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martes, 1 de diciembre de 2015

Díaz Rangel o el antiperiodismo

Ricardo Escalante
El periodismo cumple una misión social grande y grave, que va mucho más allá del deber de informar y de formar opinión, para desafiar sin temor el poder cuando los derechos civiles y políticos son conculcados.  No se trata de transformar el oficio en fe política, sino de exigir el cumplimiento de la ley a la hora de denunciar camarillas deshonestas.

Es larga la lista de hermosas lecciones de periodistas y medios que en distintas partes lo han hecho sin importar las consecuencias. Muchos han dejado sus vidas en el camino o han ido a parar a la cárcel o al destierro, pero la verdad siempre ha terminado por imponerse aunque los culpables no hubiesen recibido el merecido castigo.

Uno de los grandes ejemplos de esa lucha son Carl Berstein y Bob Woodward con la memorable investigación que culminó con la caída del entonces todopoderoso Richard Nixon en agosto de 1974, después de haber sido amenazados incluso con prisión. Claro, tanto The Washington Post como su director, Ben Bradlee, también se revistieron de coraje para respaldar a sus reporteros con una firmeza sin precedentes. Bradlee pasó a ser el director de periódico más importante del siglo XX en el mundo entero y el Post se transformó en una referencia global.

Viene esto a colación por los conceptos emitidos por Eleazar Díaz Rangel en sus columnas dominicales en Últimas Noticias, reiterativos de su apoyo irracional al peor y más opresor de los gobiernos venezolanos, que ha traído sufrimientos sin precedentes.  ¿Por qué, a pesar de su trayectoria profesional, Díaz Rangel devino en espadachín de un régimen abominable? Para dibujar una respuesta es bueno hacer un vuelo rasante sobre sus más de 6 décadas en la política y el periodismo en Venezuela.

Con trato amable, sonrisa a flor de labios y el aspecto a lo Dorian Gray que lo acompañó hasta hace pocos años, Eleazar se labró en la Universidad Central y en los organismos sindicales y profesionales, el respeto tanto de innumerables generaciones de noveles como de experimentados periodistas que veían en él un exponente de virtudes irrenunciables. Fue, además, un excelente reportero deportivo y un líder gremial portentoso.

En la juventud del Partido Comunista luchó contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Luego, cuando los desmanes de dictadura soviética quedaron al desnudo y Teodoro Petkoff publicó el libro Checoslovaquia, el socialismo como problema, el PCV se escindió y dio lugar al MAS, cuyos primeros años cobijaron a contingentes de izquierdistas que se negaban a aceptar el fracaso de sus quimeras. Así, montado en esa ola, el personaje de marras llegó al Congreso de la República en planchas del MAS y junto a otros hizo de la colegiación de los periodistas su bandera principal.

Ascendió a la presidencia de la Asociación Venezolana de Periodistas, de la Federación Latinoamericana de Periodistas y fue dirigente fundamental del Colegio Nacional de Periodistas, esgrimiendo valores esenciales de la libertad de prensa y expresión de los ciudadanos y, sobre todo, de los trabajadores de los medios. Eso lo proclamaba en la UCV, en el CNP y en la calle, hasta el día menos esperado, en que casi como por obra y gracia de los ángeles…

En los primeros meses de 1998 Díaz Rangel andaba alumbrado por la hermosura de Irene Sáez y su proyecto presidencial frívolo. No lo ocultaba, parecía ingenuo. Elogiaba las “ideas” de la reina de belleza y criticaba a Hugo Chávez cuando todavía los vientos no soplaban a su favor, pero cuando la candidata perdió el halo y ocurrió lo sabido por todos, el curtido periodista no resistió el embrujo del militar que -a pesar de los muertos y heridos de la trastada del 4F-, encandilaba a insensatos y oprtunistas.

Luego, mientras las brasas de la disputa entre los herederos de Miguel Angel Capriles ardían al rojo blanco y el olor a chamuscado era penetrante, el poderoso Chávez no vaciló para meter baza en el asunto.  Bastó la amenaza suya de inclinar la balanza judicial en el pleito, para que los Capriles López dejaran a Teodoro Petkoff agarrado de la brocha y lo reemplazaran en la dirección de El Mundo por el flamante Díaz Rangel, quien con el traje rojo rojito casi nuevo pasó poco después a dirigir Últimas Noticias. A la larga los Capriles vendieron la Cadena, que como la mayoría de los medios nacionales se convirtió en instrumento de mentiras y propaganda del régimen.

Con toda esa historia aquí comprimida, Díaz Rangel vino a demostrar que en el avanzado otoño él pudo haber sido el mismo de toda la vida... Había tenido posiciones políticas, gremiales y éticas invariables, ahh pero el despiadado transcurrir del tiempo hizo que la política y la ética sí se corroyeran y apestaran cada vez más. Él se escondía en su antifaz, pero…  ¿Díaz Rangel creerá ahora su propia historia?