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viernes, 22 de junio de 2012

Hipocresía ante el caso Lugo

Ricardo Escalante, Texas
La destitución del presidente Fernando Lugo, de Paraguay, preocupante por muchas razones, pero no es la primera vez que algo de ese tenor ocurre en el Continente y, por lo mismo, debe ser analizado con especial detenimiento.

Todo indica que Lugo no tuvo responsabilidad directa en los asesinatos que se le imputan, a pesar de lo cual fue destituido sin fórmula de juicio. Bastó el salto de talanquera de un grupo político que antes lo apoyaba, para conformar la mayoría inquisidora. No se tomó en cuenta la condición de Primer Magistrado de la República, que en cualquier país con un estado de Derecho respetable habría ameritado un tratamiento especial. Eso, por supuesto, no exculpa a Lugo de los mayúsculos errores cometidos durante su ejercicio presidencial, entre ellos la promoción de invasión de tierras al estilo del régimen venezolano de Hugo Chávez.

En Venezuela ya una vez ocurrió algo parecido que desembocó en la alteración del sistema democrático que había prevalecido durante cuarenta años, aunque había serias fallas y vicios. A Carlos Andrés Pérez lo destituyeron con procedimientos amañados, en medio de una confabulación de sectores de derecha e izquierda, después de dos golpes de Estado, cuando, como en el caso de Lugo, apenas faltaban 9 meses para el final de su mandato.

La destitución de Fernando Lugo es interesante en tanto en cuanto que despertó la inmediata solidaridad del gobierno venezolano, cuyos personeros fueron parte de la desestabilización del presidente Pérez. Hugo Chávez protagonizó el golpe del 4 de febrero de 1992 y fue cómplice del segundo, que tuvo lugar el 27 de noviembre de aquel año. El flamante secretario general de Unasur, Alí Rodríguez Araque, nunca condenó aquellas acciones de Chávez y, por el contrario, siempre las ha celebrado.

Evo Morales, Daniel Ortega y otros reivindicadotes de los golpes de 1992 en Venezuela, ahora se rasgan las vestiduras en defensa de lo que, evidentemente, es una retaliación política para defenestrar a Lugo. En pocas palabras, demuestran doble moral.

Es de suponer que el derrocamiento de Lugo traerá consecuencias institucionales en Paraguay, país con un pasado de dictaduras militares tan brutales como la de Alfredo Stroessner, que sojuzgó a su pueblo entre 1954 y 1989. La confabulación contra Pérez las tuvo en Venezuela, muy graves, y seguimos pagando el alto precio.
 ricardoescalante@yahoo.com