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sábado, 24 de agosto de 2013

Santos y su tiro por la culata

Ricardo Escalante
Lluevo sobre mojado con el tema del referéndum apresurado propuesto por el presidente colombiano sobre el posible (¿?) acuerdo de su gobierno con las Farc, porque la cosa al parecer va dando tumbos.  El desbocamiento de Juan Manuel Santos se nota a leguas y, como decía mi abuelita, lo que salta a la vista no necesita anteojos.

Iván Márquez, Catatumbo, Rodrigo Granda
¿Cómo es eso de que ahora él quiere aparecer como machote de barrio, desafiando a un contrincante con quien todo el mundo sabe que no le va mal políticamente?  Para los colombianos no debe ser difícil imaginar a Iván Márquez, Pablo Catatumbo y su combo -vaso de whisky en mano y disfrutando los experimentados atrevimientos de una que otra escultural jinetera-, mientras ríen a mandíbula batiente sobre el efecto de su postura frente al “nuevo mejor amigo”.

¿Puede alguien creer que eso del referéndum no se había tratado?  Pues claro que no, porque uno de los prominentes narcoguerrilleros se había mostrado complacido de que se realizara una consulta popular.  Por eso ellos tuvieron la “travesura” de confesar sus aspiraciones, que, como debe ser lógico imaginar, deben destapar la ira de los cientos de miles de familias afectadas por décadas de tropelías.  Claro,  lo que Santos no sospechaba es que los desaciertos colocan en salmuera sus aspiraciones reeleccionistas.

En anterior oportunidad dije y ahora repito: La paz es fundamental, pero, por supuesto, eso no puede ser producto de un entendimiento político. No.  Tiene que ser por la vía del sometimiento de lo alzados a la ley, sin condiciones de ningún género.  Tienen que reconocer que han delinquido: Asesinado, secuestrado, puesto bombas, perseguido, chantajeado, extorsionado.  Cientos de miles de familias han sido sus víctimas de manera irreparable.  Eso no tiene discusión.
¿Podrá el Presidente sobreponerse a eso que suponía una coartada electoral fácil?  Bueno, a juzgar por el rumbo que van tomando los acontecimientos, los colombianos no son tan pendejos como se veían desde la cómoda silla presidencial.  Santos acaba de llamar a su delegación en La Habana: “¡Los quiero aquí y ya!  Tengo que repensar la estrategia electoral.  “Iván, Iván, Catatumbo, Rodrigo, ¿qué piensan ustedes?”…