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domingo, 14 de octubre de 2012

En la mitad de la nada


Ricardo Escalante, Texas
Dadas las encontradas reacciones que despertó mi anterior artículo de opinión (Falencias de un candidato), me veo en la obligación de hacer nuevos comentarios y precisiones sobre lo que en mi concepto debe ser el nuevo liderazgo político venezolano.

Algunos estuvieron de acuerdo con los criterios entonces expresados, otros los interpretaron como una apología irracional a los gobiernos y a la clase política de los cuarenta años anteriores a la autocracia de Hugo Chávez. Yo, sin embargo, había advertido que en esa etapa importante de la historia nacional hubo graves errores, desviaciones y corrupción, así como logros relevantes y virtudes de muchos dirigentes. A eso no agrego ni quito nada.

También dije que era imposible repetir gobiernos y calcar decisiones y errores. Pero lo que sí debo explicar ahora es adónde, en mi opinión, debe ir el país y qué clase de liderazgo deberíamos tener, para lo cual son necesarias algunas consideraciones fundamentales sobre las dos venezuelas que a duras penas hoy comparten el mismo territorio.

La primera Venezuela es un poquito más grande que la otra. Es la que gobierna y desgobierna a su antojo y ha convertido el país en dominio del hampa y de atropellos. Esa Venezuela es una realidad. Existe y representa 54 por ciento de la población, y sigue siendo la misma que elección tras elección, desde diciembre de 1998 se ha pronunciado de manera inequívoca por una fórmula autoritaria, y está satisfecha con las pretensiones de perpetuidad del líder.

Para tratar de entender y explicar ese fenómeno es bueno acudir a la historia nacional, que apenas muestra períodos muy breves de democracia efectiva. Esto, que tampoco se puede ignorar, permite ver la histórica sumisión al hombre fuerte y conduce a la pregunta de por qué eso sigue ocurriendo, a pesar de que ya no somos el mismo pueblo rural e iletrado del siglo XIX y el mundo ha sido revolucionado por las comunicaciones electrónicas. Algunos piensan que se trata sólo del apoyo a quien regala cemento, láminas de zinc y dinero efectivo, para que todo siga como está, pero yo creo que hay algo más que debe ser estudiado con seriedad y ponderación, como causa de nuestros quebrantos. Sería, entonces, interesante una investigación sociológica desapasionada sobre la idiosincrasia del venezolano.

La otra Venezuela es una descuartizada, hecha mil pedazos, que se unió detrás de Capriles Radonski por la razón inevitable. Hay en ella un sector importante de ciudadanos sensatos que entienden la política como el arte del pluralismo, el diálogo y la confrontación de ideas, pero también hay extremismos similares al prevaleciente en el chavismo. Hay sectarios e interesados en ventajas personales y de grupo y hay, además, otro sector de escépticos frente a todo.

Una porción mayoritaria de esa Venezuela quiere y busca un cambio detrás de un líder joven por joven, sin entrar en análisis de fondo sobre su formación cultural y política, sobre sus capacidades reales. ¿Eso es bueno? Yo más bien pienso que podría ser joven, estudioso y bien apto para el ejercicio de las funciones del Estado, pero también podría ser otro con un poco más de edad y con iguales o más adornos. Lo importante es que quienes tienen méritos y aspiraciones dejen ver sus cualidades en la lucha contra el gobierno unipersonal, porque nadie sabe si la salud de Chávez aguanta el trote de 20 años abusando del país a su antojo y tampoco nadie sabe qué puede pasar. Y, por otra parte, es bueno recordar que el espadachín justiciero que muchos en sus arrebatos veían en el joven teniente coronel (44 años cuando llegó a Miraflores), ha servido para destrozar el país. De allí que sin caer en exclusiones, me limito a lanzar inquietudes al voleo.

¿Adónde debe ir el país? A un movimiento con efectiva democracia interna que nazca de manera natural, sin fórceps, que ofrezca una esperanza sustentada en un proyecto político con ideas y programas. Con fórceps nacieron el PSUV y antes el MVR y el MBR 200, sin que ninguno de ellos haya ido a la esquina como verdadero partido político, porque han sido creación de un hombre y por un hombre dañino, iluminado y corrupto; pero, de igual manera, es indispensable reconocer que en la oposición de los últimos años ha habido grupos y partidos efímeros, sin valores especiales.

Hay quienes sostienen que las ideologías son apenas enclaves del pasado, arcaicas, casi paleolíticas. Dicen que hoy no tiene sentido hablar de derechas, de centro o de izquierdas. Para mí todo eso sí tiene sentido. Y lo digo con convicciones, porque todavía no veo en la oposición el asomo de un partido o movimiento que se encamine a sustituir los desvencijados partidos políticos que hoy tenemos. Y ahí quería llegar para mencionar la razón de ser de mi anterior artículo, porque en la vieja política no todo era corrupción, hampa, sinrazones, es decir, todo eso que hoy salta a la vista y empuja oleadas al exilio. Y aclaro: No soy abogado de la vieja política.