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miércoles, 8 de agosto de 2012

El síndrome del perro

Ricardo Escalante, Texas
Escribir una columna semanal con temas de interés para los lectores no es fácil, sobre todo porque no vale la pena llover sobre mojado con ideas aburridas que muchos examinan cada semana con escasas variaciones. Algunos columnistas ahora lucen pesados, repetitivos, sin nada nuevo que comunicar, lo que les da un aire de afectados por el síndrome del perro que incansablemente persigue su cola, y eso es lo que ahora trato de evitar.

Por eso esta vez me limito a contar qué y cómo hago para escribir mis artículos, razón suficiente para confesar que no elijo los temas y ni siquiera pienso en ellos. Salen solos, casi en el mismo momento en que me siento frente a la computadora y digo “llegó la hora, tengo que salir de esto porque asumí un compromiso con mis pocos lectores y no puedo ni debo defraudarlos”. No niego que debería investigar, analizar y pensar la mejor manera de transmitir enjundiosas ideas, pero, claro, la cosa es que tampoco nadie paga un solo dólar por publicarlas y lo hacen a manera de favor.

A veces, mientras estoy en algún sitio o converso con alguien surge algo que me hace pensar en un artículo, pero cuando llega el momento entonces ni siquiera lo considero importante o he olvidado el ángulo que antes me atraía. Así funciona la memoria y así es el ser humano y yo, por supuesto, ni soy ni puedo ser la excepción. Tampoco, aunque en verdad quisiera, puedo ser completamente original porque no a todos los temas se les puede dar la fuerza necesaria para capturar al lector. Además, tal como hace poco le comentaba a un buen amigo, el trabajo me exprime de tal manera las habilidades intelectuales, que cuando voy de regreso a casa no pienso en nada. Bueno, hay otros que jamás han pensado nada serio, como aquel poderoso teniente coronel que habla... No, no, mejor no sigo por ese camino porque hace apenas unas líneas había rechazado el síndrome del perro.

Una vez listo el borrador lo leo y hago los ajustes a que hubiere lugar, hasta el día siguiente por la mañana cuando le doy la segunda y definitiva lectura y, en este caso, procedo a colocarlo en  mi blog, para luego despacharlo a varios medios.

He explicado esto porque creo que así como en Venezuela unos sólo elogian las bondades de Chávez mientras otros atacan su poder destructivo, sin pensar en un mensaje eficiente y capaz que contribuya a salir del atolladero, igualmente digo con experiencia que los medios de Estados Unidos dirigidos al público de habla española son desesperantes porque un alto porcentaje de sus columnistas, analistas, reporteros, etc., exhiben un pésimo y hasta ofensivo manejo del idioma, además de que el asunto de su interés es casi exclusivamente el migratorio. Existen, claro está, las honrosas excepciones y existen publicaciones especializadas, además de ese importantísimo recurso que es internet, y que por fortuna me permite leer El País, de Madrid, The New York Times, The Sunday Times y otros periódicos que van más allá.