Páginas

lunes, 4 de febrero de 2013

Yo, asesor presidencial

Ricardo Escalante, Texas
Hoy ando contento y no es para menos:  Me he enterado, aunque con comprensible demora, que mi gran amigo Nicolás Maduro, ¡por fin!,  pegó una:  Acaba de revelar su decisión de luchar contra la corrupción que devora a la sociedad venezolana. Pero, claro, a él no se le puede pedir mucho porque apenas está aprendiendo y, además, para eso están los asesores: Para indicarle el sendero correcto.
 
Pues bien, aplaudo su acierto pero, con el aprecio que le profeso debo decirle que la cosa estuvo bien en la forma pero no en el fondo.  Y por el conocimiento que tengo de sus sanas intenciones, imagino que la metida de pata es de esos pésimos asesores cubanos que no saben quién es quién en Venezuela. En ese embrollo, al mezclar chicha con limonada el resultado no podía ser más diarreico.
Maduro habló de Pdvsa y de Primero Justicia y en la Asamblea Nacional montaron un coro. Cuando PJ todavía no era partido político sino una ONG, algunos de sus miembros incurrieron en un acto cuestionable desde el punto de vista moral pero no ilegal y, por eso, estoy seguro que ahora Maduro trató pero no pudo comunicar lo que le dijeron:  Que en la industria petrolera roja rojita manejada por el hombre de sospechosa voz aterciopelada, todo o casi todo es ilegal e inmoral. Corrupción a montones, cuánto hay pa´ eso...  Por eso no pasó de Primero Justicia.
Con su especial candidez y con sus avanzados conocimientos de la escuela primaria, Maduro salió lanza en ristre con las denuncias.  Ahh, pero el detallito estuvo en que detrás de los asesores del Presidente Encargado (Encargado, porque del otro nadie sabe nada) se movía nada más y nada menos que el ambicioso Diosdado Cabello, sin que la inocencia le permitiera a mi amigo saber por dónde iban los tiros. En la Fiscalía General de la República y en otros lugares reposan cerca de 30 señalamientos concretos de desfalcos del Erario por miles de millones de dólares, cometidos por Cabello a su paso por la Administración Central  y en la Gobernación de Miranda.
Maduro, además, durante un buen tiempo fue superministro de Relaciones Exteriores y viajó interminables veces a Buenos Aires. En aquella hermosa ciudad de aires europeos, él contemplaba absorto calles, avenidas, monumentos, y miraba los techos y las hermosas lámparas de cristal de la Casa Rosada, mientras avanzaban hechos de corrupción sin precedentes que habían comenzado antes de su llegada al cargo.  
De allí que sin enviarle papelitos y sin apelar a terceros, hoy le ofrezco a mi entrañable Nicolás una buena asesoría, para explicarle cómo mientras él se chupaba el dedo, entre mayo de 2005 y septiembre de 2008 Venezuela compró 6.340 millones de dólares de la deuda pública argentina, en operaciones que hicieron archimillonarios a unos cuantos rojos rojitos y a otros del entorno de los Kirchner.  Ahh, por cierto, olvidaba mencionar las maletas repletas de petrodólares venezolanos que Cristina recibía con placer y, por supuesto, podría citarle muchos y peores casos, pero por ahora ahí tiene éstos para que se divierta en grande.
Algunos podrían pensar que al escribir estas líneas no oriento a mi bien apreciado amigo para que se cubra de gloria, para que entre a la historia por la puerta grande. Pues bien, para dejar sin resuello a esos suspicaces, aquí voy:  Nicolás, ¿sabías que otro comunista de escasa formación como tú y de grandes agallas como tú, sacudió al mundo con un solo discurso? ¿Sabías que Nikita Khrushchev denunció a quien había sido su jefe por crímenes monstruosos y por una corrupción descomunal?  Bueno Nicolás, yo sé tú no tienes ni los cojones ni la inteligencia poco cultivada  del soviético rudo, pero anda, ¡decídete!  Denuncia la inmensa corrupción de los últimos 14 años en Venezuela. Cuenta todo lo que sabes de la banda de los Chávez.
Bueno Nicolás, entiendo que eres corresponsable de muchos de esos actos, pero no podría recomendarte el suicidio político.  ¡Eso nunca!  No puedes declararte culpable de hechos de corrupción en la Cancillería, ni de otras barbaridades como el cierre del consulado en Miami para impedirle el voto a un buen número de opositores.  No puedes inmolarte, Nicolás.  Pero anda, procede.  Mete preso a Diosdado, a Rafael Ramírez y a muchos otros corruptos del régimen.
¡Nicolás, cuenta conmigo!  ¡Yo te apoyo!