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miércoles, 5 de septiembre de 2012

Facebook, solución para desocupados


Ricardo Escalante, Texas
Nunca sentí atracción por ese fastidio inventado como maravillosa solución para desocupados que es Facebook, porque ya sabía de la existencia de vidas dedicadas a la difusión de fotos del perrito o al envío de besos a novias compartidas con quienes no tienen nada que ver con su estira y encoje. Y así estuve hasta que me convencieron de que las redes sociales son un instrumento fundamental de la comunicación actual, que ha contribuido al desplome de periódicos y revistas.

Mi hija Carla es responsable de mi debut en Facebook. A veces me decía: “Si escribes un libro, debes promoverlo a través de Facebook y de Twitter. ¿No ves que Hugo Chávez gobierna por temporadas con los 140 caracteres de Twitter? Ese Presidente ha pasado hasta dos meses en La Habana, bostezando en las tardes y rascándose la barriga, mientras Fidel con sus desvaríos se sienta a su lado, lo confunde con Napoleón y le da consejos. Pero eso no importa, porque Chávez se percata de esos claros síntomas de locura senil, ríe y acaricia con el índice izquierdo la pantalla de su fiel iPad, mientras envía mensajitos”...

Otros me decían cosas parecidas y me hablaban del presidente Calderón, de México, y de Cristina Kirchner, de Argentina. Y me decían que el ex presidente colombiano Ernesto Samper -después de ese desgobierno que todas las noches se iba a caer y dejó una insuperable estela de dudas- vive y trabaja a través de las redes sociales. Sus mensajitos, cojonudos por lo candidos, son más o menos así: “Mañana estaré en Cúcuta y dictaré lecciones de gobierno. El jueves pernoctaré en Medellín y ahí, en el hotel, veré un capítulo de Pablo Escobar, El Patrón del mal”…

Pero eso no es todo. Tengo que hablar de Facebook porque ahora estoy entre los “amigos” de Samper y puedo leer cosas como esta: “Tienes que aspirar a suceder a Santos. Te necesitamos ahora más que nunca. Me emociona saber que hablarás de desgobierno: ¡Sigue así que vas bien!”…
Al narrar esto no puedo dejar de confesar que soy un desvergonzado: Apago la luz para confesar que todavía no me he incorporado al Twitter. Y algo peor: Esta mañana le prometí a mi amigo Nicolás (in)Maduro que dejaré atrás mis complejos para incorporarme al Twitter, para seguir eso que llaman Chávezcandanga y que suena a pestilente mezcla marrón. Claro, le hice la promesa a cambio de una gran revelación: “Si, bueno, te diré la cifra real de los muertos en la explosión de Amuay. pero no se lo digas a nadie. ¿Me lo prometes?”. Y, claro, le dije que sí y añadí: “No te preocupes, Vamos a ganar”…

Pero bueno, yo, que soy un diletante, inicialmente dije que mi propósito era hablar exclusivamente sobre Facebook, pero me he ido por otros caminos. Sin embargo, lo importante es que ando descubriendo en Facebook quién se acuesta con la mujer de… No, eso no. No lo digo porque corro el riesgo de que alguien ventile mis pecados por esta vía y muchas honorables señoras que antes se sentían orgullosas de mí, ahora me maldigan y hasta revelen las pocas pulgadas o centímetros… No. Eso nunca: Si antes las hacía felices y con impotencia escuchaba su clamor por repeticiones, ahora no tengo más remedio que exhibir mis múltiples condecoraciones invisibles.

¡Que viva Facebook!, aunque Mark Zuckerberg tenga dolor de cabeza por el desplome del precio de sus acciones.