Páginas

lunes, 3 de marzo de 2014

Yo me tambaleo, tú te tambaleas, él… ¡No! Él no.

Ricardo Escalante
Hay palabras y expresiones que, como la ropa, se ponen de moda y pronto se olvidan.  Digo ésto porque desde el ascenso de Hugo Chávez hemos estado tambaleándonos, claro, unos más que otros y, como cualquiera de escasa inteligencia podrá suponer, a estas alturas todos los venezolanos hemos sido tambaleados, pero Nicolás Maduro y sus cómplices no. Ellos son la excepción.

Cada ciudadano empieza el día con tambaleos, sobre todo si tiene que ir al mercado, a buscar un repuesto para el carro o visitar la farmacia. El aceite, las arepas y el azúcar, no cesan el tambaleo. En cambio, el papel higiénico no.  Las dificultades con ese bien “suntuario” finalizaron al ser inaugurada la misión Trapito Mojado, que pone al alcance de todos esos maravillosos pedazos de coleto que se venden como pan caliente.  “¡Coleto para tu culito!”, es la pegajosa propaganda que muchos tararean en cualquier lugar, a cualquier hora.

Claro, Maduro está por encima de cualquiera de los avatares de la vida venezolana. No usa coleto porque Fidel y Raúl Castro le hacen despachos diarios de un papel de seda especial, que agota antes del anochecer. Las repetidas y malolientes urgencias presidenciales reclaman cada vez mayores cargamentos de ese papel “made in Cuba”, a pesar de las reiteradas afirmaciones oficiales sobre su valentía, que aún no ha pasado la prueba de fuego. “Maduro no se tambalea ni se tambaleará”, dijo algún convencido. “Eso no solo sería inconveniente, sino que en el país no existen razones objetivas para su desplome”, comentó otro. “¡Caídos están los oligarcas!”, exclamó Diosdado.

En los últimos días también se nos ha advertido que la cosa se pondría color de hormiga si Maduro se llegara a tambalear, porque el ineluctable sucesor sería un militar desalmado peor que Pinochet, Stalin y otros… Pero yo, suspicaz y siempre malsano, en este instante me hago preguntas para las cuales la limitada inteligencia me impide ingeniar respuestas oportunas y apropiadas.

¿Acaso Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Gustavo Machado y otros, tenían esa aprensión mientras luchaban contra la sangrienta dictadura de Marcos Pérez Jiménez? ¿Tenía sentido el aguerrido espíritu de la generación del 28 cuando combatía a Juan Vicente Gómez?  ¿Vino una brutal dictadura militar cuando Chávez renunció en el 2002, o Pedro Carmona y su comparsa fueron culpables del infausto retorno?

Digo y repito, como mi imaginación no da para tanto, ¿tendremos entonces que aplaudir los robos, torturas, asesinatos y otras pillerías de Nicolás Maduro y sus facinerosos?  ¡Me niego a creerlo!
@opinionricardo