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lunes, 15 de abril de 2013

¿Qué pasó?

Ricardo Escalante,Texas
El estrecho margen que permitió a Nicolás Maduro convertirse en heredero de Hugo Chávez en la presidencia de la República, da lugar a variadas lecturas. La primera surge con una pregunta ineludible: ¿Fueron estas unas elecciones limpias y democráticas?: No.  No, porque hubo el mismo uso abusivo del aparato del Estado que caracterizaba las consultas populares durante el mandato chavista.
Al solicitar Capriles Radonsky la revisión de las actas y el reconteo de los sufragios, puso el dedo en la llaga de las irregularidades y cuestionó la legitimidad del nuevo jefe del Estado. Su discurso de anoche fue categórico al señalar que disponía de cifras distintas a las oficiales, además de pruebas de hechos ilegales puntuales que le habrían arrebatado la victoria. “El perdedor fue usted, señor Maduro”, dijo y repitió, aunque es improbable que ahora el CNE reconozca errores o vicios.  En el aire también quedará  la interrogante de cuántos cubanos, chinos y otros, votaron de manera fraudulenta y eso, por supuesto, nunca se sabrá.
 
El Presidente electo lo tiene todo a su favor para ser proclamado y juramentarse, porque hasta funcionarios de Estados Unidos habían comentado que él ganaría.  Será reconocido internacionalmente y los cuestionamientos serán echados al olvido, con lo cual a medida que el tiempo avance la vida venezolana irá recobrando la “normalidad”.
En anteriores artículos yo había hecho referencias al veloz ascenso de la candidatura de Capriles Radonsky después del cambio de estrategia con relación a la contienda de octubre pasado, cuando perdió frente a Hugo Chávez.  El resultado de anoche arrojó una apretada diferencia que lleva a análisis tanto del panorama nacional como de Capriles como líder opositor. La gran debilidad de la oposición en los últimos tres lustros era la ausencia de  líder. Ahora lo tiene, mientras la posición del gobierno es inversa: Tenía un hombre fuerte, carismático, controversial, que se identificaba con el pueblo. Ya no lo tiene y todo indica que el ocaso de la “revolución bolivariana” se inició con la muerte de Hugo Chávez.
Y, aunque será inevitable examinar las causas de la derrota y dibujar conclusiones, queda intacta la condición de jefe político adquirida por Capriles en esta contienda, pero, por supuesto, su fortaleza dependerá de la sensatez y habilidad de su comportamiento político.  Una de las causas de la derrota electoral fue el uso abusivo de los mecanismos del poder, pero es obvio que ya son muchos los descalabros consecutivos sufridos por la oposición y muchas las desilusiones.  Será inevitable y saludable un debate abierto sobre el liderazgo que los venezolanos esperan del proyecto político no chavista.
El país está dividido en dos toletes del mismo tamaño. No obstante, una de las debilidades de Capriles está en que no dispone de un partido o movimiento propio sólido, porque en Primero Justicia hay falencias de bulto. Una de ellas es el sectarismo que ha demostrado frente a otros partidos y dirigentes de esa alianza que es la Mesa de Unidad Democrática. Es posible y saludable el surgimiento de otras figuras, así como un movimiento con ideología, tesis y programas, que logre interpretar los deseos populares de manera clara.  El desafío de la alianza opositora tiene aspectos que tendrán que resolverse.  ¡Vendrán más consideraciones!

Nota: Mis próximos dos trabajos versarán sobre las flaquezas de Nicolás Maduro y del gobierno que está a punto de nacer.  !Espérenlos!