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jueves, 28 de marzo de 2013

¿Aguafiestas yo?

Ricardo Escalante, Texas
Esta mañana revisaba una de esas cajas de libros viejos, tratando de dar con el paradero de uno de Hannah Arendt sobre autoritarismos, cuando el siempre inoportuno teléfono comenzó a repicar de manera interminable. Convencido de que se trataba de una de esas llamadas automáticas de propaganda, por un momento pensé no responder, pero la insistencia venció y tal vez no estuvo mal.
“¡Aguafiestas! ¡Desanimador de incautos!.. ¿Por qué eres así?”  Por un instante no reconocí esa inconfundible voz sin acento inglés de mi viejo y ácido amigo que siempre está al tanto de todo, incluso de buenos chismes de esa vetusta realeza británica y de cómo ese loco de alto vuelo que es el alcalde de Londres, Boris Johnson, es de poco fiar… Un megalómano mentiroso con pasado turbio.
“Acabo de pasar tres días en Caracas y traté de reunirme con Maduro, pero desistí al ver que es un tipo primitivo, detestable. Johnson es apenas un niño de pecho al lado de ese…”  En el acto lo atajé para tratar de precisar las diferencias entre Johnson y el pobre Nicolás, que él explicó con un par de frases que no fueron adonde yo esperaba: “Pues son muchas, porque Johnson es apenas angelical al lado de ese Presidente que ustedes se gastan. Tan corrupto como Diosdado, Rafael Ramírez y el clan de los Chávez, que han esquilmado al Estado venezolano. ¿Quieres pruebas?”
Y, por supuesto, todos esos detalles me interesan y así traté de decirlo, pero el británico siguió imperturbable: “Te llamé aguafiestas y desanimador de incautos, pero como siempre andas en la Luna ni siquiera te diste cuenta.  ¡Eso es grave porque a veces pareces enterado de todo, pero…”  “¿Pero qué?”, lo paré en seco.  “Anda dilo, no acepto que tu”…
“Ahh, qué bueno.  Reaccionaste tarde pero lo hiciste.  Hace dos días leí un artículo tuyo titulado Elecciones fraudulentas y noté que te quedabas corto, porque ya sabemos por dónde van las cosas, pero de una vez saltaron unos cuantos en el Facebook a decir que tratabas de favorecer al gobierno, que estabas desanimando a las inmensas mayorías electorales. Y uno de ellos hasta te invitó a “agarrar un fusil y a echarle bolas”.  ¿Lo leíste?”
“No.  No vi eso, pero cómo se les ocurre que yo”…
“Bueno, ese  que te invitó a “echarle bolas” es un atolondrado, hijo de un ilustrísimo venezolano, insigne luchador democrático.  El atolondramiento lo llevó en los años 70 a la temeridad de asaltar una noche a las 10 el Cine Prensa de Caracas para “rescatar” una película que “pertenecía” a la “revolución cubana”, pero en medio de la loquera se enredó a la hora de sacar el revólver y terminó metiéndose un tiro. Fue llevado de urgencia a la Clínica Santiago de León, en la Avenida Libertador, donde fue operado y, afortunadamente, la cosa no pasó a mayores.   Su padre, ¡Padre al fin!, lo salvó de tener que responder por aquel acto de irresponsabilidad”…
El cuasi monólogo de mi buen amigo inglés llegó a su final de manera casi abrupta:  “Muchos creen que cerrando los ojos en plena vía del tren de la corrupción, del engaño, de las tracalerías impuestas por Maduro y sus aliados cubanos, se van a salvar.  ¡Que vendan el sofá y que Dios los agarre confesados!”