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jueves, 10 de septiembre de 2015

!Viva Guatemala!

Ricardo Escalante
Cuando llegó a Ciudad de Guatemala, Valerie Julliand, la responsable de la ONU en el pequeño país centroamericano, vio las cosas con desaliento porque en la calle prevalecían la impotencia y el conformismo. Nada presagiaba cambios en aquel pequeño país con historia repleta de dictaduras feroces y corrupción, pero la lucha persistente desembocó en la esperanza que ahora todos celebran.

Lo que existía daba apenas para reconfortarse en los textos de Asturias y Monterroso, guatemaltecos de letras que lucharon contra dictaduras y tuvieron que morder exilios prolongados. El espacio solo era suficiente para cobijarse en el cuento más breve del mundo: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí”, de Monterroso.  Muchos se preguntaban si el dinosaurio o, tal vez mejor, el diablo eran los militares espoliadores de esa hermosa y a la vez pobre nación.

El vociferante general Otto Pérez Molina ya no está ahí o, mejor aún, está enrejado ahí porque el cúmulo de pruebas en su contra es demoledor, porque el pueblo se lanzó a las calles para exigir su renuncia y las instituciones actuaron de manera ejemplar. De manera súbita Guatemala se convirtió entonces en un respetable y envidiable ejemplo, demostración de que el mando no podía seguir en manos de antojadizos y corruptos hasta el fin de los días. Pero, por supuesto, ahora la esperanza se llena de desafíos que reclaman pulcritud, justicia y mucha vigilancia para no volver atrás.

Con su cultura monumental, el viejo Asturias, fallecido hace más de 40 años, dijo y repitió que los dictadores de corte bárbaro aparecían en países propensos a la mitología y, así, con esas mismas palabras se lo dijo a Luis Harss, quien lo consignó en Los nuestros (editorial Sudamericana, 1966), libro reconocido como la biblia del boom de la literatura latinoamericana. El viejo habló entonces de las condiciones en que el mito florecía y citó los casos de México, Guatemala, Ecuador, Bolivia, Perú, Venezuela, Cuba y Haití.

Hoy más que nunca el juicio del centroamericano está vivito y se levanta contra los regímenes despóticos de Nicolás Maduro y su compinche Diosdado Cabello, en Venezuela; de Correa, en Ecuador; de los Castro, en Cuba; del sádico Daniel Ortega, en Nicaragua; y otros más en el Continente, para ponerlos en salmuera porque tienen los días contados. Su sábado les llegará e irán a parar a la cárcel con todos sus huesos.

Ahora Valerie Julliand remarca el papel cumplido por la comisión de la ONU que destapó el escándalo, hecho que ha venido a demostrar que las organizaciones internacionales dejaron de estar pintadas en la pared, y que el concepto de soberanía es argucia de dictadores para esconder sus trapos sucios.