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martes, 3 de febrero de 2015

Algo va a pasar…

Ricardo Escalante
Por primera vez en la historia nacional, los venezolanos están a las puertas de una hambruna devastadora. La escasez de alimentos y medicinas causada por la ineficiencia y la corrupción de los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro se profundiza de manera alarmante, mientras las reacciones de los voceros oficiales no pasan de la estupidez.

Los magros ingresos petroleros apenas alcanzan para terminar de llenar los bolsillos de quienes lo esquilmaron todo. Venezuela dejó de ser segura para prestamistas e inversionistas porque está a un paso de la cesación de pagos. Sólo fondos buitre podrían ofrecerle préstamos insuficientes a precios de usura y, contrariamente a lo pregonado por el gobierno bicéfalo, ahora ni siquiera hay para cubrir la nómina.  Ahora bien, lo más grave vendrá dentro de algunas semanas, cuando el Ejecutivo deba amortizar la pesada deuda externa y cubrir los intereses causados.

En esas circunstancias la única ocurrencia del dueto Maduro-Cabello ha sido el aumento de la represión, aunque no ignoran que su caída es apenas cuestión de días o semanas porque entre los militares y paramilitares comenzó la desbandada. Es una tragedia de implicaciones y repercusiones múltiples porque no existe un liderazgo opositor sólido, y ahí está el peligro: De las masas al garete sólo se puede esperar lo peor.

La gente intuye algo impreciso y desastroso a la vez. Dentro de pocas semanas desaparecerán las colas en los mercados y supermercados porque no quedará nada y, por supuesto, ni siquiera se podrá poner en venta el costoso aparato armado adquirido por Chávez porque es obsoleto y está convertido en herrumbre. No ha tenido mantenimiento. Ahh, y como los militares no tienen razones para ocultar su malestar porque son beligerantes en política, por ahí confiesan que han dejado de sentirse cómodos en los cuarteles. Ahora solo nos falta verlos en protestas callejeras con sus fusiles oxidados al hombro.

¿Qué pasará entonces? Nadie lo sabe y ese es el peligro: No se puede descartar la aterradora posibilidad de otro iluminado con discurso embriagador, porque ni el gobierno bicéfalo ni la oposición raquítica le dicen nada a la población. Esto saltó a la vista en las escuálidas manifestaciones promovidas por ambas partes con motivo del 23 de enero. En la MUD se habla de unidad, pero esa es una incompleta porque hay quienes juegan a acuerdos con Maduro y Cabello.  Todo el mundo sabe quién tiene ahora 3 magistrados en el TSJ y cómo anda Primero Justicia.
Maduro, Cabello y la MUD fanfarronean con elecciones como si en las calles no ocurriera nada.  ¿De dónde saldrá dinero para las elecciones? El gobierno sabe que ni siquiera obtendría el 15 por ciento de los votos y, por supuesto, en esas condiciones tendría que desconocer los resultados. Las elecciones legislativas no son entonces la panacea. Como en una novela de García Marquez, las amas de casa, los choferes y los estudiantes, pregonan de manera casi premonitoria y a una sola voz: “¡algo va a pasar”…  

El decreto que autoriza a disparar a las masas no pasa de ser risible porque los tiempos de genocidios al estilo Pol Pot son impensables y solo servirían para que Maduro, Dioscado Cabello, Elías Jaua y otros conspicuos “líderes” de la revolución, terminaran como Ceceascu y su mujer o como Muamar el Gadafi.

La situación venezolana no es fácil porque el dueto nefasto se niega a renunciar. Esa sería, por supuesto, la mejor solución porque el sólo arribo de gobierno distinto traería un efecto sicológico positivo y los primeros síntomas de la recuperación se verían pronto, pero para eso se necesita también un líder con cojones. ¡Ojalá surja y ojalá prive la sensatez! ¡Ojalá Maduro y Cabello abandonen la tozudez y admitan que sus culpas solo se lavarán en prisión!   Ahh, claro, y no podemos ignorar que por ahí llegarán las solicitudes de extradición para el jefe del cartel de los Soles y sus socios.
@opinionricardo