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martes, 5 de marzo de 2013

No nos hagamos ilusiones

Ricardo Escalante, Texas
Hoy, cuando la era de Hugo Chávez ya es pasado, Venezuela comienza a avanzar por caminos inciertos en lo político, en lo económico y en lo social.  Es tal la acumulación de conflictos y contradicciones fraguada en los últimos 14 años, que sería cuando menos ingenuo pensar en el inicio de tiempos de concordia y pluralismo  de ideas.  Son incalculables y complejas las dificultades y los riesgos que se avecinan.
 
Es difícil, para no decir imposible, pensar en el advenimiento de un gobierno de concentración nacional presidido por Henrique Capriles Radonsky, a quien corresponderá medirse con Nicolás Maduro en unas elecciones que nadie sabe cuándo ocurrirán.  Y nadie lo sabe porque una cosa reza la Constitución, y otra harán Maduro y Diosdado Cabello.  Es perfectamente posible esperar que el Consejo Nacional Electoral anuncie dificultades organizativas o de otro tipo,  para contravenir el espíritu de la ley.  Eso no es nada nuevo y Chávez lo practicaba.
Para Capriles habrá una situación complicada por muchas razones, entre las cuales están:  1) El uso y costumbre de la manipulación de los procesos electorales desde Miraflores no desaparece con la muerte de Chávez, porque el CNE sigue controlado por chavistas; 2) el ventajismo atropellante del aparato propagandístico del Estado ya está en marcha a favor de Maduro; y, 3) los medios de comunicación siguen sometidos a descomunales presiones, obligando a la autocensura y a otras limitaciones.
A todo eso se agregan las deficiencias, contradicciones y sectarismos de la oposición.  En las elecciones presidenciales de octubre hubo una aparente unidad plena, pero el candidato excluyó de su comando a sectores políticos importantes y se dirigía a ellos como “la vieja política”.  Ahora está por verse si esas prácticas quedaron atrás.
El discurso del candidato presentaba fallas importantes.  Solo al final atacó de manera frontal a Chávez y al gobierno, luego de meses de vaguedades e inconsistencias en el manejo de temas esenciales, como el económico.  Por otra parte,  en lo que va de año la oposición no ha tenido un mensaje coherente y eso lo han reflejado las encuestas de opinión pública.
Por lo demás, el gobierno tiene también serios problemas derivados del derroche, la corrupción y la ineptitud administrativa.  Los ingresos petroleros, a pesar de los elevados precios internacionales, resultan insuficientes para cubrir las necesidades del costoso aparato burocrático y una nueva campaña electoral, por más corta que ella sea.
Lo anterior explica las causas de la devaluación de más de 46 por ciento a que acaba de ser sometida la moneda venezolana, así como otras medidas impopulares:  Aumentos de impuestos, recorte de ciertos gastos, etc.  Al mismo tiempo, en su arrestos de urgencia, el gobierno ha acudido otra vez a China en solicitud de más endeudamiento, comprometiendo grandes cantidades de petróleo.  Las últimas gestiones hechas por el canciller Elías Jaua en ese sentido, fueron un fracaso.
Además, las empresas petroleras transnacionales han recibido peticiones de pagos adelantados, vale decir, empréstitos con garantía de suministro de crudos.  A Chevron le solicitaron 2 mil millones de dólares, a Petrobras le hicieron un planteamiento similar que fue resuelto mediante un préstamo de gobierno a gobierno.  La administración brasilera no se negó, dado que existen intereses binacionales en la refinería de Pernambuco y empresas como Odebrech tienen jugosos contratos en Venezuela.
De los 2.3 millones de barriles diarios de petróleo que produce Venezuela, 1.650 mil están destinados a cubrir el consumo interno y las exportaciones correspondientes a ventas a futuro, así como otras no rentables que responden a intereses geopolíticos.  Esto resumido en pocas palabras, da la idea del tamaño de las dificultades que se avecinan.
Es, asimismo, impensable creer que la muerte de Chávez se traduzca en una repatriación de capitales privados, puesto que Nicolás Maduro y su amigo Diosdado Cabello, ya han enviado señales de radicalización del régimen.   Por todo eso y mucho más, no nos hagamos ilusiones.
www.ricardoescalante.com

1 comentario:

  1. Es cierto que no nos debemos hacer ilusiones. Empero, debemos ir trabajando para cambiar las cosas, aunque sea a mediano plazo. El país, por muchos recursos que tenga, tendrá que tocar fondo un día, el día que éstos incompetentes y hampones logren lo impensable: arruinar por completo al país.

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