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miércoles, 10 de octubre de 2012

Falencias de un candidato


Ricardo Escalante, Texas
Cualquier evaluación de las elecciones del domingo 7 de octubre en Venezuela, tiene que pasar por el reconocimiento de la actuación incansable de Henrique Capriles Radonski y, por supuesto, de los factores políticos integrantes de la alianza opositora. Pero, por supuesto, es temprano para hablar sobre el liderazgo futuro de Capriles y de la unidad del heterogéneo movimiento que lo acompañó.

Por eso, la razón de ser de este artículo se relaciona con el amplio espectro de reacciones que ha habido en el sector derrotado, que van desde la desilusión y el llanto hasta celebraciones por el supuesto alumbramiento de un nuevo salvador de la nación. Y me parece que quienes se sitúan en esos extremos están perdiendo de vista un hecho elemental: La política se hace todos los días y la última palabra nunca está dicha.

La propuesta electoral de Capriles fue respaldada por 6.5 millones de ciudadanos, cantidad superior en dos millones de votos y en 7 por ciento a la obtenida por Manuel Rosales en 2006. Ese caudal es producto del enorme esfuerzo físico de Capriles y de su evidente deseo de desplazar la dañina autocracia Hugo Chávez, pero al mismo tiempo es fruto de la gran contribución de los partidos políticos y de otras organizaciones e individualidades que lo acompañaron. Los gobernadores y alcaldes opositores tuvieron una participación relevante.

Hay muchos elementos que influyeron para que el resultado fuera adverso. Agunos de ellos ya fueron examinados en mi anterior artículo, y existen otros que no voy a tocar en esta ocasión porque quiero concentrarme en el candidato presidencial, que es inteligente y con una corta y a la vez encomiable trayectoria política.  Tiiene muchas cosas por hacer.

Hoy algunos equivocadamente ven en Capriles un líder perfecto, sin debilidades, nacido casi como el mecías. Pero los hechos demostraron que tiene debilidades de peso que, con su inteligencia y su probado deseo de ser líder, deberá tratar de superar. Antes, insisto, hay que reconocer que supo rectificar el discurso vacilante, impreciso, frío, de la etapa de las elecciones primarias y del comienzo de la campaña, para luego desarrollar una estrategia de ataque frontal al gobierno desastroso de Hugo Chávez, que ha causado graves trastornos económicos, políticos, sociales y ,sobre todo, morales a la sociedad venezolana.

En su largo recorrido por el país, las carencias de Capriles en el manejo de los temas económicos fueron protuberantes. Usaba y manejaba las cifras y frases preparadas por asesores económicos, pero eso no era suficiente a la hora de abordar los temas y problemas específicos. Ahora tendrá que dedicar tiempo al estudio de las materias económicas, que son indispensables para todo hombre de Estado aunque, obviamente, un Presidente no tiene por qué ser un sabelotodo.

Después de las elecciones de gobernadores, en las cuales él jugará un papel de primer orden apoyando a sus candidatos, en la oposición se producirá el barajo natural de todo proceso político democrático, que se nutre de la controversia de ideas y de la competencia. Porque solo en circunstancias excepcionales, con imponderables, nacen y se consolidan los líderes políticos, de lo cual son ejemplos Hugo Chávez con sus rebuscadas frases del 4 de febrero de 1992 y César Gaviria Trujillo en Colombia (1989), cuando sin haber sido relevante, surgió en el entierro de Luis Carlos Galán, al ser señalado por el hijo de este como sucesor del proyecto político del asesinado candidato. Lo normal, usual, lógico y saludable, es que los estadistas sean fruto de largas luchas y del estudio.

Otro desafío de Henrique Capriles tendrá que ser el estudio y aprendizaje de la historia latinoamericana y, sobre todo, la contemporánea de Venezuela. Ningún político puede desconocer la historia si quiere entender a su país.

En la campaña electoral y en la rueda de prensa que dio dos días después de su derrota, fue obvio su desconocimiento de la historia contemporánea de Venezuela. Capriles habla de la vieja política y hace insinuaciones sin fundamento contra muchos que lo respaldaron y combaten a Chávez, pero no sabe que, por ejemplo, eso que el Presidente califica despectivamente de vieja política -a pesar de las múltiples desviaciones, fallas y hechos de corrupción- tiene abundantes pasajes hermosos de valentía y dedicación, con obras y personajes merecidamente imperecederos.

Eso que Capriles llama con asco la vieja política -al igual que Hugo Chávez-, representa el período más largo de la vida democrática venezolana, con personajes fundamentales como Rómulo Gallegos, Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Andrés Elñoy Blanco, Raúl Leoni, Rafael Caldera, Juan Pablo Pérez Alfonso, Carlos Andrés Pérez, y hasta miembros de la izquierda radical que luego comprendieron su equívoco e hicieron contribuciones relevantes a la vida del país y a sus instituciones.

Entre los hechos concretos de la vieja política que no podrán ser desconocidos, están la lucha contra la dictadura atroz de Marcos Pérez Jiménez y aun antes, contra el oprobio de Juan Vicente Gómez; el Pacto de Punto Fijo, que en su breve vigencia logró convertirse en un modelo a seguir sobre gobernabilidad; la conquista del voto universal, directo y secreto, la masificación de la educación, las obras de Gurí, el surgimiento de una clase media sólida, el Plan de Becas Gran Mariscal de Ayacucho y muchas cosas más, que Capriles no ha tenido tiempo de estudiar.

No se trata de repetir gobiernos porque, en primer lugar eso sería imposible, dado que sus protagonistas están muertos y sus partidos están extinguidos o en los estertores de la muerte, pero la historia está ahí y es imborrable. Además, los asesores de Capriles tuvieron el desatino de no enseñarle ciertos ejercicios útiles de memoria, para evitar que algún malintencionado saliera a recordar que ese candidato había iniciado su carrera política agarrado de la mano de COPEI, partido que lo hizo diputado por el Zulia y luego Presidente de la Cámara de Diputados en una alianza de la vieja política.

Y, finalmente, es obvio que existen muchos otros dirigentes políticos jóvenes con grandes méritos, sólida formación académica, con algo del necesario burdel y hasta con ideas distintas, que también luchan con igual derecho por una vida mejor para sus conciudadanos.  Por todo eso y más, solo podemos decir: Amanecerá y veremos.