Páginas

viernes, 14 de febrero de 2014

Venezuela se deshilacha

Mercenarios del gobierno matan, hieren y cometen otros abusos contra la población desarmada.
La dirigencia opositora, entretanto, está hecha pedazos y no logra interpretar el sentimiento de las masas.

Ricardo Escalante
Venezuela arde en protestas  causadas por la represión y el vandalaje de Nicolás Maduro y su corte, mientras la oposición está tan cuarteada como en la época de Hugo Chávez: Sin mensaje sólido y sin un líder que sacuda el corazón de las masas. Las perspectivas del panorama político son inciertas.
Los augurios de un abrupto derrumbe del régimen están animados por la pasión, lo que contribuye a crear la falsa sensación de que nos encontramos ante el alumbramiento de un nuevo estado de cosas y esto, a su vez, deriva en frustraciones y desasosiego.
La pretensión del gobierno es eliminar cualquier resquicio de libertad de expresión y de pensamiento, en un ambiente de caos moral y económico que poco se diferencia del prevaleciente en Cuba. Sin alimentos y sin papel higiénico, porque al envilecer la dignidad humana se crean las condiciones para el afianzamiento de los corruptos en el poder.
Las manifestaciones de protesta han sido grandes y se justifican ante la escalada de atropellos.  En buena medida la gente sale a las calles de manera espontánea aunque, por supuesto, se debe reconocer que Antonio Ledezma, Leopoldo López y María Corina Machado, convocaron a la concentración del 12 de febrero en Caracas y condenan de manera firme la violencia causada por mercenarios del gobierno.
Al mismo tiempo, a leguas se perciben las diferencias entre Ledezma, López y Machado, así como entre estos y Capriles Radonsky. Es obvio que andan juntos pero no revueltos. Hay distancias lógicas y hasta naturales porque sus orígenes e intereses son distintos y, en ese clima, el dinero y la logística le dan más fuerza a los gritos de Leopoldo López.
Henrique Capriles pareciera haber entrado en barrena en las últimas semanas. Con su discurso trastabilla, entra en contradicciones y no interpreta el sentimiento de las masas. No obstante, como en política nunca está dicha la última palabra, está por verse si él será capaz de reponerse.  Todavía es joven y tiene tiempo para aprender.
En medio de la anarquía, Maduro se quitó el antifaz al confesar que no le importa ser llamado dictador y lanzó al voleo amenazas contra la prensa, al decir que a ésta ya le tocará su turno (¡Que ya llegó!).  Ahh, pero, al mismo tiempo, no es plausible olvidar que los dueños de periódicos reclaman divisas para importar papel, pero ninguno de ellos se ha metido la mano en el bolsillo para importar las bovinas por sus propios medios. Hay empresas periodísticas boqueando pero con dueños ricos.
Otra verdad es que la prensa venezolana dejó de tener peso en la opinión pública porque su circulación es irrisoria. Para prolongar en algo su agonía, en las últimas semanas se redujo a cifras insignificantes tanto el número de ejemplares en circulación como el de páginas.
El Ejecutivo prometió vías para “resolver” el problema a su manera.  El único importador de papel será el gobierno y lo suministrará a precio de costo a quienes dejen de ser incómodos, es decir, a quienes divulguen las “bondades” del dúo Maduro-Cabello y su comparsa malévola.  ¿Será eso libertad? ¿Puede haber impasividad frente a las tropelías y el cinismo?
Entretanto, a diario hay estudiantes asesinados, heridos presos, vejados, por asumir una actitud valiente y, de igual forma, los matones del gobierno son fotografiados en plena acción, armados hasta las dientes. Maduro ha prometido mano dura frente a los responsables de la violencia, pero ya sabemos dónde los busca.  Todas estas son verdades incontrastables que dan para otros artículos.
@opinionricardo