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lunes, 9 de noviembre de 2015

Impactos del precio del petróleo en América Latina

David Mares, experto energético californiano: En países importadores, como los centroamericanos, el Caribe y Chile, los efectos han sido beneficiosos, mientras en Venezuela ha sido un desastre como consecuencia de sus políticas.
Ricardo Escalante

Dr. David Mares


















Es apasionante ver los efectos dispares de los bajos precios del petróleo en las economías de América Latina.  En algunas, como las centroamericanas y del Caribe, esos efectos han sido los de un bálsamo, mientras en otras han causado daños de distintas magnitudes: Proyectos industriales se frenaron, los aparatos burocráticos demostraron sus debilidades y la pobreza aumentó.

Ningún país de la región ha sido ajeno a esta caída de precios con características muy particulares, tanto por la variedad y la potencia de los componentes como por el efecto prolongado. Para bien y/o para mal, las consecuencias se han hecho sentir desde México hasta Paraguay.

David Mares, experto en asuntos energéticos egresado de Harvard University, con larga experiencia en la investigación en grandes universidades, entre ellas la de California, el Baker Institute y otros, autor de una larga lista de libros sobre la materia, además de buen conocedor de las realidades latinoamericanas, aborda el tema en esta entrevista.

-¿Qué consecuencias han tenido en la región los precios bajos del petróleo?
-La incidencia varía.  No podemos hablar de consecuencias de manera uniforme porque los países son distintos y el impacto no es igual en importadores que en exportadores de hidrocarburos.  Para Chile, Centroamérica y el Caribe, esa reducción de precios ha sido beneficiosa, pero para Venezuela ha sido desastrosa.  Ahora bien, si se enfoca el asunto desde el punto de vista climatológico, entonces la incidencia es negativa en términos generales porque al estimular el consumo de petróleo también se estimula la contaminación.

-Hablemos desde el punto de vista de la producción de petróleo en la región…
-Hay países, como Argentina, México y Venezuela, en los cuales la producción petrolera ya tenía problemas cuando los precios eran elevados. Aún en ese momento no había los incentivos necesarios para que la producción fuera la que los gobiernos decían que iban a producir.  En Argentina eso ocurría no solo con el petróleo sino también con el gas; la producción en la zona de Presal, en Brasil, no estaba tan afectada por los precios como por las reglas oficiales. Las reglas en Brasil son la causa de que no se produzca lo que el gobierno decía que iba a producir. En Venezuela, al igual que en México, ya había serios problemas antes del desplome del mercado petrolero. Colombia es distinta porque sus reservas no alcanzan siquiera los niveles de Ecuador, y es un productor secundario de petróleo, lo que hace que al caer los precios la participación de ese sector en la economía nacional disminuya en términos relativos.  Ahora, Colombia ha sido bastante afectada en términos de su producción a corto y mediano plazo.

-Las tecnologías avanzan sin que el petróleo haya sido desplazado como gran fuente energética.  ¿Por qué?
-Porque la tecnología no se desvincula del mercado.  Cuando el precio de los hidrocarburos es elevado, se hace rentable la instalación de láminas solares, etc.; pero cuando ocurre lo contrario, entonces el uso de las fuentes alternas no es atractivo ni para empresas ni para el ciudadano común.  Los precios de los hidrocarburos no seguirán por mucho tiempo en los niveles actuales, que hacen imposible pensar que habrá avances en el desarrollo de las fuentes alternas.

-En los países del sur del Continente hay fuertes corrientes de viento.  ¿Podríamos pensar en la posibilidad del desarrollo substancial de la energía eólica en los próximos años en esa zona?
-La dificultad está en que no se ha inventado la manera de almacenar la energía y eso afecta, por supuesto, de manera substancial la generación eólica y solar. Siempre se requerirán otras fuentes alternas y, en consecuencia, las energías eólica y solar no dejarán de ser secundarias.  Lo que sí pudiera hacerse es utilizar más la energía hidroeléctrica, pero ahí surge un problema diferente: Hay movimientos ambientalistas, comunidades y otras organizaciones sociales, que la consideran no sólo contaminante sino destructora de bosques, ríos, pueblos indígenas. Se plantea, entonces, la pregunta de qué es mejor: ¿el uso del petróleo y el gas natural o la hidroenergía? Todos los países latinoamericanos tienen un enorme potencial para generar hidroenergía, pero eso requiere proyectos como el de Belo Monte, en Brasil, con grandes inversiones, tiempo y, sobre todo, la decisión política para llevarlos adelante.

-¿Sería posible alcanzar una tecnología sofisticada que reduzca la contaminación que causan los hidrocarburos?
-No. Los hidrocarburos siempre serán dañinos para el medio ambiente y, por tanto, para el clima en el mundo.  El gas natural contamina menos pero no deja de ser un hidrocarburo.

-Argentina, México, Brasil y Paraguay, tienen enormes yacimientos de esquistos.  ¿Pudiera lograrse una gran explotación de gas y petróleo mediante la fracturación hidráulica en esos países?
-Se piensa que hay un enorme potencial, pero no sabemos con exactitud cuál es el volumen de esos yacimientos.  Yo, que soy de California, le puedo decir que hace cierto tiempo se creía que en ese estado había un gran potencial de gas y petróleo en yacimientos de esquistos, pero después que se hicieron mayores estudios y exploraciones se descubrió que eso no se podía explotar por razones geológicas.  Uno nunca sabe hasta que se hacen las exploraciones y, por tanto, hasta ahora no sabemos cuánto gas y crudos puede haber en esos yacimientos de Argentina, México y Brasil.

-¿No es abundante el gas y el petróleo en las formaciones de esquistos del yacimiento de Vaca Muerta, en Argentina?
-Se sospecha.  En esa zona ha habido muchos hidrocarburos convencionales y se ha encontrado gas esquisto, pero no se ha extraído en volúmenes comerciales y no se sabe si ese potencial es real. Esa es la zona en la cual pudiéramos tener más confianza, pero se requieren mayores exploraciones. Sin embargo, el gobierno no ha ofrecido los incentivos suficientes para que eso avance lo suficiente.  Todo el mundo sabe que Argentina tiene mucho gas convencional, pero cuando el precio del btu se mantuvo en 2 dólares pues nadie se interesó en explotarlo y, por eso, ellos tienen que importar gas de Catar. El reto es hacer políticas que encuentren un balance entre las necesidades del pueblo y la rentabilidad necesaria para estimular la producción y, por supuesto, hacer que esas políticas sean creíbles por lo menos a mediano plazo.

-¿Cómo observa usted el panorama energético latinoamericano desde el punto de vista administrativo, de los gobiernos?
-No es un problema distinto a los que afectan a sectores económicos en la región.  El problema básico es que los gobiernos no tienen la transparencia administrativa suficiente para que el pueblo pueda ver lo que se hace con el dinero. En México, Brasil o Venezuela, el dinero entra pero la administración es oscura. Una parte se destina a la compra de favores políticos, otra a proyectos no rentables, etc. En el caso venezolano, en la última década se destruyeron las demás fuentes de riqueza para disponer sólo del petróleo. En México, país que produce tanto petróleo como Venezuela el ingreso petrolero representa un tercio de las divisas, mientras en Venezuela representa 97 por ciento. Argentina tiene agricultura y comercio; Brasil dispone de un sector industrial robusto, de agricultura y comercio.  En Venezuela el sector manufacturero y la agricultura se vinieron abajo y eso es un grave problema.