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viernes, 7 de junio de 2013

Un tirito al gobierno y otro a la revolución

Ricardo Escalante
La dinámica de las relaciones políticas y económicas internacionales demuestra la inevitabilidad de la convivencia de las naciones, más allá de cualquier diferencia entre ellas. Los tiempos de la Guerra Fría quedaron atrás hace mucho tiempo y la cooperación compromete al mundo, a pesar de la existencia de intereses que procuran hegemonías.
John Kerry y Jaua, muy sonrientes...
La interdependencia sale a relucir en todas las actividades humanas y es de excepcional importancia en áreas como la científica y la búsqueda de soluciones para el aumento de la producción de alimentos, sin excluir siquiera asuntos que no hace mucho eran impensables: Hoy, por ejemplo, grupos de abogados de la comunidad internacional trabajan en el diseño del Derecho Espacial, para regular la exploración, uso y explotación del espacio y de los cuerpos celestes, los vehículos que por ellos circulan, etc., es decir, preparan las naturales relaciones jurídicas.
La cooperación no implica, por supuesto, que estemos a un paso del fin de las injusticias, de las guerras o de las dictaduras. Menos aún quiere decir que los grandes avances logrados nos coloquen en la víspera del paraíso terrenal, que algunos predican sin fundamento y solo por razones demagógicas.
¿Y a propósito de qué viene esa perorata? Ahh, muy sencillo: Después de haber gritado hasta la saciedad cualquier clase de improperios contra el gobierno norteamericano y “denunciado” una conspiración internacional para derrocarlo, ahora el presidente venezolano, Nicolás Maduro, ha descubierto que sin el imperio no sobrevivirá y que éste puede serle útil en los actuales momentos de apremio. ¡Maduro ni siquiera tiene papel higiénico!
Ese es el motivo de la reciente reunión entre el canciller Elías Jaua y el secretario de Estado norteamericano, John Kerry. Alguien le hizo ver a Maduro que, entre otras cosas buenas para él, ese encuentro significaría el tácito reconocimiento del gobierno de Obama al suyo, con lo cual le asestaba un golpe a la oposición y a su excandidato presidencial, Henrique Capriles, que ha venido denunciando el fraude electoral cometido en las elecciones presidenciales de abril.
No obstante, como cada gobierno tiene sus intereses, la Casa Blanca reiteró de manera casi simultánea su respaldo a la solicitud de que en Venezuela haya una revisión transparente y creíble de los comicios.
Pero eso no es todo. Están de por medio las tradicionales exportaciones petroleras venezolanas a Estados Unidos, que van decreciendo de manera progresiva como consecuencia del aumento de la producción interna de crudos y esquistos de Dakota y otras áreas, así como de tecnologías para abaratar otras fuentes energéticas.  Los expertos pronostican que en los próximos años esos cambios elevarán los empleos en Estados Unidos y reducirán los precios de la energía, con las consecuentes repercusiones internacionales.
El discurso venezolano de los últimos años ha sido anti norteamericano pero, al mismo tiempo, sus importaciones de ese país han llegado a la cifra sin precedentes de 60 mil millones de dólares anuales, porque ahora su aparato productivo está paralizado y su economía es de puertos. Dejó de producir inclusive aquellos alimentos que antes se exportaban o que, cuando menos, autoabastecían el mercado nacional.  Se estima que el total de la deuda interna y externa de Venezuela ya roza los 300 mil millones de dólares y los ingresos se dilapidan.
Eso quiere decir que mientras el discurso va por un lado, por el otro se buscan formas de convivencia que ojalá tuvieran repercusiones positivas.  Pero el problema está en que en Venezuela existe un gobierno ilegítimo, no democrático, que concentra todos los poderes en un hombre incapaz y la corrupción está desbordada. La inseguridad campea.
Ese panorama no es nada halagüeño para los venezolanos. ¿Qué hará el país en la medida en que Estados Unidos continúe reduciendo su dependencia energética del exterior? Los fletes del petróleo enviado a China son elevados, con el agravante de que buena parte del millón de barriles de crudo que se le suministran corresponden al pago de ventas a futuro, es decir, a dinero que ya se recibió y se malbarató.  ¡Mal futuro!