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miércoles, 16 de abril de 2014

Vorágine de la hija menor de Carlos Andrés Pérez


De cómo Cecilia Pérez-Matos recuerda al ex Presidente.
Convivencia tumultuosa con Cecilia Matos, la madre. Cuándo, cómo y por qué una hermosa rubia la encantó y condujo a la unión formal.
Ricardo Escalante
Con el padre
En el rostro joven y simpático afloran con rapidez la sonrisa y el gesto natural que imprimen a la menudita Cecilia Victoria Pérez-Matos (CPM) el sello indubitable de hija del ex presidente venezolano Carlos Andrés Pérez. Es una abogada egresada de excelentes universidades norteamericanas que hace menos de tres meses contrajo matrimonio en Nueva York con la hermosa rubia Michelle Santill, una peluquera de celebridades de 30 años, con quien desde el primer cruce de miradas sintió que quería una relación de amor estable.

Hace ya tiempo Cecilia hizo de sus apellidos uno compuesto para evitar la confusión que a cada instante surge en Estados Unidos, cuando creen que el segundo es el principal, y, así, Pérez-Matos ejerce la profesión en Boca Ratón, cerca de Miami.

Los primeros recuerdos que guarda de su padre se remontan a la época en que vivía en la casa de El Marqués, en el Este de Caracas, cuando él llegaba después de largas jornadas, tiraba el paltó y la corbata en cualquier lugar y se acostaba en el piso a jugar con ella. La diversión era mutua. Algunas travesuras propiciadas por él se convirtieron en imborrables, como esa de capturar una cucaracha para que la niña la llevara en su mano e interrumpiera con sobresalto el sueño de la otra Cecilia, la madre.

La especial circunstancia de ser hija de un personaje que para bien y para mal tuvo mucho que ver con buena parte de la historia venezolana y latinoamericana del siglo XX, con hechos tan determinantes como la nacionalización del petróleo y del hierro y vínculos estrechos con Rómulo Betancourt -uno de los dirigentes políticos más relevantes de todos los tiempos en Venezuela-, hace indispensable hablar de lo que es hoy el país. Su voz es la de alguien que apenas sobrepasa los treinta años, reacia a los totalitarismos de cualquier signo, con una visión inconforme porque espera algo mejor.

En ciertos momentos CPM matiza la conversación con referencias a venezolanos de nuevas generaciones expulsados al exterior por las penurias impuestas en los tres lustros de arbitrariedades de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. En su conciencia está el peso del nombre de Carlos Andrés Pérez, pero no rehúye responsabilidades a la hora de emitir opiniones, críticas y hasta consejos.
Habla sin complejos sobre lo que es y lo asume con orgullo. Por eso vive la vida a su manera, sin permitir que la vida la viva a ella. ¡Qué importa el qué dirán!  En su relato desgrana cómo, por ejemplo, durante un largo tiempo los conflictos prevalecieron en la relación con su mamá como consecuencia de su inclinación sexual, que descubrió cuando tenía cerca de once años.  Las expresiones de amor de Cecilia Matos hacia la pequeña eran frecuentes, pero su carácter la hacía inflexible a la hora de abordar el tema que, por supuesto, daba lugar a los desencuentros. Al mismo tiempo, la adolescencia le imprimía a Cecilia Victoria el carácter rebelde y la ausencia de tacto a la hora de reaccionar. 

Cecilia, Cecilia Victoria, Maria Francia y CAP en Miraflores
La reconciliación definitiva ocurrió en las navidades de 2009, semanas después de haber sido sometida en un hospital de Decatur, Georgia, a una riesgosa operación en la cual le fue extirpado un tumor canceroso de tamaño importante que tenía en el vientre. Fue entonces cuando las cosas empezaron a mejorar.  “La operación se complicó y casi morí”, recuerda CPM.
Los padres recibieron la noticia en Miami cuando ya todo había pasado. Antes no, porque eso habría dado lugar a que en el instante menos indicado ellos descubrieran que Cecilia Victoria convivía con otra señora y, en consecuencia, se replantearan las situaciones incómodas.

Complicada relación familiar
“Mi madre y yo pasamos casi diez años peleando.  De mil y una maneras ella intentó cambiarme y yo traté de hacer lo mismo con ella, para que me entendiera. Intercambiamos muchos insultos, acciones desagradables, momentos incómodos. Ella solo aceptó que yo era gay cuando sintió que había estado a punto de perderme.  En ese instante casi no nos podíamos perdonar lo que había ocurrido entre nosotras por mi preferencia sexual, hecho que evitó que yo le contara a tiempo mi problema de salud.  Eso es algo que no le deseo a nadie”…  La relación entre CPM y Carlos Andrés era, por el contrario, de mucha fluidez.

En la conversación no hay referencias a sus medios hermanos, nacidos en el matrimonio con Blanquita Rodríguez de Pérez, así como tampoco a interioridades de la disputa judicial que se desató al fallecer CAP.

El ex Presidente se esmeraba en conversar con las dos niñas -María Francia y Cecilia Víctoria-, y, sobre todo, con esta última, que era la menor hija biológica. A cada instante les transmitía conocimientos variados. Luego, cuando los conflictos entre las dos cecilias estallaban, la adolescente esperaba que CAP se pusiera de su parte y le reconociera el derecho al desarrollo de su personalidad con independencia, pero se sentía defraudada cuando él le daba la razón a la madre.  “Ahora, ya adulta, lo entiendo. Él no podía desautorizar a mi madre, ni estimular los desencuentros con ella. Era un hombre amplio, de conocimiento universal, de variadas lecturas y un enorme mundo de relaciones amistosas y políticas, pero al mismo tiempo era un andino íntegro, con apego a los valores tradicionales”.

“Cuando cumplí 16 años él me escribió una carta hermosa que conservo, en la cual me hablaba de lo que debe ser el crecimiento individual, sin permitir influencias no apropiadas y otras cosas.  Entonces no la entendí, pero con el paso de los años la he releído varias veces y descubro un mensaje hermoso, de quien amaba de una manera especial a su hija y quería todo lo mejor para ella”.  

El flechazo de Michelle
“A Michelle la conocí por casualidad una noche en Florida, cuando fui a recoger documentos legales en la casa de la socia principal del bufete para el cual trabajaba. En ese instante Michelle llegaba al mismo lugar a entregar algunos productos para el pelo. Fue una reunión breve pero significativa. Su mirada me cautivó.  Unas amigas de Nueva York que me esperaban en el carro me preguntaron si estaba bien. Aparentemente era una persona distinta a la que minutos antes había bajado del carro”...
“No imaginé que esa mujer tan bella miraría dos veces en mi dirección.  Lo que sí sabía era que me encantaba y quería conocerla. Después de aquel encuentro le envié orquídeas, rosas, chocolates, poemas y casi la Luna, hasta lograr que saliéramos a cenar.  Esa noche pasamos más de cuatro horas conversando y riendo, y desde entonces no nos volvimos a separar”…

Con Michelle Santill, la esposa
Avanzada la relación, la pareja convino el matrimonio, que tuvo lugar en el City Hall de Riplay, un pequeño y frío pueblo situado al norte de Nueva York, elegido por razones de conveniencia geográfica para la asistencia de la familia de la novia, que es de Ohio. Con trajes elegantes y celebración. Fue una ceremonia civil preparada con antelación, oficiada por un funcionario que por coincidencia es ministro religioso. Michelle es madre soltera de un niño de cuatro años, Gabriel, concebido con un amigo para satisfacer el instinto maternal.
@opinionricardo
www.ricardoescalante.com