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sábado, 22 de junio de 2013

Entre El Caracazo y Pase Libre

Ricardo Escalante
¿Qué es Pase Libre y qué se mueve detrás de eso que revoluciona a Brasil con consignas simples? Muchos no lo saben y con razón, porque ni es un movimiento político ni tiene tesis o programas y, por supuesto, si es algo serio deberá pasar la prueba de las definiciones.
Tomado de la página del Movimiento Pase Libre en Facebook
El motivo de la explosión social que sacudió unas ochenta ciudades, comenzando por Sao Paulo y Río de Janeiro, fue el aumento de las tarifas del transporte público, pero, por supuesto, para que eso ocurriera tenía que haber algo más. El aumento de precio del transporte tiene que entenderse como el chispazo, como el detonante de un malestar colectivo que se había ido incubando.
Aún es temprano para hacer afirmaciones contundentes sobre las causas de fondo, pero es indiscutible que a pesar de la alta popularidad de que venía disfrutando la presidenta Dilma Rouseff, ya había descontento. Hay conocedores del asunto que hablan de insatisfacción frente al discurso oficial demagógico.
Una de las tesis que están en el tapete tiene que ver con la vivienda y la tierra, que a su vez se relacionan con el transporte de los sectores populares. Tierras cada vez más caras inciden en la construcción de viviendas distantes de los grandes centros de trabajo y, en consecuencia, el transporte colectivo se encarece.
A ello se suman las expropiaciones en áreas en las cuales se construirán o se están construyendo instalaciones para el campeonato mundial de fútbol. Muchos afectados no han sido compensados, lo que ha dado lugar a la formación de comités de reclamo y, por supuesto, las contradicciones sociales han salido a relucir.  El problema no es nada fácil.
Una de las dramáticas fotos de El Caracazo
¿La explosión social tiene entonces algo que ver con gasolina? Pues claro que sí, porque el combustible es esencial y sin él nada se mueve, con el agravante de que el precio actual en Brasil es 1.40 dólares por litro y dentro de poco aumentará, lo que a su vez incidirá en el costo de vida.
La inmensa ola de saqueos, quema de negocios, muertos y heridos, ocurrida en Caracas el 27 y 28 de febrero de 1989, también tuvo como causa inicial el aumento del precio de la gasolina  -decidido por el entonces naciente gobierno de Carlos Andrés Pérez, como parte de un programa de ajustes económicos destinados a paliar la crisis venezolana-.
El presidente Pérez sostenía que El Caracazo no fue fortuito, sino organizado por conspiradores de izquierda y de derecha interesados en desestabilizar el país.
Entre los hechos ocurridos en aquella época en Venezuela y los de ahora en Brasil, hay coincidencias y diferencias muy importantes. En Caracas nadie pudo ser identificado como cabeza visible del estallido, mientras en Sao Paulo y Río hubo incluso convocatorias del Pase Libre a través de Facebook y otras redes sociales.
La magnitud de El Caracazo fue mucho mayor. Los daños materiales fueron de miles de millones de dólares y no hubo cifras precisas del número de muertos, aunque las versiones oficiales hablaban de 300 y de varios miles de heridos. Movimientos subversivos militares y civiles aprovecharon aquellas circunstancias para arreciar sus actividades, que tambalearon al gobierno y abrieron cauce a golpes militares y a la destitución del Presidente.
Es temprano para calibrar las repercusiones del caso brasileño, que tuvo como líderes a universitarios agrupados en el Movimiento del Pase Libre, cuya única consigna ha sido el reclamo por el alza del transporte público.
Ha habido muchos otros casos de revueltas populares en distintos países, tal como dije en uno de mis anteriores artículos sobre el mismo tema.  En todos ellos la motivación ha sido el rechazo a gobiernos ineficaces, pero tanto en Venezuela como en Brasil el detonante fueron los pasajes, vale decir, la gasolina.
Rouseff ha reaccionado con velocidad para ganar simpatías entre los indignados y, en ese camino, prometió un ambicioso pacto social que tiene como meollo los servicios públicos. ¿Cumplirá? ¿Habrá ganado esta batalla imprevista? No es descartable que tenga el ojo puesto en la reelección presidencial…