Páginas

domingo, 3 de febrero de 2013

Rajoy con plomo en el ala

Ricardo Escalante, Texas
Desde antes de las elecciones generales que dieron el triunfo a Mariano Rajoy en España, algo olía mal y esparcía dudas sobre su capacidad para gobernar. Pero claro, el problema estaba en que el Partido Socialista liderado desde el gobierno por Rodríguez Zapatero, daba bandazos y aparecía como responsable directo de la debacle económica que poco a poco fue avanzando, hasta llegar a los límites insostenibles de hoy.

El candidato socialista Alfredo Pérez Rubalcaba era superior desde el punto de vista intelectual y como dirigente político, con su estilo reflexivo, sereno, sin brincos, pero el fardo de Rodríguez Zapatero le doblaba el espinazo y lo colocaba en desventaja. Hizo lo que pudo pero el resultado estaba cantado.

Hay un germen desestabilizador que poco a poco se ha ido incubando y que en buena medida le ha dado peligrosas ínfulas a la extrema izquierda: La interminable suma de errores de los dos principales partidos, hoy oxidados y desprestigiados de manera preocupante. El ingrediente adicional lo ha puesto la monarquía española para desconcierto de los ciudadanos, agobiados por el desempleo, la inflación sin precedentes, mayores impuestos y, por supuesto, por la rampante corrupción.

El Rey solo-mata-elefantes, enterado con mucha anticipación de las andanzas su yerno vivaracho, esquilmador del Erario, fue incapaz de actuar de manera aleccionadora. Y el Príncipe Heredero se ha chupado el dedo, mientras sus conciudadanos están cada vez más decepcionados en ese país que hace una década era símbolo de creciente prosperidad y avances sociales.

En ese panorama desolador acaba de ocurrir lo único que faltaba: El estallido del escándalo de corrupción más sonoro de las últimas décadas, que mancha incluso las manos del Presidente del gobierno, de varios de sus ministros y salpica al hombre más importante del partido, José María Aznar. Es como para llevarse las manos a la cabeza y preguntar: ¿Queda acaso algo más? Por eso, a conciencia de la extrema gravedad de la situación, Pérez Rubalcaba acaba de pedir la dimisión de Rajoy, aunque este apenas mira a un rincón con esa cara de yo no fui. Al estar Rajoy en la lista de quienes recibían dinero ilegal del extesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas, la cuestión deberá ser investigada a fondo, pero eso ya es suficiente para que su gobierno caiga.
Rajoy, como dije, ya me inspiraba cierta desconfianza desde aquella no lejana época electoral, cuando prometía las villas y castillos incumplibles. Después ha hecho todo lo que dijo que no haría y que tiene a España al borde del abismo.

 Para nosotros los latinoamericanos, la cosa es bien aleccionadora. Sin embargo, ya sabemos que en los tuétanos llevamos algo o mucho de españoles, lo que ya es bastante para explicar por qué estamos como estamos.