Páginas

martes, 21 de mayo de 2013

Mario Silva con su dinamita

Ricardo Escalante
Más allá de los desmentidos y explicaciones inverosímiles del diálogo de Mario Silva con un agente del G-2 cubano, la importancia del hecho está en la confirmación de graves hechos bien conocidos por los venezolanos.
La grabación hecha por el espía cubano vino a ratificar el enorme enriquecimiento de Diosdado
Cabello y sus intenciones golpistas, que minó los resortes del aparato de inteligencia venezolano y los mecanismos fundamentales de la Fuerza Armada. Sus aspiraciones presidenciales no tienen límite.
Silva es un extremista de izquierda identificado con el régimen de La Habana y al servicio del mismo, un procaz e inmoral. Su programa La Hojilla, en Venezolana de Televisión, es emblema del lenguaje de cloacas utilizado para descalificar y atacar a quienes adversaban a Hugo Chávez y su gobierno.  En la grabación con el agente aparece como deslenguado y resentido, molesto con Maduro y Cilia Flores, a quienes desprecia; con José Vicente Rangel y muchos más.
Está enterado de cuanto ocurre en el Ejecutivo y en el PSUV, lo que da gravedad a sus palabras y, en consecuencia, a pesar de los desmentidos, sus afirmaciones traerán consecuencias en eso que todavía llaman chavismo. La primera víctima fue él mismo, pero es posible que esas palabras actúen como acelerador del conflicto, aunque hasta ahora Diosdado ha demostrado que sabe mover sus fichas con paciencia y apuesta al fracaso de su compañero.
Es una guerra sorda entre Nicolás Maduro y Cabello, que en algún momento estallará para liquidarlos a los dos. Sobre ese tema he escrito varios artículos y, razón por la cual esta vez no me extenderé, pero sí deseo resaltar el valor de la confesión de Silva sobre su ligazón con el G-2 cubano y sobre el control policial a que los venezolanos están sometidos.
El cercenamiento de libertades, las expropiaciones, invasiones de haciendas, edificios y fábricas y el amedrentamiento, han creado una atmósfera irrespirable que, coaligada con la escasez de productos de primera necesidad, pronostica un mal final para el gobierno.
¡Caerá porque Venezuela no es Cuba!