en 1969, Nixon emprendió y dirigió cinco guerras sucesivas y yuxtapuestas: contra el movimiento de oposición a la guerra de Vietnam, los medios de información, los demócratas, el sistema de justicia y finalmente, contra la historia misma”…

Claro, la cosa es que Nixon es un caso excepcional en la historia norteamericana, mientras en países africanos y latinoamericanos (como Venezuela) la decencia política, la moral y otros valores inherentes a la democracia, son escasos. De los 184 años de vida republicana, Venezuela ha pasado 140 sometida al garrote militar y, por supuesto, no tenemos razones para ruborizarnos ante la estolidez.  Los presidentes civiles, demócratas, son apenas un accidente.

“Todas ellas (las prácticas viciadas y viciosas) reflejan una mentalidad y un patrón de conducta exclusivos y dominantes en Nixon: el deseo de evadir la ley para obtener ventajas políticas, así como la búsqueda de secretos y aspectos negativos sobre sus oponentes como un fundamento de la organización de su presidencia”…

Por estos días se recuerda en Estados Unidos aquella sucesión de hechos que mantuvieron en vilo al poderoso país y que todavía hoy son objeto de análisis e investigación, pero también es claro que las injusticias existen y que, por ejemplo, el sistema electoral tiene sus fallas. Pero el imperio de la ley existe.  ¿Nos servirá la lección?
@opinionricardo

martes, 8 de julio de 2014

Di Stéfano, la otra parte del secuestro

Cuando el astro del Real Madrid fue capturado por la guerrilla en Caracas, “Máximo Canales” apareció como el gran estratega y ejecutor de un impacto publicitario bien calculado.  Pero la verdad verdadera era otra…


Ricardo Escalante
Hay nombres imborrables y el de Alfredo Di Stefano es uno de esos.  No solo por las hazañas deportivas que lo convirtieron en ejemplo para muchas generaciones de jóvenes del mundo entero, sino también por esa admirable madera humana que lo llevó a perdonar a quienes lo secuestraron con el único propósito de hacerse conocidos en el escenario internacional.

En el preciso instante de sus grandes éxitos, el astro del Real Madrid fue capturado en el hotel Potomac, en San Bernardino, en Caracas, a las 6 de la mañana del sábado 24 de agosto de 1963, por un comando de  nueve guerrilleros urbanos que intentaban desestabilizar el gobierno venezolano del presidente Rómulo Betancourt.

Aquel fue un secuestro de apenas tres días que significó un impacto publicitario muy grande para la subversión venezolana, sobre lo cual casi todo se ha dicho y repetido hasta la saciedad.  Di Stefano, apodado la “Saeta rubia, contó y repitió su versión en innumerables entrevistas periodísticas y hubo también, por supuesto, la parte policial. Después el guerrillero “Maximo Canales” (Paúl del Río) ha hecho su narración edulcorada.  Pero hubo aspectos que nunca salieron a la luz pública porque ni la policía ni Di Stefano los sabían, y “Canales” nunca los reveló porque no le convenía.

El supuesto comandante “Canales” era apenas un joven inconforme de 20 años, sin ninguna formación especial y menos aún curtido en política o en las actividades guerrilleras.  Estaba ahí, pero era apenas un muchacho que seguía instrucciones y era utilizado como “fachada” de aquel movimiento subversivo entre cuyos jefes estaban Domingo Alberto Rangel, Simón Sáez Mérida y muchos más, que por razones estratégicas mantenían su bajo perfil.

A “Canales” lo sentaron frente al deportista con una ametralladora entre las piernas y le tomaron la fotografía que le dio la vuelta mundo. Fue apenas el escogido para actuar como “fachada”. Luego, tanto Rangel como Sáez Mérida redactaron algunas declaraciones que atribuyeron a ese personaje salido de la nada en quien los periodistas creían ver un ideólogo y protagonista de los alzados en armas, pero en cuyo cerebro se escondía muy poco. La publicidad hizo que “Canales” ya no pudiera estar en Caracas porque en cualquier parte sería reconocido y apresado, razón por la cual los jefes tomaron la decisión de trasladarlo a uno de los frentes de lucha en las montañas.

Poco tiempo después el joven inexperto comenzó a dar muestras de debilidad emocional. No estaba preparado ni física ni mentalmente para hacer frente a la realidad de la lucha en un ambiente cargado de insectos, ofidios letales, falta de alimentos, y desplazamientos y entrenamientos militares diarios.  Para la guerrilla pasó a ser entonces un obstáculo, razón por la cual fue llevado a La Habana.

Casi todos los integrantes del comando eran miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, ex adecos, que actuaban en lo que se llamó FALN, combinados con algunos que provenían del Partido Comunista.  Domingo Alberto Rangel venía de ser una de las figuras principales del partido del presidente Betancourt, con sólido bagaje intelectual y político, pero con esa falla de la vehemencia que siempre lo acompañó. El profesor Sáez Mérida había sido nada más y nada menos que secretario general de Acción Democrática en la clandestinidad, y con los años se dedicó a la docencia universitaria y dirigió la revista Al margen, medio de expresión de sectores de la izquierda radical.

“Canales” se dedicó a las artes plásticas, pasó un tiempo preso y se arrimó al chavismo, donde obtuvo el cargo de director de un “museo” en la vieja edificación del Cuartel San Carlos. Nadie supo que él hubiera cosechado al menos una idea propia, ni siquiera como artista plástico.  Lo único conocido de él es la famosa fotografía y esa cosa pesada, sin calidad artística, que parece una mano invertida, colocada en la avenida Libertador de Caracas frente a Pdvsa y a la Torre Las Delicias, donde el ex presidente Carlos Andrés Pérez tuvo su oficina particular.

La leyenda del fútbol que fue Di Stéfano no tenía por qué enterarse de todos esos detalles porque ni era venezolano ni le interesaba la política latinoamericana.  Lo suyo era el deporte y lo hizo de manera ejemplar.  Demostró finas cualidades humanas, carecía de rencores y era tan amplio que hasta entendió el secuestro como lo que fue: una acción de mera naturaleza política y publicitaria.

sábado, 21 de junio de 2014

¡Desembucha, Giordani, desembucha!


El ex ministro está obligado a revelar todo lo que guarda de la corrupción chavista-madurista
 Ricardo Escalante

Ahora cuando Jorge Giordani está en el centro de las miradas de los venezolanos, bien valdría la pena analizar si sus denuncias contra el gobierno son pálidas frente a la montaña de sus responsabilidades en la catástrofe nacional o sí, por el contrario, es necesario investigarlas a fondo.

Digo esto a propósito de la lluvia de ataques que ahora cae contra el “monje” que nada tiene de monje y sí mucho de Rasputín, pero esto, por supuesto, es harina de otro costal al lado de lo más trascendente en este momento: la fehaciente incapacidad de Nicolás Maduro para gobernar y la corrupción que deshilacha a Venezuela.

No en balde Giordani debe tener una catedral de archivos probatorios de sus afirmaciones contra el supuesto zar de la economía venezolana, Rafael Ramírez, que ha dejado en escombros al país mientras él ha pasado a figurar entre los hombres más ricos del mundo. Algo similar puede decirse de Nelson Merentes y de otras figuras esenciales del régimen, que no podrían resultar incólumes a la hora del balance final.

El Rasputín criollo no puede y no debe dejar las cosas ahí.  Él habló de sus orígenes, de su conciencia revolucionaria y del compromiso con la sociedad nacional, lo que quiere decir que ahora está obligado a explayarse en detalles sobre lo que ocurre en Pdvsa, en el Banco Central de Venezuela, en los fondos chino, iraní y otros, así como en el gobierno central. Su responsabilidad es hoy mucho mayor.

En medio de esta situación es además indispensable preguntarse por qué Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Rafael Ramírez y otros, han agarrado el rábano por las hojas frente al tema. Maduro salió primero hablando de un posible nuevo destino burocrático para el ex ministro y, luego, dejó correr la tesis insólita de la lealtad revolucionaria como sinónimo de complicidad, en otras palabras, todo supuesto acólito chavista es cómplice de vagabunderías. Diosdado y Ramírez han optado por el silencio cobarde porque le tienen miedo a Giordani, quien conoce sus vidas y desfalcos.

Yo ahora, con mi descomunal ingenuidad, me pregunto por qué el estólido Presidente no le reclama pruebas a Giordani y por qué Diosdado y José Vicente Rangel no lo invitan a sus programas de televisión. ¿La complicidad será más importante que la verdad?, me pregunto en este instante revolucionado instante. ¿Querrán hacer como el gato?

Ahora bien, el asunto ha revestido una gravedad tan grande que han inventado fórmulas para evitar que las denuncias del planificador de la escasez, la especulación y la inflación, agarren vuelo en la población chavista y ocasionen la explosión social que todo el mundo considera inevitable. El caos total es insostenible. La anarquía y la ruina prevalecen y, en consecuencia, Giordani tiene que presentar pruebas de sus denuncias atómicas.

Todos sabemos que él es un fiasco en planificación económica, pero tiene misiles que pueden hundir el Titanic de la corrupción y la ineficiencia venezolana. ¡No se puede quedar callado!
@opinionricardo

miércoles, 18 de junio de 2014

Giordani y su bomba de tiempo

El ex ministro tiene ahora la oportunidad de desmantelar el régimen de Nicolás Maduro.  ¿Lo hará?
Ricardo Escalante

Las explicaciones de Jorge Giordani sobre las causas de su salida del gobierno son de enorme trascendencia para el examen desapasionado de la catástrofe política, moral y económica que arropa a los venezolanos. Se trata de un documento fundamental cuyas consecuencias se verán a corto, mediano y largo plazo.

El profesor Giordani conoce las entrañas del monstruo desde sus orígenes y apoyó a Hugo Chávez en las elecciones presidenciales de 1998 y, por lo mismo, le constan las desviaciones, corrupción, inconsistencias e insensateces de la llamada revolución bolivariana.  En ese sentido, lo expuesto por el ex ministro de planificación tendrá que ser examinado en detalles y debería acarrear responsabilidades.

Con su lenguaje por momentos farragoso, acierta al denunciar lo que a todos consta:  Que el chavismo-madurismo ha generado una élite de enriquecidos a costa del Erario y menciona las cloacas más putrefactas del régimen:  Cadivi y lo que vino después, la Tesorería, el Fonden, el Fondo chino, el Banco Central de Venezuela, el Banco Industrial de Venezuela y, sobre todo, apunta con el índice a Pdvsa, que Rafael Ramírez maneja a sus anchas.  Claro, no aporta nombres ni destapa escándalos, pero no es descartable que en cualquier momento avance en ese terreno.

El hombre de quien muchos se reían por su formación marxista al estilo de los años 40 en la Unión Soviética, de la noche a la mañana se ha convertido en el más peligroso enemigo de Nicolás Maduro, a quien no vacila en calificar de incapaz.  Bueno, no ha descubierto el agua tibia porque eso lo sabe hasta Cilia Flores, quien también sabe de corrupción porque dejó rastros en la Asamblea Nacional.

Giordani no abjura de su culto a Chávez pero, por supuesto, sabe que todo comenzó ahí. Y él, que ha estudiado la historia soviética y pareciera vivir en aquella época, no puede ignorar la trascendencia del discurso en que Nikita Kruschev en el XX Congreso del Pcus hizo añicos al barbaro Stalin, que había sido su jefe y hasta protector.  Ahora, por eso, Giordani tiene en sus manos una bomba de tiempo y la oportunidad histórica de desnudar y derrumbar la farsa del chavismo-madurismo.  De esa manera sus culpas quedarían lavadas.

lunes, 16 de junio de 2014

Sufragio efectivo en Colombia


La propuesta de Juan Manuel Santos sobre no reelección presidencial es un avance para preservar la democracia en ese país no exento de caudillos.
Ricardo Escalante

Aunque con gran demora, el anuncio de un proyecto para volver a la no reelección presidencial en Colombia tiene una enorme trascendencia para la vida democrática colombiana, porque pone coto a los caudillismos que tanto daño han causado.  Ojalá eso sirva de acicate en toda América Latina.

Es verdad que la declaración del presidente Juan Manuel Santos fue hecha solo después de haber sido reelegido, pero es un avance que en sana lógica deberá ser acogido por todas las tendencias políticas.  Claro, debemos recordar que desde la posición relevante de ministro de la Defensa de su ahora archienemigo Alvaro Uribe, él podía haberse opuesto a las manifestaciones de cacicazgo.  Pero no lo hizo porque estaban en juego sus propias ambiciones y sin Uribe no habría llegado a la jefatura del Estado.

César Gaviria Trujillo tuvo el mérito de haber impulsado la no reelección durante la constituyente que tuvo lugar durante su período constitucional, pero luego renacieron las malas influencias y se regresó a ese mal.

Hoy más que nunca, las reelecciones presidenciales son la gran lección sobre las consecuencias de la desmesura de los iluminados.  El perverso Hugo Chávez, con la asesoría de su admirado Fidel Castro, no solo hizo modificar la constitución para establecer su reelección indefinida, sino que llegó al extremo de promoverla en la cofradía de autócratas que creó, con figuras como Daniel Ortega, en Nicaragua; Rafael Correa, en Ecuador, y Evo Morales, en Bolivia.

Chávez llevó a Venezuela a la ruina económica, política y social. Abolió la separación de poderes y se convirtió en hombre Estado para hacer y deshacer a sus anchas. Su familia se enriqueció y formó una élite corrupta que ha esquilmado los recursos nacionales. A pesar de haber tenido más de un billón de dólares por concepto de ingresos petroleros, en sus manos el país dejó de producir hasta papel higiénico y muchos hoy mueren por ausencia de medicinas e ineficiencia de los hospitales.  Horadó la moral.  La otrora nación rica y pujante cayó en la catástrofe.

Por eso, hoy debemos saludar la importancia de la iniciativa (¡tardía!) del presidente Santos y desearle a los colombianos el fin de los caudillismos. Y, por supuesto, no podemos dejar de recordar aquella frase de “Sufragio efectivo, no reelección”, impuesta en México a comienzos del siglo XX por Francisco Madero, que defenestró al malvado Porfirio Díaz.  Desde entonces entre los mexicanos ha habido intentos de regresar a la reelección, pero todos han fracasado. ¡Dios los salve!