Páginas

martes, 5 de marzo de 2013

A punto de estallar

Ricardo Escalante, Texas
La interminable suma de atropellos, ineficiencias y vicios de la administración chavista, coloca hoy como nunca a Venezuela al borde de un estallido de violencia de proporciones mayúsculas.  El severo control militar y policial montado desde Cuba puede ser rebasado porque el cúmulo de presiones no tiene precedentes, con el agravante de que el Estado dejó de tener cabeza visible hace tres meses y nadie sabe quién toma las decisiones fundamentales.  
Todo país tiene y tiene que tener jefe de gobierno, primer ministro o presidente, porque la seriedad de los asuntos del Estado obliga a que haya un responsable, pero en Venezuela el caos ha llevado al mundo de lo insólito: Ni siquiera Raúl Castro ha dado la cara como mandamás de los venezolanos.
En repetidas ocasiones Chávez habló con su desenfado habitual sobre la fusión de Cuba y Venezuela para dar paso a lo que llamó Venecuba, sin sospechar que un buen día su “hermano” Raúl y su “padre” Fidel asumirían el dominio de todo en el país, con lo cual Miraflores ahora es apenas una delegación en manos de dos alucinados: Nicolás Maduro y Diosdado Cabello.
Digo estas cosas porque la era de Chávez terminó hace tres meses.  Desde entonces nadie lo ve, nadie lo escucha, no firma documentos y no ha habido un solo testigo imparcial que certifique si está vivo y en condiciones de ejercer el poder.  Las mentiras de Raúl Castro, Maduro y Cabello, solo han servido para dar pábulo a la creencia de que el deceso presidencial ocurrió en La Habana y está embalsamado.  En esa circunstancias hasta circularon versiones sobre la presencia en Cuba del patólogo italiano Massimo Signoracci, dueño de una fórmula secreta que ha utilizado para preservar los cadáveres de varios papas.
Las sospechas han sido mayores porque ni siquiera un miembro de la abundante familia presidencial ha dicho una sola palabra.  El cuerpo de Chávez estuvo dos meses y medio en manos del régimen cubano y solo Maduro y voceros oficiales daban sus partes torcidos, sin que hubiera habido un solo médico que diera las explicaciones indispensables.
Estos hechos, sumados a la escasez de productos de consumo masivo, a la gravedad del sistema de salud,  la inflación galopante, la inseguridad individual y jurídica, el robo de los dineros públicos por parte de figuras como Diosdado Cabello y el ministro Rafael Ramírez y la amenaza contra los medios de comunicación, han generado una situación insostenible.  La olla de presión está a punto de estallar.  En los cuarteles hay rumores, especulaciones, se habla de madrugonazos, de saqueos…
Cuando escribo estas líneas, ya Nicolás Maduro con su pobre discurso ha admitido que desde los últimos días de diciembre, han estado ocultando la verdad para proteger un supuesto interés nacional, para no alarmar a la población. La farsa revela lo que siempre muchos dijeron: Que había vacío presidencial.  Está entonces al descubierto que la verdad verdadera es que han estado preparándolo todo con nuevos contingentes cubanos, para asegurar el control del país.
Ahora cuando las cosas parecen estárseles escapando de las manos, pareciera que se aprestan a decir lo inevitable.  ¿Seguirán los venezolanos dando muestras de tolerancia ante tantos desafueros?
ricardoescalante@yahoo.com