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jueves, 16 de mayo de 2013

¿Peor? ¡Ni siquiera en el cine!

Ricardo Escalante
En los últimos días ha habido hechos relevantes para interpretar las causas y consecuencias de la catástrofe alimentaria que viven los venezolanos.
En primer lugar, debemos preguntarnos por qué el ilegítimo mandamás le imploró a la presidenta Dilma Roussesf, en Brasilia, el envío urgente de enormes cargamentos de alimentos. Igual planteamiento le ha hecho a otros países latinoamericanos y europeos.

La situación es tan crítica, que Maduro y su equipo se han visto en la necesidad de sentarse frente a frente con el presidente del Grupo de Empresas Polar, Lorenzo Mendoza. Lo califican de oligarca, explotador y vendepatrias, pero al mismo tiempo tratan de encontrar paliativos con su consorcio, que ha sido el primer productor tradicional de alimentos en Venezuela.
Mendoza no se amilanó ante Maduro y su atolondrado vicepresidente. Con firmeza y  a la vez con tranquilidad, en una rueda de prensa demostró cómo y por qué Venezuela dejó de cultivar maíz, arroz y muchas cosas más.
No obstante, el discurso oficial es infantil: Nadie lo cree, pero es la forma de explicar y justificar el crecimiento de los problemas y la impotencia para salir de ellos. Es una incontrolable vorágine, que hace que todos sospechen que algo inevitable va a ocurrir en cualquier momento. La atmósfera es pesada, irrespirable, y los caraqueños duermen con un ojo cerrado y el otro abierto.
Nicolás Maduro y su gobierno sostienen que la oposición ha  venido ocultando alimentos durante
años, pero, por supuesto, no presentan las pruebas a pesar de tener en sus manos el control del aparato represivo del régimen. Fusil en mano, controlan toda la red de distribución de productos de primera necesidad.
Es obvio que el explosivo coctel hará añicos el peor gobierno venezolano de todos los tiempos, porque las expropiaciones e invasiones de haciendas, de plantas de leche en polvo, de procesadoras de tomate, de harina de maíz, etc., derrumbaron el aparato económico privado.  Su ineptitud ha sido brutal. Ni siquiera hay papel higiénico.
¿Podrá alguien imaginar lo que sería esconder alimentos durante años? ¿Sería posible? Por lo demás, el escándalo de Pudreval demostró que quien hacía importaciones masivas de carne, azúcar, leche, vegetales, y otros rubros, eran Pdvsa y sus filiales. Y los dejaban descomponer en los puertos, mientras la élite del poder se llenaba los bolsillos con el robo.
Hugo Chávez desmanteló el sector empresarial venezolano y transformó a Venezuela en república bananera sin bananas, importadora. Claro, el problema está en que Pdvsa es mal administrada y los recursos para continuar dependiendo del exterior se agotaron. Venezuela es ahora un país hipotecado y desabastecido.
Según las maquilladas cifras oficiales, la inflación llegó 12.5 por ciento en el primer cuatrimestre del año -la más alta del Continente-, y se estima que al finalizar 2013 habrá sobrepasado el 50 por ciento. Los venezolanos viven un alarmante proceso de estanflación.
La inseguridad es, al mismo tiempo, como para llevarse las manos a la cabeza. Ese es el único país del mundo en que los asaltos a transeúntes ocurren con fusiles.  Los asaltantes dejaron de usar pistolas. Hace pocos días, en una congestionada autopista de Caracas, cuando menos treinta maleantes despojaron de sus pertenencias a quienes se encontraban en unos cien vehículos.  Ni en el cine podría ser peor.
Como si fuera poco, el insensato Presidente acaba de decir que los militares deben tener su propio canal de televisión.  ¡Qué temeridad! Y los ha echado a las calles con armas de guerra para “mantener el orden”. ¿Pueden los ciudadanos vivir así?