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viernes, 23 de agosto de 2013

Mal augurio para los colombianos

Ricardo Escalante
El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, se nota cada vez más apurado por imponer su reelección a toda costa.  Se nota inquieto, quiere cerrar rápido el paso a cualquier contrincante y se devana los sesos elaborando fórmulas mágicas para seguir gobernando.  Mal augurio para él y también para su país.
En sana lógica, debería estar preocupado por resolver problemas pequeños pero fundamentales que afectan la vida diaria de los ciudadanos, con lo cual se estaría asegurando su entrada en la historia con hechos tangibles.  Pero no, no es así. Le inquietan más los cuatro años siguientes y, por eso, ahora acaba de inventar algo que no tiene ni patas ni cabeza y que, con toda seguridad, sembrará desconcierto y tal vez rechazos.
El presidente Santos durante el lanzamiento de su propuesta 
Todavía, que se sepa, no ha llegado a acuerdos con la narcoguerrilla de las Farc para reivindicarlas y reinsertar a sus miembros a la sociedad, haciéndoles delicadas concesiones que a cuentagotas ya se han comenzado a dejar colar. ¿Por qué entonces propone un referéndum aprobatorio de algo que supuestamente no existe?  El mismo show montado al efecto despierta suspicacias.
Si estuviera pensando en hacer lo mejor para su país, tal vez esperaría el final de unas negociaciones que hasta ahora indican que habrá un solo ganador, que no será esa sociedad que por décadas ha sido víctima de bombas, asesinatos y heridos a mansalva, secuestros, extorsiones, desplazados, grandes operaciones de tráfico de drogas y negocios con gobiernos turbios como los de Hugo Chávez, los Castro, Lukashenko, y pare de contar.
¿Por qué el presidente Santos plantea hacer el referéndum el mismo día de las elecciones nacionales?  Mal síntoma. Si estuviera pensando de manera no perversa, en encallejonar a sus conciudadanos, la propuesta tendría que ser entonces el estudio concienzudo de las implicaciones de una jugada que tiene graves implicaciones y que, si fuera conveniente, pues se procediera entonces a reformar sin apuros la ley para hacer el referéndum.
Mal proceder.  Así actuaba Chávez, modificando leyes a media noche para beneficio propio, articulando triquiñuelas que han desembocado en ese caos total que es la insufrible Venezuela de hoy, gobernada por un primitivo.