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martes, 6 de agosto de 2013

¿Qué espera a los periódicos venezolanos?

Ricardo Escalante
La impactante noticia de la venta de ese portaviones legendario del periodismo mundial que es The Washington Post, de manera inevitable plantea preguntas importantes sobre el futuro de los pocos periódicos nacionales de Venezuela.  ¿Cuántos y cuándo se verán obligados a cerrar sus puertas? ¿Habrá grandes empresarios capaces de subvencionarlos y adaptarlos a los difíciles momentos actuales?
Las cosas no parecen fáciles por múltiples razones. La primera es que esas publicaciones no siempre han sido manejadas con criterios modernos y en algunas de ellas han privado los intereses personales y familiares, aunque, por supuesto, existen contadas y honrosas excepciones. El no haberlas conducido con fines exclusivamente periodísticos, siempre ha sido una espada de Damocles.
Los periódicos y revistas más importantes de los grandes países han explorado desde hace tiempo posibilidades para reinventarse ante el descenso del ingreso publicitario y la pérdida de lectores.  Todavía no han encontrado la fórmula mágica, pero han venido buscándola donde tiene que estar:  En el periodismo digital. Entretanto, los empresarios periodísticos venezolanos han comenzado a trabajar en ese sentido, pero sin la agresividad y la profundidad de aquellos.
La influencia de los medios impresos en Venezuela ha sido limitada desde hace muchos años y cada vez lo es más, porque sus cifras siempre han sido un misterio.  Así como no se sabe cuántos ejemplares se imprimen, también se desconoce cuántos son devueltos. Lo que sí está claro es que a la pérdida de capacidad para informar y formar opinión por causas propias, se agrega la autocensura derivada de las descomunales presiones y chantajes del peor gobierno de todos los tiempos: El más inepto, incapaz y corrupto.
Esas presiones, según la declaración que me hizo una de los herederos de Miguel Angel Capriles, Tanya Capriles de Brillembourg, fueron determinantes para la venta de la Cadena Capriles pocos meses después de haber inaugurado las instalaciones periodísticas más modernas de Venezuela, con nuevas rotativas y plataformas tecnológicas de punta, así como con cuerpos de redacción integrados.
Queda, por supuesto, flotando en el aire la pregunta de si los dueños no olfateaban la duración del autoritarismo de Hugo Chávez y el ascenso de Nicolás Maduro como sucesor.  Lo cierto es que Últimas Noticias y El Mundo tienen un futuro incierto porque hasta ahora sus nuevos propietarios son etéreos, ni siquiera han sido capaces de dar la cara y sólo se sabe que detrás del grupo comprador hay figuras relevantes del chavismo, es decir, nuevos millonarios.  ¿Cuáles fueron los detalles de la transacción?  Menos se sabe, por supuesto, de sus planes.
Algo revelador de la firmeza de la operación es el hecho de que el o los nuevos inversores han cumplido el cronograma de pagos de manera precisa, aunque el traspaso del control total de las empresas -que estaba previsto para 4 de agosto-, fue aplazado hasta octubre. Tal vez están ideando cómo y a través de quiénes aparecer en sus juntas directivas.
El panorama de El Nacional es mucho más inquietante porque las muestras del gobierno de querer apoderarse de él o de cerrarlo, son claras. No de otra manera se explican las actuaciones sin fundamento de la Fiscalía General de la República contra las cuentas bancarias y los bienes del accionista mayoritario de la compañía, Miguel Henrique Otero.
Víctor Suárez, periodista especializado en tecnología y buen conocedor de los medios venezolanos, sostiene que los dueños El Nacional, El Universal, Últimas Noticias y El Mundo, han venido invirtiendo en el mejoramiento de sus plataformas tecnológicas, para adecuarlas a las tendencias internacionales en cuanto a la venta de contenidos, televisión interactiva, unificación de las redacciones y uso de las redes sociales.  Han mejorado sus páginas web, aunque les falta mucho todavía, pero han puesto en marcha la diversificación en el área digital.
En los últimos meses ha habido insistentes rumores sobre negociaciones (no desmentidas) para la venta de El Universal, cuyos ingresos se han desplomado en forma vertiginosa, en buena medida porque ya no cuenta con los jugosos avisos oficiales de otros tiempos.  Hay quienes piensan que Andrés Mata no ha vendido solo porque las ofertas no han llegado al nivel deseado.
 Suárez se pregunta por qué si los empresarios de la prensa venezolana soportaron los casi quince años de Hugo Chávez, ahora no serían capaces de hacerlo frente a un régimen que está boqueando.  Ahh, y un detalle muy importante es que no es difícil imaginar un reportaje descarnado en el nuevo The Washington Post sobre la marcha de Amazon.com, o sobre algún aspecto hasta ahora desconocido de la vida del mismísimo Jeff Bezzos.   ¿Sería acaso posible algún asomo de críticas en los periódicos venezolanos a las posturas políticas o comerciales de sus dueños?
En nuestra larga conversación sobre el tema, coincidimos en que el avance de la tecnología digital, las tabletas, los teléfonos super avanzados y las redes sociales, ya se han consolidado en el mundo de las comunicaciones, mientras los periódicos están condenados a seguir perdiendo terreno.  Por todo eso, no se puede perder de vista lo ocurrido con el legendario The Washington Post, a pesar de sus formidables exclusivas, reportajes y la excepcional capacidad de análisis de sus equipos profesionales.  Y The New York Times, que ha tenido que desprenderse de buena parte de sus magníficos periodistas, de The Boston Globe y muchas cosas más.
A Suárez le llama la atención el hecho de que The Washington Post hubiese sido vendido por 250 millones de dólares, a pesar de su importancia mundial, de su circulación, de los portales que posee y de los mecanismos venta de contenidos,  mientras se dice que por la Cadena Capriles pagaron unos 140 millones de dólares, es decir, apenas unos 100 millones más. La Cadena tiene modernas instalaciones, pero nunca se podría comparar con el periódico norteamericano.
Si las portentosas compañías norteamericanas se han tambaleado en manos de propietarios que por años estuvieron a la vanguardia del mundo periodístico, ¿qué podemos esperar en ese país de caos que es Venezuela?