lunes, 21 de abril de 2014

¡Loco de atar!

Ricardo Escalante
 Mi capacidad de asombro se agotó.  No solo se trata sólo de un ignorante supino en el ejercicio de un cargo de elevadísima responsabilidad, sino de alguien que a cada paso tiene manifestaciones extremas de irracionalidad y carece hasta de sentido del ridículo. ¡Hasta cuándo, Señor! ¡Hasta cuándo!

Ahh, pero él, Nicolás Maduro, y ese cuartelario que es Diosdado Cabello, pretenden hacernos creer que locos somos los demás.  Por eso, aunque bien claro tenía el concepto de alucinación, esta mañana investigué la definición contenida en el DRAE. Y aunque acertada, me pareció incompleta y acudí entonces a otros diccionarios, hasta que en ese viejo y aún indispensable Diccionario de Filosofía de Ferrater Mora hallé la más precisa explicación: 

“Alucinación se llama a la percepción de algo que no existe, o bien, aunque menos frecuentemente, a la no percepción de algo existente”. Más adelante se dice:  “Los casos puros de alucinación son raros; por lo general, las alucinaciones se presentan mezcladas con la representación consciente de imágenes que no responden a situaciones objetivas externas.  En algunos casos las alucinaciones se refieren a estados internos, estáticos o cinestésicos, por los cuales el propio yo y el mismo cuerpo del que sufre la alucinación, se ofrecen a él de una forma totalmente alucinatoria: fenómenos de cambio de personalidad, sensaciones de alejamiento de sí mismo, etc”...

¡Ahí está!  ¡Eso es! El conocimiento de Ferrater Mora es el adecuado, el traje a la medida para definir a Nicolás Maduro, que no tiene siquiera idea de lo que ocurre en su entorno, vale decir, debemos aprontar la camisa de fuerza.

Cómo será de grave el asunto, que hasta ese embaucador ex presidente brasilero Luiz Inazio Lula manifestó su desconcierto al proponer un gobierno de coalición para Venezuela.  Lula es adorador de autócratas pero no loco. Es de izquierda pero no rayó en el delirio de perpetuarse en el poder, aunque sí le echaba leña al fuego con ese autócrata que era Hugo Chávez.

Ya harto de la ineptitud de Nicolás Maduro, hace unos días Lula propuso esa salida que él sabe que no prosperará y que no puede prosperar porque en La Habana no van a ceder el poder que bien controlan en Caracas. Lula sabe que no es posible un gobierno de coalición, pero lo planteó para decirle al mundo que Venezuela es un peligroso polvorín cuya temperatura aumenta de manera alarmante, y que las llamas pueden expandirse a toda la región. Las explosiones sociales se expanden como el fuego.

 Ahora el desquiciado anuncia una “revolución fiscal”, y lo dice a pesar de que en Venezuela no hay un sector económico productivo real, porque Chávez y él lo destruyeron todo. ¿Qué van a pechar?  Ha hablado de sustituir las importaciones para “cuidar los dolaritos”.  ¡Está loco de metra!  ¿Cómo vamos a sustituir las importaciones si el país dejó de producirlo todo?  Lo único que abunda ahora son los esquilmadores del Erario, los diosdados y los rafaelramírez cada vez más ricos.  ¿Los meterá presos?  ¡No sabe que está loco!
@opinionricardo

sábado, 19 de abril de 2014

García Márquez post mortem

Siempre será admirado y querido por los venezolanos, pero entre ellos deja sinsabores por su debilidad ante el tirano cubano.
Ricardo Escalante

Muchos escritores alcanzan notoriedad y hasta obtienen los más elevados reconocimientos, pero no están hechos para anclarse entre los grandes de siempre. Alcanzan una gloria efímera.  Hay otros que, por el contrario, son portentosos, hechos de una madera única que jamás se apolilla. Cervantes, Borges, Faulkner, Proust, Camus y Gabriel García Márquez, entre otros.

Desde su atropellada y fantástica niñez, García Márquez tenía clara conciencia de que la lectura, la libre imaginación y escribir eran lo que más le interesaba. Sus reportajes periodísticos, crónicas, artículos de opinión, cuentos, novelas y otros trabajos, tienen ese sello especial que lo coloca entre los mejores de todos los tiempos.

Pero como ser humano tenía sus debilidades, entre las cuales la más grande fue la atracción por una de las figuras más tenebrosas y nefastas del Continente: el dictador cubano Fidel Castro, responsable directo de más de 6 mil fusilamientos, decenas de miles de desaparecidos, torturados, encarcelados y desterrados, sin contar la miseria moral, política y económica en que sumió a su país.

Claro, uno tampoco podría ser injusto al atribuirle a ese pecado la gravedad extrema que no tuvo, porque en honor a la verdad no fue la excepción entre los grandes hombres de letras o del arte seducidos por dictadores atroces. No.  En América Latina misma hay otros ejemplos protuberantes, también con deslumbrantes méritos: Nada más y nada menos que Pablo Neruda y Jorge Luis Borges.
Durante décadas existió entre García Márquez y Fidel Castro una entrañable amistad. En distintas oportunidades, uno y otro hacían orgullosa referencia a sus largos encuentros, en los cuales debatían no solo asuntos literarios, sino otros espinosos de la política latinoamericana. Desde temprano habían sido obvias las simpatías de GGM por las tendencias de izquierda, que lo llevaron a trabajar incluso para el aparato informativo del régimen cubano y, por ese camino, casi sin darse cuenta fue atrapado por el malévolo encanto de Castro.

Para justificarse, lo más que llegó a decir García Márquez fue que eso había servido para lograr la liberación de presos políticos en Cuba, lo que, de paso, implicaba el reconocimiento a la inexistencia de libertad de pensamiento y el constante irrespeto a los derechos humanos en la Isla. 
En repetidas ocasiones anunció sus memorias, con análisis y reflexiones sobre el embrujo del poder, porque también fue amigo de líderes de muchos países, aunque en ningún caso alcanzó los profundos nexos que tuvo con el dictador del habano. Escribió con delicia la primera parte, Vivir para contarla, pero dejó en el aire muchas interrogantes acerca de la segunda y nos dejó colgados de la brocha, en la espera interminable. ¿Por qué?

Pablo Neruda era un sublime poeta comunista que alardeaba de su ateísmo y de su fe en la clase obrera. Pero es posible que de manera intencional o hasta con alguna dosis de ingenuidad, cayera en el exabrupto de calificar a la Unión Soviética de “madre de los libres” y a Occidente “basural”. La infinita ceguera en que lo encerró el dogma, lo condujo a alabar a Stalin de una manera censurable.  En uno de los versos tuvo el atrevimiento de decir: “Stalinianos. Llevamos este nombre con orgullo.| Stalinianos. Es esta la jerarquía de nuestro tiempo.| En sus últimos años la paloma| La Paz, la errante rosa perseguida, se detuvo en sus hombros | y Stalin, el gigante, la levantó a la altura de su frente.| Así vieron la paz pueblos distantes”.

En sus memorias, Confieso que he vivido, el soberbio poeta chileno hizo una breve, casi pasajera confesión de la pena que experimentó al recibir la noticia del demoledor discurso pronunciado por Nikita Kruschev el 25 de febrero de 1956, en el XX Congreso del Partido Comunista, con las denuncias sobre los feroces crímenes, la represión y el culto a la personalidad, de la dictadura de Stalin.

Ahh, y por supuesto, no puede dejar de hacerse referencia al estruendoso caso del maestro Jorge Luis Borges, uno de los sobresalientes escritores universales. Nunca nadie supo por qué un hombre de espíritu tan elevado, defensor del derecho de los ciudadanos del mundo al libre pensamiento, pudo lanzar una proclama como jamás se había visto a favor de ese desalmado asesino que fue el chileno Augusto Pinochet.

Al dispensarle una visita al tirano chileno septiembre de 1976, las afirmaciones de Borges fueron cuando menos desconcertantes:  “Es un honor inmerecido ser recibido por usted, señor Presidente… En Argentina, Chile y Uruguay se están salvando la libertad y el orden.  Eso ocurre en un Continente anarquizado y socavado por el comunismo”…

Lo anterior viene a confirmar que hasta seres de espíritu sublime son capaces de deslizarse hacia el culto a detestables asesinos con poder. Para los venezolanos, García Márquez será siempre admirado y querido por su obra, pero no están libres de algún resquemor por su debilidad ante el dictador cubano, que tan imperdonable daño ha causado a Venezuela.
@opinionricardo

viernes, 18 de abril de 2014

El García Márquez que conocí

Ricardo Escalante
En una de las tantas visitas de Gabriel García Márquez a Caracas le hice una breve pero para mí inolvidable entrevista.  Yo era un novicio reportero, él era un hombre relevante en el mundo de las letras con muchos amigos en Venezuela, donde había transcurrido una parte de su vida periodística, con sabores unas veces exquisitos y otras amargos.

Con su encantadora forma de ser costeña, más aún, a lo barranquillero, hablaba de todo con su proverbial naturalidad y  quería saber de todo. Con insistencia me preguntó por Miguel Angel Capriles, ese millonario que era dueño no solo del portentoso conglomerado de medios impresos que llevaba su apellido, sino también de edificios y muchas otras cosas.  También recordó los nombres de algunos buenos periodistas venezolanos.

Para quienes habían trabajado en la Cadena Capriles –García Márquez lo hizo al salir de la revista Momento-, Miguel Angel era un empresario ambivalente porque por un lado trataba a sus periodistas con cierto cariño y, por el otro, les pagaba mal. GGM quería saber de MAC – que así firmaba sus editoriales- y de cómo marchaban tanto la Cadena como El Nacional.

Nuestro encuentro, que comenzó como a las diez y media de una mañana de 1971, ocurrió en el lobby del grato Hotel Avila de Caracas, situado en la parte alta de San Bernardino, cuando la gente todavía iba a esa urbanización sin temor a dejar el pellejo en el camino.  Aquella época era distinta porque nadie soñaba que  los asaltos, robos y asesinatos, se democratizarían tanto como ocurrió en el chavismo.  El ya célebre escritor vestía una camisa de colores y flores escandalosas, blue jean y mocasines sin medias.

Mientras conversábamos en el lobby se acercó un desconocido de sonrisa amplia que lo reconoció, levantó los brazos y exclamó:  “¡Maestro, usted es cojonudo! ¡Cojonudo!..” Sin más, dio media vuelta y desapareció por donde había venido.  Riendo con inocultable satisfacción, GGM me miró y dijo: “¡Cojonudo!..  Esa es una buena palabra, ¿no te parece?..”

Un rato después me preguntó si tenía sed, a lo cual asentí, mientras él agregaba que la suya era mucha, y sugirió que nos trasladáramos al bar, cercano a la piscina. Nos instalamos en un par de cómodas butacas. Llegó un mesonero con la advertencia de que el bar se abriría a las 12, frente a lo cual él replicó: “¿Ahh, eso quiere decir que entonces no estamos en Caracas sino en Londres?”, y le pidió al empleado que llamara a su jefe, que pronto se presentó y giró instrucciones para que nos atendieran.

El colombiano ilustre ordenó un brandy doble. Yo pedí un jugo de naranja, cosa que causó una reacción de desencanto en el entrevistado: “No. No puede ser. Tienes que tomar algo distinto para que podamos ir al mismo ritmo.  Eso ya me ocurrió una vez con un reportero de The New York Times. Él no tomó nada y días más tarde leí con asombro todo lo que yo había dicho en la borrachera.  Eso no va a ocurrir esta vez”…  Pues bien, pronto los efectos de mi bebida surtieron efecto en el estómago vacío y todavía más en la cabeza, puesto que no había desayunado.

Transcurrido el tiempo he descubierto que la copia que yo guardaba de aquella entrevista se traspapeló y ahora reconstruyo las cosas que de manera nítida quedaron en mi mente.  Entre mis papeles viejos aparecieron dos copias del testimonio del inolvidable encuentro:  Las fotos tomadas por mi amigo Jacinto Tovar, compañero de trabajo en El Carabobeño.

Un año después vi a García Márquez en la sede nacional del MAS (aunque no conversamos), durante el acto de donación a ese partido de la parte metálica del Premio Rómulo Gallegos. Estaba rebosante de alegría. El MAS, que despertaba ilusiones entre los decepcionados del comunismo, no había caído en el mar de contradicciones y oportunismo que poco a poco lo transformaron en esa sombra que apenas es hoy.  A dicho evento también asistió aquel hombre de tamaño físico descomunal y aún más grande en cualidad musical, que era el griego Mikis Theodorakis, autor del himno masista y también de muchas canciones adorables.
@opinionricardo

miércoles, 16 de abril de 2014

Vorágine de la hija menor de Carlos Andrés Pérez


De cómo Cecilia Pérez-Matos recuerda al ex Presidente.
Convivencia tumultuosa con Cecilia Matos, la madre. Cuándo, cómo y por qué una hermosa rubia la encantó y condujo a la unión formal.
Ricardo Escalante
Con el padre
En el rostro joven y simpático afloran con rapidez la sonrisa y el gesto natural que imprimen a la menudita Cecilia Victoria Pérez-Matos (CPM) el sello indubitable de hija del ex presidente venezolano Carlos Andrés Pérez. Es una abogada egresada de excelentes universidades norteamericanas que hace menos de tres meses contrajo matrimonio en Nueva York con la hermosa rubia Michelle Santill, una peluquera de celebridades de 30 años, con quien desde el primer cruce de miradas sintió que quería una relación de amor estable.

Hace ya tiempo Cecilia hizo de sus apellidos uno compuesto para evitar la confusión que a cada instante surge en Estados Unidos, cuando creen que el segundo es el principal, y, así, Pérez-Matos ejerce la profesión en Boca Ratón, cerca de Miami.

Los primeros recuerdos que guarda de su padre se remontan a la época en que vivía en la casa de El Marqués, en el Este de Caracas, cuando él llegaba después de largas jornadas, tiraba el paltó y la corbata en cualquier lugar y se acostaba en el piso a jugar con ella. La diversión era mutua. Algunas travesuras propiciadas por él se convirtieron en imborrables, como esa de capturar una cucaracha para que la niña la llevara en su mano e interrumpiera con sobresalto el sueño de la otra Cecilia, la madre.

La especial circunstancia de ser hija de un personaje que para bien y para mal tuvo mucho que ver con buena parte de la historia venezolana y latinoamericana del siglo XX, con hechos tan determinantes como la nacionalización del petróleo y del hierro y vínculos estrechos con Rómulo Betancourt -uno de los dirigentes políticos más relevantes de todos los tiempos en Venezuela-, hace indispensable hablar de lo que es hoy el país. Su voz es la de alguien que apenas sobrepasa los treinta años, reacia a los totalitarismos de cualquier signo, con una visión inconforme porque espera algo mejor.

En ciertos momentos CPM matiza la conversación con referencias a venezolanos de nuevas generaciones expulsados al exterior por las penurias impuestas en los tres lustros de arbitrariedades de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. En su conciencia está el peso del nombre de Carlos Andrés Pérez, pero no rehúye responsabilidades a la hora de emitir opiniones, críticas y hasta consejos.
Habla sin complejos sobre lo que es y lo asume con orgullo. Por eso vive la vida a su manera, sin permitir que la vida la viva a ella. ¡Qué importa el qué dirán!  En su relato desgrana cómo, por ejemplo, durante un largo tiempo los conflictos prevalecieron en la relación con su mamá como consecuencia de su inclinación sexual, que descubrió cuando tenía cerca de once años.  Las expresiones de amor de Cecilia Matos hacia la pequeña eran frecuentes, pero su carácter la hacía inflexible a la hora de abordar el tema que, por supuesto, daba lugar a los desencuentros. Al mismo tiempo, la adolescencia le imprimía a Cecilia Victoria el carácter rebelde y la ausencia de tacto a la hora de reaccionar. 

Cecilia, Cecilia Victoria, Maria Francia y CAP en Miraflores
La reconciliación definitiva ocurrió en las navidades de 2009, semanas después de haber sido sometida en un hospital de Decatur, Georgia, a una riesgosa operación en la cual le fue extirpado un tumor canceroso de tamaño importante que tenía en el vientre. Fue entonces cuando las cosas empezaron a mejorar.  “La operación se complicó y casi morí”, recuerda CPM.
Los padres recibieron la noticia en Miami cuando ya todo había pasado. Antes no, porque eso habría dado lugar a que en el instante menos indicado ellos descubrieran que Cecilia Victoria convivía con otra señora y, en consecuencia, se replantearan las situaciones incómodas.

Complicada relación familiar
“Mi madre y yo pasamos casi diez años peleando.  De mil y una maneras ella intentó cambiarme y yo traté de hacer lo mismo con ella, para que me entendiera. Intercambiamos muchos insultos, acciones desagradables, momentos incómodos. Ella solo aceptó que yo era gay cuando sintió que había estado a punto de perderme.  En ese instante casi no nos podíamos perdonar lo que había ocurrido entre nosotras por mi preferencia sexual, hecho que evitó que yo le contara a tiempo mi problema de salud.  Eso es algo que no le deseo a nadie”…  La relación entre CPM y Carlos Andrés era, por el contrario, de mucha fluidez.

En la conversación no hay referencias a sus medios hermanos, nacidos en el matrimonio con Blanquita Rodríguez de Pérez, así como tampoco a interioridades de la disputa judicial que se desató al fallecer CAP.

El ex Presidente se esmeraba en conversar con las dos niñas -María Francia y Cecilia Víctoria-, y, sobre todo, con esta última, que era la menor hija biológica. A cada instante les transmitía conocimientos variados. Luego, cuando los conflictos entre las dos cecilias estallaban, la adolescente esperaba que CAP se pusiera de su parte y le reconociera el derecho al desarrollo de su personalidad con independencia, pero se sentía defraudada cuando él le daba la razón a la madre.  “Ahora, ya adulta, lo entiendo. Él no podía desautorizar a mi madre, ni estimular los desencuentros con ella. Era un hombre amplio, de conocimiento universal, de variadas lecturas y un enorme mundo de relaciones amistosas y políticas, pero al mismo tiempo era un andino íntegro, con apego a los valores tradicionales”.

“Cuando cumplí 16 años él me escribió una carta hermosa que conservo, en la cual me hablaba de lo que debe ser el crecimiento individual, sin permitir influencias no apropiadas y otras cosas.  Entonces no la entendí, pero con el paso de los años la he releído varias veces y descubro un mensaje hermoso, de quien amaba de una manera especial a su hija y quería todo lo mejor para ella”.  

El flechazo de Michelle
“A Michelle la conocí por casualidad una noche en Florida, cuando fui a recoger documentos legales en la casa de la socia principal del bufete para el cual trabajaba. En ese instante Michelle llegaba al mismo lugar a entregar algunos productos para el pelo. Fue una reunión breve pero significativa. Su mirada me cautivó.  Unas amigas de Nueva York que me esperaban en el carro me preguntaron si estaba bien. Aparentemente era una persona distinta a la que minutos antes había bajado del carro”...
“No imaginé que esa mujer tan bella miraría dos veces en mi dirección.  Lo que sí sabía era que me encantaba y quería conocerla. Después de aquel encuentro le envié orquídeas, rosas, chocolates, poemas y casi la Luna, hasta lograr que saliéramos a cenar.  Esa noche pasamos más de cuatro horas conversando y riendo, y desde entonces no nos volvimos a separar”…

Con Michelle Santill, la esposa
Avanzada la relación, la pareja convino el matrimonio, que tuvo lugar en el City Hall de Riplay, un pequeño y frío pueblo situado al norte de Nueva York, elegido por razones de conveniencia geográfica para la asistencia de la familia de la novia, que es de Ohio. Con trajes elegantes y celebración. Fue una ceremonia civil preparada con antelación, oficiada por un funcionario que por coincidencia es ministro religioso. Michelle es madre soltera de un niño de cuatro años, Gabriel, concebido con un amigo para satisfacer el instinto maternal.
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jueves, 10 de abril de 2014

La otra muerte de Carlos Andrés Pérez

A pesar de todo lo que decían sus detractores, al final de su vida carecía hasta de una póliza de seguros de salud.
Cecilia Pérez-Matos, la hija menor, relata cómo AD quiso sacar provecho político de las exequias del ex mandatario venezolano.
El pueblo no va a aceptar que Maduro siga sembrando odio y violencia.
Ricardo Escalante












 Las actuaciones políticas de Carlos Andrés Pérez fueron controversiales y revestidas de un arrojo poco disimulado -hechos que ni siquiera los adversarios ponían en duda-, pero los últimos años de su existencia tuvieron circunstancias dramáticas que solo unos pocos venezolanos conocieron.  Es posible que por autoestima evitara hablar sobre esos temas, para no exponerse a humillaciones, incredulidad o mofa.

Una vez su compañera, Cecilia Matos, me explicó cómo la solicitud de asilo político presentada por ellos en Estados Unidos fue rechazada después de mucho tiempo, razón por la cual su hija Cecilia Victoria, ciudadana de este país, debió solicitarlos ante las autoridades migratorias. En esa ocasión no hurgué mucho. Ahora la hija me narró el interminable calvario que impidió la protección estatal que garantizara el acceso de la pareja a los costosos servicios médicos, mientras la salud de uno y otra se desplomaba. Después de un derrame cerebral CAP dejó de ser el hombre de porte atlético e incansable, para convertirse en casi una sombra dominada por la nostalgia y la desilusión.

Cecilia Pérez-Matos
“No muchas personas son conscientes de que mis padres solicitaron asilo político en la década de los 90. Debido a complicados problemas y presiones políticas, el asilo quedó pendiente por más de 10 años. Carlos Andrés Pérez y Cecilia Matos fueron perseguidos con ensañamiento por el régimen de Chávez y nunca pudieron conseguir el asilo. Mi condición de ciudadana americana me permitió hacer una petición ante las autoridades de inmigración para darles un estatus legal.  Al final de sus vidas, los efectos prácticos de la burocracia y las maniobras políticas les impidieron el amparo de los servicios ofrecidos en Estados Unidos a las personas de tercera edad, como Medicare u otro seguro”.

“Mi padre sufrió en el 2004 un ACV y desde entonces la familia tuvo que hacer mil cosas para sufragar los gastos médicos y las terapias para su mejoría. Todo habría sido diferente si le hubiesen otorgado el asilo. Después, durante el caso de las exequias de mi padre, mi madre desarrolló cáncer. Para sobrevivir necesitaba un trasplante de hígado, pero al ser residente y no asilada o ciudadana, solo tenía un 10 por ciento de posibilidades  para lograrlo.  Sin una póliza de salud y sin la protección de Medicare, el tratamiento en Estados Unidos resultaba imposible.  Esas urgencias de mis padres me marcaron y, desde entonces, siento el deber de ayudar a todo aquel que necesite asilo en este país”.

La ley federal establece que quienes han sufrido o temen persecución por su raza, religión, nacionalidad, política, opinión o grupo social, pueden solicitar asilo político en Estados Unidos y, en ese sentido, la Fundación Carlos Andrés Pérez ha puesto en práctica una iniciativa para ayudar a quienes requieran asistencia legal.  Cecilia Pérez-Matos explicó que el bufete para el cual trabaja (The Berman Law Group: www.thebermangroup.com) ha sido solidario y respalda su labor.

Una farsa de AD
Al hablar con Cecilia Pérez-Matos es inevitable abordar aspectos de la vida política del dos veces presidente de Venezuela y uno de los líderes fundamentales de Acción Democrática, partido a cuyo desarrollo contribuyó desde sus inicios hasta el momento en que fue expulsado en medio de acusaciones que poco a poco el tiempo se ha encargado de desmantelar, basadas en componendas de adversarios.

 “CAP había sido muy claro. Muchas veces expresó que no deseaba regresar a Venezuela mientras Chávez estuviera en el poder. ¡Claro que él quería estar en Venezuela!  Nadie podía negar su amor por el país, ni el deber que sentía por ayudar y continuar la lucha, pero no deseaba volver mientras el gobierno ilegítimo estuviera de pie...  El día de su fallecimiento mí hermana y yo estábamos visitándolos en Miami.  Mi padre se había despertado con mucha nostalgia. Durante el desayuno conversamos sobre su primera campaña electoral, sobre las caminatas.  Nos habló sobre una en particular en el Táchira y expresó su añoranza por su pueblo y su gente, pero todos estábamos claros que ese Táchira y esa Venezuela ya no eran las mismas”.

“Él era un hombre serio, que daba la cara.  La destitución y la cárcel fueron momentos duros porque lo que había era una cacería de brujas en su contra, pero él seguía dando la cara y esperaba que le dieran la razón, pero al final llegó a la triste conclusión de que eso no sería así. En ese instante se le apagó un pedacito del alma.  Lo que nos transmitió y me transmitió a mí en particular, fue una increíble tristeza y desilusión, porque la Venezuela a la cual se había entregado en vida y alma, lo rechazaba e inculpaba de manera incorrecta. No obstante, hasta el día de su muerte no dejó de luchar por el país y por su legado.

“Mientras estuvo preso, mi hermana y yo lo fuimos a visitar en La Ahumada (la residencia de la familia Pérez Rodríguez).  Era un tiempo incómodo, tanto porque estaba encerrado allí como por las razones obvias del juicio. Él había solicitado que le dictaran casa por cárcel en la Torre Las Delicias, donde tenía su oficina y apartamento, pero se lo negaron y tuvo que regresar a La Ahumada. Él tenía mucho tiempo sin vivir allí y sin convivir con su otra familia”.

Cecilia Matos, la madre, era partidaria de que Cecilia Victoria asistiera a las exequias de CAP en Caracas, pero ella pensó que esos actos estaban organizados para que el pueblo despidiera a su líder y, en consecuencia, no encontró razones para revivir el dolor.  “Mi madre recibía tratamiento en Colombia. Yo trabajaba como loca en Miami para cubrir sus gastos médicos, trataba de vender mi casa en Georgia y de conseguir dinero para continuar el pago de la enorme deuda que teníamos con abogados por el caso de CAP”… 

“Nosotras ya lo habíamos sepultado en Miami y me parecía una farsa que Acción Democrática estuviera tomando todo el crédito de lo que mi padre significaba. Yo estaba pequeña, pero no puedo olvidar cómo el señor Henry Ramos participó en la expulsión de mi padre del partido, y cómo los altos personajes del partido le dieron la espalda mientras él estaba vivo.  Yo no habría tenido cara para mirar y escuchar al señor Ramos Allup durante aquellos homenajes póstumos. ¡No!”

Malos augurios
Pérez-Matos vive y trabaja en Florida, pero sus sentimientos siempre han estado ligados de manera íntima con Venezuela.  Por eso está al tanto de cuanto ocurre y en contacto permanente con venezolanos. Participa en reuniones y aporta ideas, aunque lejos de sus intenciones está la búsqueda de protagonismos.

“El futuro del país está en el aire.  Yo espero que el señor Maduro entienda la realidad del pueblo, que no va a aceptar el régimen que él desea imponer, pero al mismo tiempo dudo que esto acabe fácilmente. La situación actual es el resultado de tres lustros de censura, violaciones de los derechos humanos más elementales y de una ilegitimidad gubernamental total.  También es el resultado de quince años en los cuales un “líder” ha estado empujando y embutiendo odio, rabia, al pueblo. Ahora, cuando salgamos de este señor tendremos que pasar un tiempo “desaprendiendo” todo lo que nos han “vendido”. Tenemos que recordar la Venezuela que brillaba en el pasado e incorporar las lecciones aprendidas en estos años. Tenemos mucho trabajo por hacer, que necesariamente deberá incluir a personajes como Antonio Ledezma y mi querido padrino Diego Arria, así como las voces del increíble Leopoldo López y María Corina Machado.  Lo más importante es el desarrollo y la ejecución de un plan para ese cambio que será necesario para Venezuela”.

"Es importante que los estudiantes y los ciudadanos en general no se cansen de protestar. Tenemos que actuar. Es necesario dejar al señor Maduro al descubierto. Países como Estados Unidos deben aplicar sanciones en asuntos tan importantes como los bonos y el petróleo.  Algunos pudieran pensar que eso afectará al pueblo, pero el pueblo se ha visto muy afectado con las irracionales políticas económicas del gobierno venezolano. El pueblo sufre una escasez sin precedentes y todos tenemos que actuar para lograr el cambio cuanto antes.  En lo que a mí respecta, el propósito es ayudar con recursos legales a los venezolanos que deseen salir de Venezuela o ya se encuentren en Florida.” 

@opinionricardo

lunes, 7 de abril de 2014

El Pompeyo Márquez que conocí

Ricardo Escalante
Era yo un pichón de periodista en San Cristóbal cuando conocí a Pompeyo Márquez en noviembre de 1970, mientras él recorría el país con sus explicaciones sobre las causas de la ya inevitable división del Partido Comunista de Venezuela, que dio origen al Movimiento Al Socialismo (MAS).

Márquez estaba entonces en su tránsito hacia algo distinto, deslastrado de aquel comunismo internacional de tiesos y viciados dogmas que tenían a Moscú como su Meca. Las atrocidades soviéticas y las proclamas contrarias a la razón, lo empujaron a ser uno de los protagonistas principales del debate interno en el PCV, mientras las contradicciones se profundizaban en Europa del Este y la represión aumentaba.

La desilusión había comenzado mucho antes, al descubrir que a su familia la tenían como en un campo de concentración en la capital rusa, mientras él era un perseguido político. Poco a poco Pompeyo iba descubriendo que una cosa eran las palabras y otra las realidades del imperialismo comunista, con lo cual se enriquecía su espíritu crítico.

Con los años yo pasaba de un periódico a otro y, así, en la misma medida nos convertíamos en amigos. Recuerdo que en uno de nuestros tantos almuerzos en restaurantes de La Candelaria y Altamira, él agitaba sus enormes manos de gladiador a ritmo del relato de su participación en el XX Congreso del Pcus, en aquel gélido febrero de 1956, cuando Nikita Kruschev pronunció el largo e impactante discurso con denuncias de la crueldad ilimitada de Stalin contra su propio pueblo.

La hipocresía comunista era tan grande, que a las delegaciones extranjeras no se les permitió asistir a esa histórica sesión.  En el instante en que Kruschev describía las atrocidades del régimen del cual había sido miembro prominente, Pompeyo, al igual que los demás invitados del exterior, eran llevados en un engañoso recorrido por lugares turísticos de la ciudad, mientras escuchaban las explicaciones de esos guías entrenados para decir medias y torcidas verdades históricas.

El proceso de revisión de las ideas comunistas tomó años, en los cuales ese veterano político intervenía en la lucha armada contra el gobierno legítimo de Rómulo Betancourt en Venezuela, pero el estudio y la dura realidad le permitieron reflexionar y admitir que su postura había sido una gran equivocación. Pompeyo juró entonces combatir todo aquello que tuviera tufo totalitario de cualquier signo y el culto a la personalidad.

 En otro de nuestros almuerzos, en compañía del común y apreciado amigo Pedro Llorens, pasábamos revista a la lista de dictadores que con inteligencia y buena carga de cultura han tenido habilidad para esconder en guante de seda el puño de acero. Ahí él recordó entonces ciertos detalles de un encuentro suyo en Pekín con un hombre de finos modales, vastos conocimientos y sin corazón para derramar una lágrima a la hora de mostrar su dureza: Chou En Lai.

En 1998 luchó en el MAS contra la tesis oportunista de respaldar la candidatura presidencial de Hugo Chávez. Advirtió con firmeza el peligro que para el país representaba un militar golpista cuyas intenciones totalitarias eran evidentes, pero se impuso la tesis pragmática, el negocio político. Ahí llegó su otra gran desilusión, porque el partido que en sus inicios había prometido algo fresco, nuevo en el terreno de la confrontación de las ideas, se desmoronaba en medio de su postura clientelar, con graves desviaciones. En ese mismo momento Pompeyo y Teodoro Petkoff se separaron del partido, aunque no de la refriega diaria.

Antes, cuando el segundo gobierno de Rafael Caldera (1993-1998) se tambaleaba con sus terribles inconsistencias, aceptó apoyarlo como una manera de sostener el régimen democrático. Lo hizo a pesar de las torpezas antisistema de Caldera, que dieron al traste con la etapa de 40 años de vida democrática venezolana.

En los tantos años de trayectoria política, en los cuales ha escrito libros e infinidad de artículos de opinión, Pompeyo Márquez ha cultivado la imagen del dirigente combativo y a la vez tranquilo con su conciencia, respetado incluso por quienes ha adversado sin vacilaciones. Por eso, rindo homenaje a mi buen amigo Pompeyo Márquez por su valiente e inagotable capacidad autocrítica.
@opinionricardo

jueves, 3 de abril de 2014

¿Venezuela se balcaniza?


Milosevic en la Corte Penal Internacional, en La Haya

Ricardo Escalante

Ninguna dictadura conduce a nada bueno y toda dictadura brutal conduce a lo peor. Nunca desde la existencia de Venezuela como república, las perversiones económicas, sociales, políticas, religiosas y éticas, se habían mezclado hasta llegar a extremos insospechados y al ensañamiento contra ciertas regiones.  Jamás el Táchira había sido el infierno que es hoy.

En la historia de la humanidad eso ha ocurrido muchas veces, pero jamás entre los venezolanos. Ha habido autócratas que en razón de sus desvaríos, han implantado aborrecibles métodos de liquidación de pueblos enteros  y los han empujado a buscar soluciones terribles que terminan por convertirse en círculos viciosos: Guerras intestinas, secesionismo y más.

La ambición infinita de poder de ciertos iluminados ha causado confrontaciones bélicas de larga duración y odiosos desgarramientos, pero no siempre ellos han escapado incólumes. Nadie puede olvidar, por ejemplo, al dictador serbio  Slovodan Milosevic, El Carnicero de los Balcanes, responsable directo de uno de los peores y más crueles genocidios de la humanidad, quien a pesar del odioso ultranacionalismo que condujo a la división de Yugoslavia ha encontrado obcecados capaces de justificarlo.

Nicolás Maduro no es, por supuesto Milosevic, primero por su incapacidad para pensar y, luego, porque no ha desatado una guerra de alta intensidad. No obstante, ha utilizado aviones, tanques y fusiles rusos y gases contaminantes en gran escala, contra la población del Táchira, que de manera admirable resiste el cerco de alimentos, gasolina y otros productos de primera necesidad.  La ola de allanamientos contra edificios y barrios enteros, arremetiendo contra la población civil desarmada, ya comenzó  provocar desplazamientos hacia Cúcuta.

Muertos, cientos de heridos, torturas y el encarcelamiento del alcalde de San Cristóbal, han sido documentados por periodistas extranjeros que han visitado la zona, donde algunos ya han comenzado a pensar posturas extremas que no conducen a nada.  En ningún caso el Táchira –con una historia cargada de hombres de trabajo y carácter firme- podría sobrevivir al margen de la unidad nacional, pero el gobierno de Nicolás Maduro se empeña en hacer ver que existe una guerra y justifica las brutales arremetidas militares como “visitas “domiciliarias”, además de aplicar cercos de todo tipo. San Cristóbal es un dominio militar controlado desde Cuba. 

Yo, también de la montaña y con familia en aquellas tierras andinas, he escuchado con preocupación el lenguaje insensato de Maduro y sus acompañantes, que intentan decir que en Venezuela no ocurre nada porque el gobierno está encabezado por una modesta versión de la madre Teresa de Calcuta. Por ello ese investigador paciente e indoblegable que es el diputado Walter Márquez, ahora prepara un legajo con miras a presentarlo en la Corte penal Internacional de La Haya.
@opinionricardo