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domingo, 19 de mayo de 2013

Un gobierno atroz

Ricardo Escalante, Texas
La vida de los venezolanos es ahora un fenómeno trágico y hasta inverosímil, en el cual el poder es usufructuado por unos pocos que han llevado el país a la ruina económica y moral, enriqueciéndose ellos de manera grosera y aniquilando la fuente principal de la riqueza nacional.  Así,  aquel mar de la felicidad de que tanto solía hablar Hugo Chávez nunca dejó de ser el fruto de la prestidigitación, de la manipulación retórica.
Es un mundo fascinante para quienes lo ven a distancia, porque conduce a reflexiones acerca de cómo una república situada en el centro de todo, con recursos naturales incomparables, dotada de ingresos que permitieron la formación de una clase media sólida y una infraestructura que hasta hace 15 años era buena, en un instante se descubrió inmersa en un cataclismo que la élite oficialista no ve ni siente. Lo que el Presidente y sus acompañantes ven y sienten son pajaritos. Es como si se tratara de una película de destrucción salvaje.
Entretanto, los ciudadanos sufren cada día porque no encuentran medicinas, papel sanitario, harinas, pollo, carne de res, aceites, azúcar y muchas otras cosas. Y han terminado por acostumbrarse a recorrer  supermercados para encontrar un kilo de harina de mala calidad por aquí y un rollo de papel pésimo por allá, mientras los precios están por las nubes. Caracas es una de las ciudades más caras e inmisericordes del mundo.
Esa es la consecuencia de un proyecto político basado en la manipulación de los sentimientos por parte de Hugo Chávez para perpetuarse en el poder, sin considerar las necesidades reales de las masas. Por eso él leía a Gramsci y sabía de hegemonía y, por eso, había leído también Mi lucha, de Hitler, y sabía de fascismo. No era culto pero algo había estudiado y tenía olfato para jugar con las masas. A diferencia de Maduro, él tenía claro lo que quería.

Lo que hoy se vive en Venezuela es consecuencia directa de las políticas de Chávez, sin que se pueda exculpar a Nicolás Maduro.  Según las poco fiables estadísticas del Banco Central de Venezuela, la inflación en el primer cuatrimestre de 2013 fue de 12.5 por ciento, y todo hace pensar que la tasa real para el año será superior a 50 por ciento, mientras el déficit fiscal está por encima de 15 por ciento y la economía privada es paralítica.  El peso de la deuda total interna y externa es estimado por algunos en casi 300 mil millones de dólares.
Quienes llegan a Venezuela procedentes del exterior pronto aprenden que en cualquier esquina los asedia un hampón, fusil en mano y franela roja con la imagen del Che Guevara. Y no solo asaltan: Matan sin que se les agüe el ojo. Cifras del Observatorio Venezolano de Violencia ilustran el problema de manera contundente: Durante el gobierno de Chávez ocurrieron 155 mil homicidios, de los cuales 140 mil quedaron impunes.  Es un panorama cuyas proporciones son aún más escalofriantes cuando se le incorporan otras formas de violencia.

No es exagerado decir que dos o más miembros de cada familia han sido víctimas de la delincuencia y que la gente sale a la calle con miedo. Nadie sabe si regresará. Además, el desempleo ha vuelto a repuntar, aunque el Instituto Nacional de Estadística lo calcula en 7.6 por ciento. La Confederación de Trabajadores de Venezuela sostiene que se acerca a 15 por ciento de la población activa para el trabajo, y que 45 por ciento está en la economía informal, que disimula la dramática situación.
La salud pública ha desmejorado. Los módulos de las misiones Barrio Adentro están cuasi paralizados, a pesar de lo cual hay quienes dentro y fuera del país creen que los gobiernos de Chávez y Maduro han sido abnegados. Luiz Inacio Lula, por ejemplo, está entre quienes así lo pregonan. Males que se consideraban erradicados  -malaria, tuberculosis, dengue hemorrágico, viruela, parotiditis, poliomielitis y difteria, entre otras- han reaparecido, en algunos casos con características epidémicas.

Si a lo anterior se le suma la ruptura de los valores familiares y morales y la corrupción imperante, promovida desde Petróleos de Venezuela por el superministro Rafael Ramírez, pues estamos en presencia de uno los peores países del mundo. Duele decirlo pero es la verdad y, por eso, tenemos que buscar la manera de salir del gobierno ilegítimo de Maduro.
¡Esa es la Venezuela de hoy!