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sábado, 29 de junio de 2013

Houston se alucina con la colección de arte Capriles Brillembourg

El Museo de Bellas Artes expone buena parte de las obras de la hija del fallecido editor Miguel Angel Capriles.

Ricardo Escalante, Texas
Junto a la obra Naturaleza muerta con limones, de Diego Rivera
El Museo de Bellas Artes de Houston, uno de los mejores de Estados Unidos y del mundo, exhibe en este momento una de las grandes y más completas colecciones de arte latinoamericano del presente: La de la venezolana Tanya Capriles de Brillembourg (TCB), una de los herederos del editor periodístico Miguel Angel Capriles.

Hasta el dos de septiembre estará abierta al público esa muy particular visión cultural, que reúne conjuntos completos de obras de un mismo artista, de otro y otro más, hasta presentar distintas épocas de cada uno. Eso precisamente diferencia a Capriles, viuda del banquero David Brillembourg, de otros coleccionistas.
Armando Reverón, Elías Crespin, Wifredo Lam, Jacobo Borges, Sandú Darié, Rufino Tamayo, Joaquín Torres-García, Loló Soldevilla, Francisco Toledo, Matta, Francisco Matto, Armando Morales, Diego Rivera, Fernando Botero, René Portocarrero, Emilio Pettoruti, Antonio Seguí, Carlos Rojas y David Alfaro Siqueiros, forman parte del evento titulado Intersecting Modernities.

No todas las obras de la amplia y ambiciosa colección de TCB que el MFAH tiene en comodato, están en la exhibición. Grupos de expertos se encargaron de la selección tomando en consideración criterios modernos, para resaltar la creciente importancia de un arte que durante mucho tiempo fue desestimado frente a tendencias europeas y norteamericanas.

Caminando desapercibida entre los muchos visitantes, encontré a Tanya Capriles de Brillembourg y conversé con ella. Lo hace con naturalidad, sin las formas de ser complicadas o vanidosas que a veces es inocultable en otros coleccionistas, que entienden esa actividad como símbolo de estatus. Ella combina, además, el arte con actividades de carácter social, benéficas, a través de su fundación SaludArte, que ha integrado la plástica con música y danza, con la participación con jóvenes con síndrome de Down.

“Al hacer una presentación en el MFAH con motivo de la inauguración de la exhibición, tuvimos en el escenario tres bailarines con síndrome de Down procedentes de Madrid, con lo cual demostré que las obras de arte sirven para algo más que estar colgadas en la pared. Esa obra fue titulada Sinergy, sinergia de todas las artes, causó una magnífica impresión en el público”, subrayó TCB.

Yo siempre había escuchado que Miguel Angel Capriles poseía una enorme colección de arte y, como era lógico suponer, imaginaba que él había inducido la afición de su hija. Pero cuando hago el comentario en ese sentido ella me ataja:

“No. No fue así. Yo comencé a comprar mucho antes que él. Él se inició en ese mundo en los años 80, después de haber sufrido un infarto. El médico le aconsejó que tuviera un hobby, como una manera de aliviar las presiones de su trabajo intenso, y, entonces, comenzó a dedicarle tiempo al arte y a la compra de piezas. Mi padre llegó a tener obras valiosísimas, muy buenas, pero su colección no es coherente. El era un hombre culto y en nuestra casa había copias de grandes artistas, como Picasso, pero fue a partir de los ochenta cuando comenzó a formar su colección”.

El editor -MAC, como le llamaban- iba a subastas y pujaba hasta llevarse lo que le interesaba. Su hija Tanya, por el contrario, ya andaba en ese mundo pero con un estilo diferente, discreto, prefería el anonimato. Durante muchos años sus incursiones en las subastas ocurrían a través de su asesora Clara Sujo, a quien le decía lo que le interesaba y le daba instrucciones.

Mientras recorríamos la exhibición, deteniéndonos por momentos para escuchar explicaciones sobre uno u otro artista, trato de saber cómo, cuándo y por qué adquirió la primera pintura. Tanya saluda a uno de los empleados del Museo, sonríe y me mira casi como pensando en tiempos y circunstancias distantes.
“Bueno, eso ocurrió de manera instantánea el día en que por primera vez vi una pieza de Jesús Soto. La contemplé mucho y me impactó. La compré. Con posterioridad conocí y traté al maestro Soto, escuché las explicaciones de sus orígenes y la relación de la lluvia en Ciudad Bolívar, su ciudad natal y su inspiración artística, con lo cual lo entendí más y desarrollé mi admiración por él. Así fui observando otros artistas y comprando, no una obra sino muchas de un solo artista, cosa que a mucha gente le ha llamado la atención”.

 “En mí no hay nada glamoroso. Hay coleccionistas que dicen que su labor ha ido fruto de una gran pasión, de la intuición. Yo, en cambio, le puedo decir que inicié mi colección tal como he dicho, pero, por supuesto, hay también un acto creativo que implica una visión particular del entorno, del arte, del pensamiento, de la cultura”, agregó.

La colección de Tanya Capriles de Brillembourg ha sido restaurada y en buena medida reenmarcada atendiendo los criterios que, según los expertos, tenían los autores para el momento en que los artistas realizaron cada obra. Y en los planes del MFAH está hacerla itinerante, comenzando en el Museo Malba, de Buenos Aires. Un evento cultural fuera de serie.

Nota:
Reproducción No. 2: Retrato de mujer, de Armando Reverón
Reproducción No. 3: Composicción abstracta, de Matta