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sábado, 1 de marzo de 2014

Lorenzo Mendoza baila “pegao”



El doble filo de la defensa de intereses particulares a cualquier costa.

Ricardo Escalante
Lorenzo Mendoza, presidente de Empresas Mendoza, es un ingeniero industrial formado en magníficas universidades norteamericanas, que ha continuado y profundizado la visión moderna de ese conglomerado que por generaciones desarrolló su familia en Venezuela, y con su visión lo ha extendido por el mundo.

Quienes lo conocen y han trabajado con él lo definen como exigente, respetuoso y cordial. Un ciudadano preocupado por la educación y la cultura, por el desarrollo humano integral, es decir, un inquieto por lo que Venezuela comenzó a perder en forma vertiginosa desde los golpes militares de 1992 y la arbitraria forma en que el presidente Carlos Andrés Pérez fue defenestrado, pero…

En sus alucinaciones tropicales aderezadas en La Habana, el presidente Hugo Chávez amenazaba repetidas veces a Mendoza con expropiar su vasto grupo industrial. Lo sindicaba de ser responsable de la escasez de alimentos sembrada por la ineficiencia y la corrupción oficiales, lo expuso al odio público y, como si hubiera sido poco, una vez hasta dijo que para el oligarca Mendoza, Venezuela era un gran burdel al que quería emborrachar con sus cervezas.  Mendoza, según Chávez, estaba empeñado en degradar la dignidad humana de los venezolanos.

Ahora bien, ¿por qué ni Chávez ni el funesto heredero de su proyecto político expropiaron ese portentoso grupo?   Ahh, muy sencillo, porque alguien les recordó que ninguna de las empresas estatizadas ha subsistido o mantenido su rendimiento. La corrupción desenfrenada y la incapacidad dieron al traste con todas ellas. Expropiar el conglomerado Mendoza iba a ser el palo a la lámpara y, por supuesto, Lorenzo Mendoza hizo todo lo posible para mantenerse a flote y aceleró sus planes en el exterior, donde no ha dejado de crecer un solo minuto.

Ahora, supongo yo, los lectores se preguntarán a cuenta de qué vienen estas loas al dueño de Polar, cuando la característica de mi ejercicio periodístico ha sido la irreverencia, la crítica razonable y también  despiadada, que causa urticaria incluso a la sensible piel de muchos de mis viejos amigos y, como es lógico, todavía más a esos destemplados detractores que ignoran la indispensabilidad de la pluralidad de las ideas.

Pues bien, tenía que hacerlo como paso previo para señalar que el señor Mendoza se metió en camisa de once varas con un discurso excelente para los intereses de quien, ¡por fortuna!, ya es visto en el exterior como genocida y opresor de sus conciudadanos, que ata los destinos nacionales a la vetusta dictadura de los hermanos Fidel y Raúl Castro.  Y, claro, tenemos que entender a quien defiende su fortuna y el terreno ganado por el meritorio trabajo de generaciones de la familia, aunque, cómo es lógico, eso no se puede abstraer del conflicto que surge entre los intereses particulares y los colectivos de los venezolanos.

En su desesperada jerigonza filosófica sobre el trabajo en paz, Mendoza dijo, por ejemplo, que el problema fundamental del país era económico y no político. ¡Qué barbaridad! Ahí se le enredó el papagayo al confundir a Venezuela con la Polar, porque Venezuela no es su conglomerado empresarial.  Es mucho más.  Venezuela sufre una debacle económica como consecuencia de la descomunal irresponsabilidad de Hugo Chávez y su sucesor primitivo, que acabaron todas las instituciones del país, crearon grupos paramilitares que hoy matan, torturan, hieren y siembran el caos en las calles. No es que la debacle cayera del cielo. ¡No!

Hay un problema político que salta a la vista, porque la gallina de los huevos de oro fue desmantelada, horadada en todos los sentidos, y en el mundo energético internacional ya no  juega el papel de otros tiempos.  Ahh, pero Mendoza clama solo por una comisión de la verdad económica. ¿Verdad económica?  Mendoza insinuó responsabilidades e hizo la sorprendente afirmación de que no hay polarización en el sector económico, sin citar las causas de la inflación, el control férreo de la sociedad y el rampante desempleo.

La intervención del empresario, hecha con lenguaje de altura, parecía destinada a la Venezuela de otros tiempos. No obstante, a él, por ejemplo, los atropellos a los derechos humanos, las invasiones a propiedades privadas, las expropiaciones, los presos políticos, la corrupción, las violaciones a la Constitución y otras cosas, no parecen importarle.  Por eso habló como lo ha hecho después con sus propuestas, y baila “pegao” con Satanás porque quiere salvar a Polar a costa de lo que sea…, y es posible que hasta consiga negocios en la nueva capital venezolana: La Habana.
@opinionricardo