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jueves, 5 de julio de 2012

El otro Alí Rodríguez


En los catorce años de la Presidencia de Hugo Chávez, un abogado con buenos conocimientos de finanzas y economía petrolera, Alí Rodríguez Araque, ha sido uno de los protagonistas principales en el diseño y ejecución de estrategias y tácticas políticas oficiales. Con su trato amable, lenguaje decente, larga experiencia en el mundo de la subversión en los años 60, 70 y comienzos de los 80, ese abogado desempeñaba un papel fundamental en las relaciones de los grupos de ultraizquierda con el gobierno cubano.

En el otoño de su vida y con los naturales achaques que inexorablemente lo aproximan al retiro, Rodríguez se ha desempeñado como ministro de Energía y Minas, Presidente de la OPEP, embajador en Cuba, ministro de Relaciones Exteriores, ministro de Finanzas, ministro de Energía Eléctrica y secrtetario General de la Unión de Naciones del Sur (Unasur), posiciones desde las cuales ha fungido como defensor de la “legalidad y la pulcritud ciudadana”. En su época universitaria, él había sentido atracción por los radicalismos de izquierda, y ponía en práctica sus destrezas en la elaboración de artefactos explosivos rudimentarios que eran utilizados para generar zozobra en la población, así como en lo que con eufemismos la guerrilla llamaba “expropiaciones revolucionarias”. Los cuerpos policiales lo sindicaban de haber planificado con los también subversivos Douglas Bravo y Francisco Prada Barazarte, el estruendoso secuestro (junio de 1972) de un acaudalado industrial conocido como el “Rey de la Hojalata”, Carlos Domínguez, por cuya liberación la familia se vio obligada a pagar cinco millones de bolívares de la época15. Para preguntarle sobre ese y otro asunto, mientras escribía el presente libro llamé cuatro veces a Bravo -quien había comandado varios focos guerrilleros en las montañas venezolanas-, pero sus respuestas nunca pasaban de evasivas.

Cuando ocurrió el secuestro de aquel industrial de avanzada edad, Rodríguez Araque, comandante “Fausto” (contra quien llegaron a acumular 17 autos de detención por distintos delitos), era miembro del Partido de la Revolución Venezolana-Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (PRV-FALN), que encabezaba Bravo, en el cual dos grupos de guerrilleros actuaban como unidades tácticas de combate. Uno pequeño denominado Unidad Móvil, comandado por Armando “Chino” Daza, se ocupaba de asesinatos, asaltos y atentados terroristas, y el otro -del cual formaba parte Alí Rodríguez Araque- asumía tareas un poco más especializadas, como traslados de dinero y de secuestrados, propaganda y reclutamiento de jóvenes.

Los organismos de inteligencia consideraban igualmente peligrosos a los dos grupos, que funcionaban separadamente pero coordinaban sus actividades y se intercambiaban participantes, dependiendo de cada caso. Entre Rodríguez Araque y el “Chino” Daza existía una relación tan estrecha que permitía, por ejemplo, la participación del primero en la planificación del secuestro de Domínguez y del segundo en su ejecución del hecho. En el libro Los caminos del guerrero, de Luis Posada Carriles (que trabajaba para cuerpos policiales venezolanos en la lucha antiguerrillera y luego se vio involucrado en la voladura de un avión de Cubana de Aviación, que causó numerosas víctimas), se describen estos hechos en forma detallada y se señala que muchos asaltos a bancos y estruendosos golpes publicitarios se realizaban con ese mismo modus operandi.

A Daza le eran atribuidos más de diez homicidios a sangre fría, de militares, policías y civiles en distintos hechos en varias zonas del país. Entre otros, en marzo de 1967 fue sindicado de haber secuestrado, sometido a torturas y matado de tres balazos por la espalda al doctor Julio Iribarren Borges, un prominente y culto abogado que presidía el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS), hermano del canciller de la época, Ignacio Iribarren Borges, en el gobierno del presidente Raúl Leoni (1964-69); de haber acribillado al mayor del Ejército Francisco Astudillo Suárez en diciembre de 1966; y, en mayo de 1967, a Carlos Hernández, un funcionario de la Policía Técnica Judicial.

Douglas Bravo en varias oportunidades atribuyó el homicidio de Iribarren, que generó gran indignación nacional y repudio internacional, a un terrorista de derecha infiltrado en las guerrillas, Adolfo Meinhardt Lares. Con sus habilidades, Meinhardt había logrado mezclarse con la guerrilla venezolana, al ser recomendado por el temible comandante cubano “Barba Roja”, Manuel Piñeiro, fallecido en 1998, que estaba casado con una escritora marxista chilena, Marta Harnecker, que mucho tiempo más tarde sería admiradora, amiga y apologista de Hugo Chávez. “Barba Roja” gozaba de la más estricta confianza de Fidel Castro y no daba un solo paso sin su consentimiento. Como responsable del homicidio del abogado Iribarren también había sido mencionado otro miembro del grupo guerrillero de Douglas Bravo, Eleazar Fabricio Aristiguieta, “el loco Fabricio”, que tenía una larga lista de antecedentes penales por delitos comunes.

Las versiones de que Meinhardt era doble o triple agente siempre habían circulado, pero él sabía moverse en la cuerda floja. En una ocasión, mientras estaba preso por el asalto a una sucursal del Banco Miranda en Caracas, durante la administración del presidente Leoni, Meinhardt delató a los involucrados en una “Operación Geranio” destinada a asesinar a Carlos Andrés Pérez en un apartamento que frecuentaba en Sabana Grande, situado en el segundo piso del edificio Galerías Venecia. Era un complot preparado por elementos de ultraizquierda, con la participación de un teniente cubano que murió durante el allanamiento efectuado a raíz de la delación16.

En lo que fueron unas memorias escritas de manera farragosa, tituladas Yo, el terrorista, 1957-196217, Meinhardt admitía sus relaciones con militares conspiradores de derecha y con ciertos círculos de la oligarquía, así como haber intervenido en variados hechos desestabilizadores y haberse infiltrado en el movimiento comunista. Entre otras cosas, él sostenía que Douglas Bravo planificaba y ordenaba asesinatos desde las montañas y desde el exterior.

Quienes muchos años más tarde militaron con Alí Rodríguez en la Causa R -partido de izquierda que en las elecciones presidenciales de 1983 postuló al elitista de derecha Jorge Olavarría-, lo describían como metódico, callado, sigiloso, estudioso, calculador, discreto, de decisiones firmes. Claro en sus objetivos, que siempre sabía retroceder para luego avanzar. A pesar de las contradicciones impuestas  en 1983 por el fundador de la Causa R (Alfredo Maneiro), “Fausto” nunca se distanció completamente de la dirigencia comunista cubana y, más adelante, en la culminación de un proceso de luchas internas que se desarrolló en la Causa R, se alió con Pablo Medina y otros para formar en septiembre de 1997 una nueva organización, Patria Para Todos (PPT), que apoyaría la candidatura presidencial de Chávez en 1998.

Sus comienzos políticos habían estado en el Partido Comunista, a cuyas guerrillas se incorporó en los años sesenta y encontró una gran afinidad con Douglas Bravo, jefe del Frente “José Leonardo Chirino” en la intrincada Sierra de Falcón, en la parte occidental venezolana, donde muchos guerrilleros murieron por mordeduras de serpientes y por enfermedades transmitidas por insectos. Cuando Bravo fue expulsado del PCV en 1966, fundó con Rodríguez el Partido de la Revolución Venezolana (PRV) y, posteriormente, ambos crearon otro movimiento subversivo de escaso aliento, Tendencia Revolucionaria. Sus actividades guerrilleras también cubrieron ciertas zonas del oriente del país durante los años setenta, donde coordinaba actividades terroristas.

Mientras formaba parte de la Causa R, Alí Rodríguez fue atropellado por un vehículo en las inmediaciones de su casa en Caracas, lo que requirió una operación y posterior tratamiento médico en Cuba. El accidente, sobre el cual corría la especie de que podía haberse tratado de una venganza política, le dejó secuelas en una pierna que por años lo obligarían a usar bastón.


15 Sangre, locura y fantasía, La guerrilla de los 60.  Antonio García Ponce. Pág. 105.  Editorial Libros Marcados, Caracas, 2009.  Cita de Los caminos del guerrero, de Luis Posada Carriles.
16 Memorias proscritas, Carlos Andrés Pérez. Págs. 182-183.  Libros El Nacional, colección Fuera de Serie, Caracas 2006.
17 Adolfo Medinhardt Lares, Yo, el terrorista, 1957-1962, Editorial Cunillera, Madrid, 1974.


Extracto del libro Un país de culpas.  Páginas 53 y 54.