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domingo, 1 de julio de 2012

¿Malas pulgas yo?

Ricardo Escalante, Texas
Son las seis de la tarde. El calor es intenso y húmedo. Me siento en el patio, miro los árboles y noto que ni siquiera una hoja se mueve. El tiempo transcurre lenta, pesada y pegajosamente y, no sé por qué, en el aire flota el presagio de algo malo. Trato de concentrarme en Los años con Laura Díaz, mientras un noticiero radial avanza con poco volumen.

Apenas he estado diez o quince minutos en eso, pero la sensación de que algo malo va a ocurrir no me abandona. Miro a un lado, veo un pájaro negro que con aire desafiante camina hacia mí, no vuela, como para infundirme pavor. Ya no puedo más y me levanto contrariado: El pájaro negro, el calor y todo eso de mal augurio, me impide fijar la atención en Carlos Fuentes y en aquello que podía haberme ilustrado sobre los avatares de la vida mexicana. Pero bueno, toda la vida he sido incapaz de hacer dos cosas a la vez y admito que con frecuencia una ha sido demasiado.

En esas estoy cuando repica el teléfono celular y presiento una mala noticia porque, además, no esperaba ninguna llamada. Al fin y al cabo nadie o casi nadie me llama, cosa que me place. ¿Aló? ¿Aló?, del otro lado viene la voz de mi viejo y hasta fastidioso amigo inglés.  “¡Hey!, ¿dónde andabas, que has hecho?”  “Bien, bien, viajando, en reuniones aquí en Minsk, viendo lo que pasa, pero no te había llamado porque eres malas pulgas… Aquí hay algo que te interesa y…”  Para cortar por lo sano, creo yo, interrumpo a mi irónico amigo inglés diciéndole que nada de la lejana Bielorrusia me interesa.

“Pues sí, y mucho. Vine a explorar negocios porque, como sabes, ustedes acaban de firmar un montón de acuerdos económicos con Bielorrusia y uno rojo rojito me sugirió algo pero, tu sabes, siempre es lo mismo: ¿Cuánto hay pa´ eso?, y hasta me proponen inflar precios en 1.700 por ciento”.  No sé por qué, pero esas frases de mi arrogante amigo suenan exageradas, y no sé quién se atrevería a hacer eso en el gobierno venezolano de Chávez, pero el británico continúa: “Ya te daré detalles. El alto, blanco, pelo canoso, ojos azules y voz aterciopelada, ya anda moviendo sus hilos.  Una vez te expliqué cómo hacían el negocio con leche china podrida y otra vez van por ahí”…

Sé, me consta que este amigo, conocedor de los buenos pubs de Londres, sabe colarse en lugares importantes y entablar pronto amistades de alto vuelo y, por lo mismo, le creo cuando me dice que hay razones suficientes para seguirle la pista a Kolia, ese personaje sui géneris que a sus 7 años anda de paltó y corbata, una pistola verdadera al cinto y repartiendo órdenes que inmediatamente son acatadas por agentes de seguridad. Bajando un poco el tono de voz, agrega algo que parecen preguntas pero que en realidad esconden afirmaciones: “Entre ustedes no existe un “Kolia”, ¿verdad?  A Huguito, jr, no se le ve cerca del poder y existe una manifiesta predilección por las hijas, particularmente por Rosa Virginia, a quien le atribuyen ambición política”.

Ya cansado por la perorata, exclamo: “¡Coooño, chico! Termina de decir lo que vas a decir”.  “Bueno, tu no cambias. Eres malas pulgas. Lukashenko ha estado 19 años en el poder y ya está preparando a Kolia, Hugo ya tiene 14 en el palacio presidencial y está preparando a Rosa Virginia, pero si el cáncer no lo derrota mandará 50.  ¡Reacciona, coño!”
ricardoescalante@yahoo.com